España desplegó 24 aviones de combate contra Irán mientras Sánchez defendía su postura de ‘No a la guerra’

Entre el 27 de febrero y el 5 de marzo se registraron 35 movimientos relacionados con el conflicto bélico en las dos bases navales, tanto como punto de origen como de escala para aparatos que operan en Oriente Próximo.

Entrada a la base Naval de Rota (Cádiz).

«Podríamos utilizar su base si quisiéramos. Simplemente podríamos volar allí y emplearla. Nadie nos lo impediría». Estas palabras que Donald Trump expuso junto a un sereno Friedrich Merz el miércoles pasado en la Casa Blanca parecían una provocación más del presidente estadounidense, pero contenían algo de verdad. Aunque el Gobierno ha mantenido desde el inicio que Estados Unidos no emplea las bases de Rota y Morón para ataques contra Irán, la realidad es que ambos enclaves son esenciales y estratégicos en la ofensiva. Los necesitan como puerta de entrada al Mediterráneo, y los usan. Esto también ocurre en esta guerra contra Irán que comenzó el sábado 28 de febrero por la mañana.

Según datos recopilados por EL MUNDO, entre el 27 de febrero —24 horas antes del ataque— y el 5 de marzo a las siete de la tarde, se observaron al menos 40 movimientos aéreos en y desde Morón y Rota. A estos deben descontarse cinco aterrizajes y despegues de un Beech que utilizó ambas bases andaluzas y la de Torrejón para trayectos a/desde Marruecos. Destacan, especialmente, 24 despegues de aviones de guerra —algunos aparatos en múltiples misiones— para operar en los ataques contra Irán, con escalas previas en Alemania e Italia.

Durante los 7 días estudiados, se repitieron vuelos de transporte estratégico —C-17 Globemaster, C-130 Hércules y C-5 Super Galaxy— junto a varios aviones cisterna KC-135 Stratotanker, fundamentales para repostajes en vuelo y que desempeñaron un papel clave en 2003 durante la ofensiva contra Irak. La actividad muestra picos claros en tres días —27 de febrero, 1 y 5 de marzo— con hasta ocho movimientos diarios, indicando la creación de un puente logístico relativamente intenso. ¿El motivo? La estrategia de Estados Unidos para emplear las bases españolas sin usarlas directamente.

Esto se debe a que todos los vuelos rastreados parten de Morón o Rota con destino a bases estadounidenses en Italia —principalmente Aviano y Sigonella—, además de a las situadas en Alemania y, finalmente, algunos vuelos hacia la base portuguesa en Azores. Portugal, Italia y Alemania, junto con Reino Unido, son los países europeos que han aprobado a Donald Trump el uso de sus bases para la ofensiva contra los ayatolás.

Si bien el 27 de febrero las operaciones fueron notables, al día siguiente sobresalió la salida de 8 Stratotankers rumbo a Alemania. La actividad de estos aviones cisterna es habitual en las operaciones estadounidenses en Oriente Próximo. Durante la campaña iraquí, permitían mantener rutas aéreas de largo alcance para cazas y aviones de transporte que cruzaban el Atlántico o se dirigían al objetivo. El 1 de marzo, 8 Globemaster despegaron hacia Alemania. Ese mismo día circularon las primeras noticias sobre la negativa española al uso de sus bases en acciones ofensivas. Por ello, Donald Trump agradeció públicamente a Merz, en su reunión en la Casa Blanca, su apoyo, mientras criticaba a España y Reino Unido.

Los halagos de Trump encendieron simultáneamente una alerta en Berlín. Tales declaraciones fueron interpretadas como la confirmación de lo que expertos en aviación militar y seguridad detectaban desde semanas atrás: una actividad atípica en las bases estadounidenses localizadas en Renania-Palatinado, particularmente en Ramstein.

Dicha base alberga la mayor instalación de la Fuerza Aérea estadounidense fuera de su territorio y es la sede del mando aéreo europeo. Junto con la base de Spangdahlem, también en Renania-Palatinado, forman uno de los principales nodos logísticos del sistema militar global estadounidense.

Entre los movimientos observados en Ramstein, destacó especialmente uno. El 25 de enero aterrizó un EA-37B Compass Call, el sistema más avanzado de la Fuerza Aérea estadounidense para guerra electrónica. Basado en un Gulfstream G550 y destinado a reemplazar al EC-130H, este avión está diseñado para interferir sistemas radar, comunicación y navegación enemigos. Su presencia fue significativa: cualquier ataque contra instalaciones nucleares iraníes —como las de Fordow, Natanz o Isfahán— requeriría neutralizar previamente las defensas aéreas del país. La llegada del EA-37B se interpretó como una señal de preparación operativa para una posible campaña en Oriente Próximo.

Aunque el lunes la mayoría de vuelos que salieron de las bases españolas partieron hacia Alemania, la ruta preferida esta semana para intervenir en el ataque a Irán fue la que conecta Rota con Sigonella, ya que los aviones despegan hacia el Este, realizan una breve escala y proseguir hacia Oriente Próximo para sus ataques sobre Irán. «De este modo, cumplen un doble propósito: intentar llegar antes a la zona y evitar tener que informar a España, pues en la práctica solo comunican un plan de vuelo interno entre bases europeas, no su participación en una ofensiva unilateral», señaló una fuente del Ejército del Aire a este diario. No violan el acuerdo con España, que prohíbe el uso de las bases en acciones unilaterales, aunque Estados Unidos sigue utilizando las bases como plataforma de lanzamiento, ya que la única condición para sus despegues y aterrizajes es respetar la legislación aérea. En Cádiz están desplegados unos 3.000 soldados estadounidenses.

A los 40 movimientos aéreos y al menos 24 despegues con escala rumbo a Irán, se suman dos destructores con base en Rota, que estuvieron posicionados cerca de Irán antes del ataque. Estos regresarán a Cádiz, donde permanecen como parte del escudo de la OTAN.

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