Intercambio de datos personales por churros, nuda propiedad y obsequios en ferias destinadas a personas mayores: análisis del debate actual

Al igual que Madrid, París acogerá en los próximos días su ‘Salon des Seniors’; Suecia celebrará en Gotemburgo el ‘Festival Senior’ para mayores de 60 y Viena será sede de la ‘Feria Lebenslust’

Foto: La V Feria Senior celebrada en el Movistar Arena. (A. M.) EC EXCLUSIVO

Hace casi dos meses recibí una nota de prensa que captó mi atención. La verdad es que nunca había oído hablar del evento que destacaba en el correo: “La V Feria Senior atraerá a más de 10.000 asistentes en el Movistar Arena con una previsión de 50 expositores y una gran chocolatada popular”.

“Me pareció interesante y pensé en proponer a mis abuelos si les apetecía asistir para acompañarlos y conocerlo”, recordé. Así que, inauguración mediante, estábamos allí el primer día (se celebró viernes 20 y sábado 21 de febrero), con apenas diez minutos de retraso respecto al inicio. La entrada era gratuita en la sala Truss, accesible por la puerta 64 del antiguo Palacio de los Deportes.

Al ingresar, el lema era contundente: estábamos en “el lugar de encuentro de la generación de hierro”. También se podían leer mensajes como: “¿sabes que puedes vender tu casa y seguir viviendo en ella? Nuda propiedad. Consúltanos sin compromiso y sin aviso previo”. El evento, dirigido por Eduardo Molet, propietario de una inmobiliaria que lleva su nombre, volvía a ofrecer esa gran merienda con churros y chocolate. “Una pena que sea solo mañana”, comentó mi abuela.

Apenas habíamos estado dos minutos cuando se acercó la primera promotora. Se dirigió a mis abuelos y les preguntó por la teleasistencia; ellos comentaron que contaban con la de la Comunidad de Madrid. “¿Saben que ese no les cubre durante las vacaciones?”, contestó la representante.

Algunos expositores tenían juegos, como una ruleta interactiva que garantizaba premio, aunque a cambio solicitaban datos personales: nombre, apellidos, teléfono y correo electrónico. Entre los stands estaban inmobiliarias, seguros médicos y de vida, una tienda de artículos para espías, empresas de audífonos y servicios de cuidado domiciliario, entre otros.

Luego nos acercamos para que les realizaran una prueba auditiva. Al sentarse, les colocaron unos cascos de gran tamaño y debían pulsar un botón en una tablet cada vez que escucharan un pitido. Tras finalizar, el diagnóstico fue: “Los resultados señalan una pérdida auditiva; solicitaremos sus datos para que hagan un estudio completo en uno de nuestros centros”. Una vez entregados, llegó la ruleta y a mi abuelo le obsequiaron varios bolígrafos, mientras que a mi abuela le dieron una nevera de tela.

De pronto, una integrante de la organización anunció: “Vamos a grabar un programa de radio en directo con Miguel Ríos, Juan Luis Galiacho y María José Cantudo. Será en la sala del fondo”. Mis abuelos me miraron emocionados y decidimos asistir. Fuimos prácticamente los primeros en entrar y observamos cómo preparaban una mesa con comida para después de la grabación.

Uno de los expositores de la feria. (A. M.)

Unos 20 minutos después del horario previsto comenzó el programa, y aunque al inicio el audio no se escuchaba con claridad, trajeron micrófonos que mejoraron la calidad: “La generación de hierro que nació durante la guerra y posguerra está llegando a su final. Ellos nos legaron la España actual y los jóvenes de hoy ni siquiera conocen lo que es la generosidad».

