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- Título del autor, BBC News Mundo
- 5 marzo 2026
- Tiempo de lectura: 10 min
En enero, sobre el cielo nocturno de Caracas, se formaba la silueta iluminada de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. La luz de cientos de drones, en un espectáculo aéreo organizado por el gobierno venezolano, mostraba la imagen de ambos flotando frente a las nubes antes de transformarse en un lema recurrente: «El pueblo los reclama».
Después de un ataque exprés de Estados Unidos en territorio venezolano para capturar al presidente y su esposa el 3 de enero, el país vive en una situación incierta.
Aunque Delcy Rodríguez —quien era vicepresidenta y ahora ejerce como presidenta encargada— solicita el retorno de Maduro y Flores, no hay señales de que esto vaya a suceder. La ex pareja presidencial permanece detenida en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nueva York, esperando juicio por diversos cargos, incluido narcotráfico, delitos que niegan.

Fuente de la imagen, Gobierno de Venezuela
Rodríguez, quien fue cercana a Maduro y parte de su círculo de confianza, ahora debe conservar un delicado balance: dirigirse a la base chavista y sostener su apoyo a la pareja con una narrativa antiimperialista, al mismo tiempo que implementa cambios internos bajo presión del presidente estadounidense Donald Trump, quien amenaza con un destino similar para ella si no cumple.
“Trump ha dejado entrever que Venezuela es actualmente un protectorado de Estados Unidos, por lo que ella responde a la voluntad del mandatario estadounidense”, comenta Christopher Sabatini, investigador principal en América Latina del centro Chatham House.
“Además, ha sido objeto de investigaciones por parte de la DEA; aunque no existe una condena ni recompensa ni cargos formales, esa amenaza ha estado presente. El mensaje es: ‘Tenemos pruebas contra ti’”.
La DEA no respondió a las consultas realizadas por la BBC.
Por ello, Rodríguez enfrenta una situación diplomática compleja.
“El presidente Maduro ya había advertido sobre un ataque de este tipo debido a la desesperada voracidad energética de Estados Unidos”, declaró Rodríguez en su primera reacción tras la operación estadounidense.
Poco tiempo después, Trump informó que Caracas había acordado ceder hasta 50 millones de barriles de petróleo, cuyo manejo quedaría bajo su administración.

Fuente de la imagen, Reuters
En su primer discurso ante la Asamblea Nacional el 16 de enero, Rodríguez denunció la “expansión imperialista de Estados Unidos” y ese mismo día sostuvo un encuentro con el director de la CIA, John Ratcliffe, en Caracas.
Recientemente, tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán —aliado tradicional del chavismo— se produjo un movimiento que refleja claramente la contradicción en la que se encuentra Rodríguez.
En un primer comunicado, el gobierno rechazó que se “opte por la vía militar mediante ataques contra Irán” y advirtió que esta situación podía desencadenar una “escalada de acontecimientos, incluidos represalias militares reprochables contra objetivos ubicados en diferentes países de la región por parte de Irán”. No se emitió condena directa hacia Estados Unidos o Israel.
Horas más tarde, dicho comunicado fue retirado.
Simultáneamente, Rodríguez explicó que conversó con el emir de Catar para expresar su solidaridad y condolencias por la pérdida de civiles en la región, sin mencionar a Estados Unidos ni a Irán.
BBC Mundo solicitó comentarios al gobierno de Rodríguez, pero no obtuvo respuesta hasta la publicación de este artículo.
“La legitimidad de Rodríguez proviene de la fuerza militar de EE.UU. y durará mientras Trump lo desee. No puede enfrentarse a él”, comenta a BBC Carmen Beatriz Fernández, analista política venezolana y directora ejecutiva de DataStrategia, consultora política.
Surge, entonces, la pregunta sobre cuánto tiempo podrá Rodríguez sostener esta estrategia dual que busca complacer tanto a la izquierda chavista como al gobierno estadounidense. En caso de elegir, ¿sería una decisión compleja o queda claro cuál es el bando dominante?
Para Rodríguez, colaborar con ese poder conlleva conservar su propio mando.
«Yankees go home»
Caracas, una ciudad con cerca de tres millones de habitantes, está cubierta de grandes vallas instaladas por el Gobierno que claman por el retorno de Maduro y denuncian la intervención estadounidense.
“(Rodríguez) está manejando la comunicación lo mejor que puede y estableciendo directrices para que el país progrese a pesar del secuestro”, afirmó a BBC Mundo Leonardo Arca, funcionario de 39 años, durante una pequeña marcha pro gobierno en Caracas el mes pasado. Estas grandes manifestaciones públicas en apoyo al regreso de Maduro suelen estar organizadas por el gobierno, y es habitual que se controle la presencia de funcionarios públicos.
Arca sostiene una pancarta que dice “Liberen a Cilia”. Otros participantes llevan carteles en inglés con mensajes como “Yankee go home” (“Yanquis, váyanse a su país”) o “Bring them back” (“Tráiganlos de vuelta”), en referencia a Maduro y Flores.

