Diez intervenciones urológicas realizadas en febrero, operadas en tiempo real a 3.000 kilómetros con una latencia de 30 a 70 milisegundos y con soporte del equipo local en Las Palmas
La telecirugía ha dejado de ser una mera exhibición tecnológica para consolidarse como un programa clínico estable y estructurado en España. Desde hace semanas, Barcelona y Las Palmas de Gran Canaria están vinculadas mediante el primer programa europeo de telecirugía robótica diseñado como modelo asistencial real, no como una prueba experimental.
Bajo la dirección clínica del doctor Alberto Breda —cirujano urólogo, presidente de la Sección de Cirugía Robótica de la Sociedad Europea de Urología (ERUS), subdirector del Servicio de Urología y jefe de la Unidad de Urología Oncológica de la Fundació Puigvert— se llevaron a cabo en febrero diez intervenciones urológicas de diversa complejidad en pacientes canarios, realizadas en tiempo real desde Barcelona.
Durante las primeras tres semanas, se realizaron cuatro adenomectomías por hiperplasia benigna de próstata, dos nefrectomías parciales, tres prostatectomías radicales y una resección de masa retroperitoneal. Todas las cirugías fueron ejecutadas con el cirujano controlando la consola robótica en la Fundació Puigvert, mientras el equipo del Hospital Universitario San Roque en Las Palmas asistía directamente en quirófano, coordinado por el doctor Pablo Juárez del Dago, cirujano robótico y CEO del grupo urológico GUA–Urointec.
Actualmente, todos los pacientes han recibido el alta hospitalaria y presentan una evolución sin complicaciones.
“El lanzamiento de un programa clínico de telecirugía en España ha requerido un año y medio, representando un desafío significativo, pero ya es una realidad: es posible conectar dos hospitales y realizar telecirugías a distancia”, comenta Breda. Según el experto, el valor diferencial reside no solo en la tecnología, sino en el modelo: “Este programa demuestra que un cirujano experimentado puede compartir su conocimiento con pacientes remotos, respaldado por un equipo local que asegura la máxima seguridad”.
De un evento puntual a una red asistencial permanente
La telecirugía no es una novedad en la trayectoria de Breda. En 2024 efectuó una nefrectomía parcial transcontinental entre Burdeos y Pekín, considerada un hito a nivel mundial. No obstante, aquella cirugía —con una latencia media de 132 milisegundos— tuvo un propósito principalmente demostrativo.
La diferencia actual es fundamental. El sistema operativo entre Barcelona y Canarias mantiene una latencia media entre 30 y 70 milisegundos, sustentado en una red exclusiva de fibra óptica desarrollada por Edge Medical, que enlaza ambos hospitales separados por más de 3.000 kilómetros. El rendimiento técnico, remarcan, iguala al de una intervención presencial.
“La telecirugía ha superado su etapa experimental y constituye una evolución natural dentro de la cirugía robótica”, asegura Breda. “Es viable articular redes asistenciales entre hospitales conservando los mismos estándares de precisión y seguridad”.
Este programa va más allá de la conexión entre dos quirófanos; se integra dentro del flujo asistencial habitual. En Canarias, el equipo liderado por Juárez del Dago ha asumido la coordinación del entorno quirúrgico, la preparación de los pacientes y la adaptación operativa del sistema a la práctica clínica cotidiana.
“El reto no era simplemente enlazar dos quirófanos, sino incorporar este modelo al circuito asistencial con todas las garantías clínicas necesarias”, señala Juárez del Dago. “La telecirugía tiene sentido únicamente cuando se traduce en beneficios concretos para los pacientes”.
Acortar distancias sin desplazar al paciente
Más allá del progreso tecnológico, este proyecto apunta a una transformación organizativa del sistema sanitario. Facilita que un cirujano referente opere a distancia sin necesidad de que el paciente se desplace, reduciendo costes, disminuyendo tiempos de espera y acortando desigualdades territoriales en el acceso a procedimientos complejos.
Canarias, debido a su insularidad y ubicación geográfica, ofrece un laboratorio estratégico para este modelo. “La alta especialización no debe concentrarse solo en las grandes capitales sanitarias, sino estructurarse en red”, sostiene Breda. En este sentido, el archipiélago podría evolucionar hacia un hub tecnológico y formativo en cirugía robótica, con programas de mentoring orientados a nuevas generaciones de urólogos.
La Fundació Puigvert funge como nodo científico y formativo del proyecto, aportando experiencia y liderazgo quirúrgico, mientras que el Hospital Universitario San Roque actúa como sede asistencial donde este modelo se ha implementado clínicamente.
Si el programa consolida sus resultados y se expande a otras especialidades, España podría situarse a la vanguardia europea en la instauración efectiva de redes de telecirugía, abriendo puertas a colaboraciones internacionales en las que la experiencia se transmita por fibra óptica mientras el paciente permanece en su hospital de referencia.
La cirugía a 3.000 kilómetros ya no es una promesa futura: es una práctica clínica vigente.