No esperamos a que terminara porque quisimos dar una última vuelta por los stands. En el espacio de La Tienda del Espía nos explicaron: “Hemos creado un teta antiestrés porque con la edad se pierde algo de sensibilidad”. Mis abuelos se reían y reconocían que se lo estaban pasando «muy bien». Aún ignoraban que les esperaba una sorpresa final. Al dirigirnos a la salida, de repente apareció Miguel Ríos y María José Cantudo con sus representantes y subieron con nosotros en el ascensor. “¿A Granada?”, preguntó mi abuelo al cantante. “No, tenemos un bolo en La Coruña esta noche y viajamos en furgoneta”, respondió Ríos.

Datos personales y privacidad

A pesar de que mis familiares disfrutaron, también se sorprendieron por la cantidad de datos que les solicitaron para participar en un juego, por lo que decidí ponerme en contacto con la Plataforma de Mayores y Pensionistas (PMP). Desde esta institución subrayan que no “valoran de forma específica ferias o eventos concretos organizados por empresas privadas”, pero destacan el “incremento de la importancia” de los mayores en la sociedad y economía.

Diversos espacios y actividades orientados a este grupo pueden ayudar a visibilizar su papel, facilitar información provechosa y promover un envejecimiento activo, siempre desde el respeto, la dignidad y sin discriminar por edad”, apunta Jesús Norberto Fernández, presidente de la PMP.

Además, recalca que las personas mayores, como cualquier consumidor, “tienen derecho a que sus datos se gestionen con todas las garantías que dicta la normativa de protección de datos”: “La PMP colabora con la Agencia Española de Protección de Datos para fortalecer la privacidad de este colectivo, considerado especialmente vulnerable en el ámbito digital y en el manejo de sus datos personales”.

“Sin centrarnos en prácticas específicas de un evento, creemos que, en general, la recogida de datos a cambio de premios o incentivos debe hacerse con total transparencia: explicando claramente para qué se usarán esos datos, por cuánto tiempo, si se compartirán con terceros y los derechos que asisten a los participantes (acceso, rectificación, supresión, oposición, etc). El consentimiento debe ser libre, informado y no condicionado por ventajas que puedan generar confusión o presión, especialmente en colectivos vulnerables”, sostiene Fernández.

El Confidencial contactó con el organizador, quien asegura que el evento «es simplemente un punto de encuentro entre profesionales y empresas que ofrecen servicios y productos para personas sénior y para los propios sénior». “No estoy de acuerdo con captar datos personales de los asistentes y nunca lo he hecho en ninguna feria que he organizado”, declara Eduardo Molet. Asimismo, insiste en que el propósito es «informar, conectar y dar a conocer soluciones útiles» para este grupo, además de ofrecer «un rato agradable sin más pretensiones» a los visitantes.

¿Qué opinan las expertas en geriatría?

No es la única feria orientada a un público senior que se celebra en España; en otros países también son habituales. Por ejemplo, próximamente París acogerá su Salon des Seniors; Suecia organizará en Gotemburgo el Festival Senior para mayores de 60 años, y Viena albergará la Feria Lebenslust, un evento enfocado exclusivamente en este sector.

“Una feria dedicada a la salud y al envejecimiento puede ser muy beneficiosa si está diseñada realmente para las personas mayores y no solo para las empresas relacionadas con ellas”, explican Alejandra Chulián Horrillo, vocal del Área Social de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y Mª Luisa Delgado Losada, vicepresidenta del Área Gerontológica de esa sociedad.

Añaden que puede ser un espacio de encuentro, con información valiosa y conexión social entre los asistentes. “Desde una perspectiva biopsicosocial, esto es importante porque implica sentirse parte de un colectivo, acceder a recursos y conocer opciones para mantenerse activo y autónomo en la toma de decisiones”, aclaran.

Sin embargo, señalan que el envejecimiento activo “no consiste en ofrecer numerosos servicios, sino en proporcionar información clara, respetuosa y sin presiones, para que cada persona pueda decidir según su situación”. “No existe un único tipo de persona mayor; hay trayectorias vitales diversas, distintos niveles de autonomía y realidades económicas y cognitivas muy heterogéneas. Si la feria respeta esta diversidad, aporta valor. Si simplifica o estereotipa, pierde”, explican.