Desde la detención de Maduro y Flores, los cambios se han acelerado de manera notable.
Sin embargo, hay algo que el chavismo, que sostuvo figuras como Hugo Chávez y Maduro, sabe hacer eficazmente: mostrarse unido frente a la adversidad y adaptarse rápidamente para preservar al presidente, sea quien sea, en el poder.
En 2013, tras el fallecimiento de Hugo Chávez, la propaganda rápidamente lanzó el lema “Chávez te lo juro, mi voto es pa’ Maduro”, mientras que ahora la consigna es “Delcy, avanza, tú tienes mi confianza”.
Al asumir la presidencia “temporalmente”, Rodríguez —con una extensa trayectoria dentro del chavismo, especialmente bajo la tutela de Maduro— designó principalmente tecnócratas en lugar de ideólogos, reflejando la necesidad de pragmatismo ante la nueva etapa que enfrenta Venezuela.
Además de aprobar una ley que facilita la operación formal de compañías petroleras estadounidenses en el país, se sancionó la Ley de Amnistía, que ha permitido la liberación de numerosos políticos y activistas de derechos humanos que estuvieron encarcelados por meses o años.
La oposición sostiene que esto ocurrió bajo la presión de Estados Unidos y señala que varios prisioneros aún siguen detenidos. También diversas organizaciones de derechos humanos critican la ley, considerándola insuficiente.
Trump ha descrito a Rodríguez como “una persona estupenda” y “alguien con quien hemos trabajado muy bien”. A su vez, Rodríguez ha confirmado que ha habido llamadas telefónicas entre ambos, describiendo el intercambio como “cortés” y “en un marco de respeto mutuo”.
Trump también ha reconocido la complicada posición diplomática de Rodríguez. Al ser consultado sobre sus declaraciones de que Maduro sigue siendo presidente legítimo, desestimó la preocupación diciendo: “Creo que probablemente ella tiene que decir eso”.
Presión creciente
Rodríguez ha evitado comentarios agresivos hacia Trump, aunque utiliza un lenguaje arraigado en la izquierda latinoamericana opuesta al expansionismo estadounidense, refiriéndose a Estados Unidos como una “potencia nuclear letal”, “invasor” e “imperialista”.
Desde Caracas, Phil Gunson, analista senior del International Crisis Group, explica a BBC Mundo que “en Washington deben entender que ella debe mantener esta retórica. Es una forma de preservar la cohesión dentro del proyecto chavista, aunque en el fondo no sea genuina”.
Todos los especialistas consultados coinciden en que la presión y las amenazas de Estados Unidos sobre Venezuela y Rodríguez son palpables.
“Podemos suponer que la presión norteamericana podría intensificarse”, afirma Ana Milagros Parra, politóloga venezolana, señalando que las medidas de Estados Unidos podrían incluir una mayor intervención en territorio venezolano, nuevas sanciones económicas y bloqueos petroleros más estrictos.
Mientras Rodríguez debe satisfacer a las bases chavistas, ese núcleo de apoyo representa hoy entre el 15% y el 20% de la sociedad, existiendo numerosos venezolanos que nunca respaldaron a Maduro.
Durante los 13 años en el poder, la popularidad de Maduro se desplomó. Su triunfo en las elecciones presidenciales de 2024 fue cuestionado tras denuncias internacionales generalizadas de fraude. Los conteos de la oposición, recolectados por sus observadores electorales y revisados independientemente, indicaron que su candidato, Edmundo González Urrutia, obtuvo el 67% de los votos contra el 30% de Maduro.
No obstante, Maduro asumió el cargo luego de que el Consejo Nacional Electoral declarara su victoria con un 53%, aunque nunca presentaron las actas oficiales de los resultados.
Más de 7,9 millones de venezolanos han emigrado desde 2014, de los cuales 6,5 millones han sido reconocidos como refugiados por ACNUR, reflejando la magnitud de la crisis civil y económica del país.
“No fue una administración popular”, comenta Sabatini. “La mayor parte de los venezolanos se sienten esperanzados tras su destitución”.
Existe un factor que podría favorecer a Rodríguez: la promesa de un alivio para la economía venezolana, que enfrenta una crisis prolongada. La inflación del país es la más alta del mundo y para 2024, el 86 % de la población vivía en pobreza, según el Observatorio Financiero Venezolano.
Adquirir productos básicos en Venezuela es extremadamente costoso. A mediados de 2025, la canasta alimentaria familiar, integrada por 60 productos de uso cotidiano, tenía un costo aproximado de US$526,83, según el estudio de CENDAS-FVM.
Los venezolanos, afectados por años de hiperinflación, esperan que la inversión estadounidense alivie la crisis; sin embargo, dado que Estados Unidos ha centrado sus esfuerzos en la industria petrolera, aún es incierto cuánto ni con qué rapidez esa ayuda llegará al trabajador promedio.
Los colectivos
Rodríguez también enfrenta una situación delicada con respecto a las fuerzas armadas, leales a Maduro.
Diosdado Cabello, ministro del Interior, detenta gran influencia y es un actor que Rodríguez debe administrar con cautela.
“Está al mando no solo de un ejército y una guardia nacional marcadamente corruptos, sino también de un conjunto heterogéneo de paramilitares denominados colectivos… Son las fuerzas que han sido enviadas como tropa de choque para intimidar manifestaciones”, explica Christopher Sabatini. “Este es su ejército privado, por decirlo de alguna manera. Estados Unidos ofrece 25 millones de dólares de recompensa por su captura”.
BBC Mundo intentó obtener declaraciones de Cabello, sin recibir respuesta hasta la publicación de este texto.

