Cuando el precio del crudo sube por una crisis como el actual conflicto en Irán, los surtidores reflejan el incremento de inmediato, pero las reducciones se producen de forma más lenta
Examinamos la relevancia geoestratégica del Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial. Se analiza cómo las tensiones entre Irán y Estados Unidos ponen en riesgo el mercado petrolero global.
La escalada bélica en Irán provocó un alza casi instantánea en los precios del petróleo en los mercados financieros. Frente a la incertidumbre sobre la continuidad del suministro tras los ataques de Estados Unidos e Israel, miles de españoles acudieron a las estaciones de servicio para repostar antes de que el impacto de los movimientos geopolíticos se trasladase desde las bolsas internacionales al bolsillo de los consumidores. Sin embargo, muchos constataron que el costo para llenar el depósito ya se había incrementado: el mismo día en que Teherán comunicó el bloqueo del paso por el estrecho de Ormuz, el litro de gasolina subió cuatro céntimos, según datos de Facua.
Cuando el barril de petróleo se encarece, los precios de la gasolina y el diésel en las estaciones se ajustan casi de inmediato, mientras que si el crudo baja, la reducción en los precios llega más pausadamente. Este fenómeno, denominado en economía como modelo de “cohetes y plumas” (o rockets and feathers en inglés), evidencia la asimetría en la transmisión de los costes al consumidor final, sobre todo en periodos de volatilidad en los mercados internacionales, como la crisis actual en Oriente Medio.

Durante la semana transcurrida desde el inicio del conflicto militar el pasado sábado, el precio de los carburantes no ha dejado de subir. Según Facua, el gasóleo ha aumentado 32 céntimos por litro desde el lunes, ubicándose un 22% más alto que los precios al comienzo de la semana. Por otra parte, el jueves, el Boletín Petrolero de la Unión Europea informó del mayor incremento en la gasolina desde verano, con una subida del 1% hasta 1,486 euros por litro. Tales cifras muestran el rápido traslado de la incertidumbre geopolítica a los precios, aunque no se observa este mismo dinamismo en la dirección opuesta.
Las estaciones anticipan el alza del crudo
El motivo que explica esta disparidad es sencillo y fue recordado recientemente por el economista Juan Luis Jiménez en redes sociales. Cuando el petróleo sube, las estaciones de servicio modifican los precios de inmediato, incluso si el combustible que venden fue adquirido meses antes a un precio inferior. Esto se debe a que las empresas saben que los consumidores seguirán comprando gasolina pese al encarecimiento. Al adelantarse a la subida, aseguran ingresos mayores ante previsiones de aumento en los costes para petroleras, refinerías y compañías de transporte, que incrementan el precio al que las estaciones adquieren el combustible para su venta posterior.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, calificó de «hipócritas» a los líderes del PP y Vox, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, por mostrarse belicosos respecto a la guerra en Irán, pero a costa del bolsillo de los ciudadanos, considerando el impacto negativo que ya ejerce en la economía doméstica el conflicto iniciado en Oriente Medio por Estados Unidos e Israel. (Fuente: PSOE)
Por el contrario, cuando el precio del petróleo cae, las petroleras no sienten la misma urgencia para reducir los precios, dado que la competencia es limitada y los consumidores no cuentan con alternativas fáciles. Varios factores explican esta lentitud: primero, porque las estaciones ya adquirieron combustible caro que debe venderse primero; reducir los precios de inmediato significaría asumir pérdidas; segundo, conservar un precio más alto protege los márgenes en un mercado que no siempre es plenamente competitivo; tercero, la logística y los acuerdos de suministro impiden que las modificaciones se reflejen en cada surtidor de forma instantánea.
La escasa competencia intensifica la asimetría
El mercado español de hidrocarburos presenta características que potencian este efecto, donde las estaciones pueden permitirse mantener precios elevados por falta de competencia. La demanda es poco elástica al precio, los sustitutos efectivos como vehículos eléctricos o de hidrógeno todavía son limitados, y las grandes petroleras conservan cuotas estables con barreras de entrada altas para nuevos participantes. Todo ello permite que las compañías incrementen precios rápidamente, pero no obliga a hacer lo propio cuando los costes disminuyen.
Los estudios en España ratifican esta dinámica. Las estaciones vinculadas con grandes petroleras usualmente mantienen precios elevados, mientras que las independientes o asociadas a hipermercados logran ejercer presión para reducir los precios. Además, la existencia de competidores próximos en áreas urbanas disminuye la asimetría, demostrando que la competencia real puede acelerar la reducción de precios.