Sobre la práctica de ofrecer un premio instantáneo a cambio de datos personales, detallan que muchas veces esa decisión “no se toma de forma reflexiva”: “En un ambiente festivo, con estímulos constantes, es más difícil detenerse a leer la letra pequeña o entender el alcance real del consentimiento, más aún si unas personas animan a otras, dificultando la reflexión sobre el alcance de la cesión de datos”.

Las expertas de la SEGG también remarcan que dentro de este colectivo hay personas con mayor fragilidad, menor alfabetización digital o dificultades relacionadas con la memoria o la atención. “Estas pueden ser más susceptibles a posibles abusos empresariales, y les resulta más complicado anticipar cómo se manejarán o qué sucederá después con sus datos. No es cuestionar su capacidad de decisión, sino reconocer que el consentimiento debe ser genuinamente libre, informado y comprensible”, indican.

Algo tan sencillo como apuntarse a un sorteo puede convertirse luego en llamadas insistentes o presiones comerciales

Otro aspecto que mencionan es cómo la brecha digital y la falta de alfabetización afectan la privacidad: “Algo tan simple como apuntarse a un sorteo puede derivar luego en llamadas continuas, mensajes reiterados o presiones comerciales, lo cual no es un asunto menor. En personas frágiles, con temor a equivocarse o inseguridad tecnológica, estas situaciones pueden generar ansiedad, sensación de engaño o incluso culpa”.

Las especialistas afirman que la pérdida de control impacta directamente en el bienestar psicológico. “Cuando alguien siente que ha perdido el control de sus datos o teléfono, puede empezar a desconfiar de todo, lo cual afecta su salud y bienestar. La brecha digital no solo es desconocer cómo usar una aplicación, sino no comprender cómo funcionan las redes de Internet”, concluyen.

Nuda propiedad

La nuda propiedad es uno de los principales mensajes repetidos en la V Feria Senior. Consiste en el derecho de una persona a ser propietaria de un inmueble, pero sin el derecho a usarlo ni disfrutarlo, ya que este pertenece al usufructuario. “Es una herramienta legal válida, pero una decisión patrimonial de gran importancia. Desde la perspectiva de profesionales que atienden a personas mayores también es un asunto ético; nos preocupa el contexto de su presentación. La vivienda no es solo un activo económico: es seguridad, identidad, historia de vida y hogar”, justifican Chulián Horrillo y Delgado Losada.

Insisten en que es imprescindible contar con apoyo para valorar esta decisión: “Cuando este tipo de operaciones se proponen como solución fácil para complementar ingresos se corre el riesgo de que no se entiendan todas las implicaciones legales, familiares, emocionales y a largo plazo. Estas decisiones requieren asesoramiento independiente, tiempo para reflexionar y evaluación clara de la capacidad de comprensión. No deben tomarse bajo presión comercial o estímulos rápidos. Deben discutirse con familiares, especialmente hijos si los hay, para que todos entiendan el alcance de la decisión, que en casos donde la pensión no llega para vivir con dignidad puede ser una alternativa adecuada”.

Por su parte, desde la PMP defienden que cualquier actividad dirigida a personas mayores “debe situar en el centro de atención sus derechos como consumidoras y ciudadanas”. “Esto implica garantizar información rigurosa, clara y suficiente, evitar prácticas comerciales agresivas o mensajes edadistas, y asegurar que no se aprovechen posibles situaciones de vulnerabilidad. Sobre todo en decisiones económicas o patrimoniales importantes, consideramos esencial que las personas mayores dispongan de información transparente, tiempo suficiente para evaluar opciones y, si procede, asesoramiento independiente para tomar decisiones libres y plenamente informadas”.

“Estos eventos solo pueden considerarse verdaderamente valiosos si contribuyen al bienestar, autonomía y participación plena de las personas mayores, y siempre respetando sus derechos, incluida la protección de sus datos personales”, concluye el presidente de la PMP.

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