Fuente de la imagen, Getty Images
Aunque esta recompensa indica que Estados Unidos lo tiene bajo vigilancia, Cabello y Rodríguez se muestran juntos en actos públicos, evidenciando un vínculo que puede resultar incómodo.
“Existe la hipótesis de que están jugando a roles de policía bueno y policía malo”, agrega Sabatini. “Ella es consciente de que le necesita para asegurar el respaldo de las fuerzas de seguridad. Mientras estas no obstaculicen el impulso de la presidenta para atraer inversores y el respaldo del gobierno Trump, Cabello cumple con los objetivos de Rodríguez”.
A pesar de este frágil equilibrio y del dominio de Estados Unidos, algunos sostienen que Rodríguez tiene frente a Trump más influencia de lo que parece.

Fuente de la imagen, Reuters
Sabatini señala que Trump está ansioso por presentar la salida de Maduro como un triunfo absoluto.
“Trump desea que Venezuela continúe en el camino que lleva ahora mismo; no quiere nada que contravenga la narrativa de que todo avanza sin problemas. No desea, por ejemplo, que el petróleo ocasione conflictos o problemas”.
“Así que (Rodríguez) tiene algo de influencia sobre Trump, lo que muchos parecen pasar por alto. No es simplemente una socia secundaria”, afirma Sabatini.
“La alianza es más igualitaria de lo que Trump preferiría”.
Una nación dividida
Las discrepancias dentro del propio gobierno estadounidense también podrían haber fortalecido la posición de Rodríguez. Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU., tiene una postura anticomunista clara y se estima que busca derrocar al gobierno venezolano actual.
“Rubio dialoga frecuentemente con la oposición, que muestra descontento. Circulan rumores de insatisfacción”, indica Sabatini. “Rubio y otros podrían presionar para convocar elecciones anticipadas, pero la fecha dependerá de ella (Rodríguez)”.
Mientras mejor evolucione la situación en Venezuela, más probable será que convoque comicios. “Quiere esperar a la recuperación económica para presentarse y ganar”, añade Sabatini.
De hecho, este pragmatismo está en la esencia política de Rodríguez. “El chavismo es pragmático. Su prioridad es sobrevivir y preservar el poder y la riqueza”, explica Phil Gunson.
Como afirma Ana Milagros Parra: “Se doblan sin romperse”.
Y esto sugiere que, incluso frente al poder de Trump, Rodríguez no está totalmente desprovista de influencia.
Con aportes adicionales de Nicole Kolster desde Caracas.
Artículo publicado originalmente en BBC InDepth.Puedes acceder a su versión original aquí.

