España refuerza la cooperación militar con aliados enviando una fragata a Chipre ante la situación con Irán según la Casa Blanca

Fragata 'Cristóbal Colón' (F-105) de la Armada

España enviará la fragata Cristóbal Colón a Chipre con la misión de escoltar al portaaviones francés Charles de Gaulle, reafirmando así su colaboración militar con los aliados frente a Irán.

El Ejecutivo español busca diferenciar entre las operaciones de defensa de la UE y la acción militar liderada por EEUU e Israel, aunque la oposición critica la ambivalencia de esta postura.

El despliegue de la fragata ha generado división dentro del gobierno: Yolanda Díaz respalda la medida, mientras que Podemos considera que equivale a participar en un conflicto bélico ilegal.

El Partido Popular exige rendición de cuentas en el Congreso y reprocha al Gobierno por su incoherencia al proclamar el ‘no a la guerra’ y, al mismo tiempo, intervenir en operaciones militares.

El anuncio del envío de la fragata Cristóbal Colón a Chipre, para escoltar al portaaviones francés nuclear Charles de Gaulle, confirma lo que la Casa Blanca declaró este miércoles: España está «cooperando militarmente» con sus aliados en la operación contra Irán.

El Gobierno reaccionó de inmediato negando las afirmaciones de Karoline Leavitt, portavoz de Donald Trump, calificando como «fake news» la supuesta «cambio de postura» del Ejecutivo español, asegurando que no ha dado su consentimiento para cooperar con el ejército estadounidense.

No obstante, el despliegue de la fragata más avanzada de la Armada cuestiona esa negativa.

La secuencia de hechos resulta elocuente. Pedro Sánchez enarboló la bandera del «no a la guerra» el miércoles por la mañana en una declaración institucional. Sin embargo, horas después, la Casa Blanca celebraba haber forzado un cambio en su postura.

En seguida, Moncloa calificó como «falso rotundamente» lo comunicado desde Washington. Pero al día siguiente, Defensa primero filtró la posibilidad y luego confirmó el despliegue de una fragata en la zona de conflicto.

Un buque con 200 tripulantes y capacidad de defensa aérea no puede mobilizarse sin una preparación previa.

Escenario bélico

El Gobierno insiste en establecer una distinción entre lo que denomina «defensa de la UE» y la operación militar conjunta de EEUU e Israel contra Irán.

La ministra Margarita Robles sostiene que «una cosa son las misiones ofensivas y otra las defensivas».

El ministro José Manuel Albares reafirmó esa postura: «Existen dos ámbitos, uno dedicado a la defensa de la UE y otro distinto que corresponde a la operación militar de EEUU e Israel«.

Sin embargo, ese argumento intenta separar lo que en toda guerra representa una parte ofensiva y otra defensiva, las cuales son componentes inseparables del esfuerzo bélico.

En Chipre, el ataque fue perpetrado por Hezbolá, un grupo terrorista libanés vinculado a Irán, y la base agredida pertenece al Reino Unido, que no es parte de la UE, sino de la OTAN.

Además, la protección de la retaguardia, concretamente la frontera oriental de la UE tras el ataque con dron iraní a la base británica de Akrotiri, es parte integral de la contienda, al igual que los bombardeos.

«No a la guerra»

En cuanto al lema «no a la guerra» empleado por Sánchez en su discurso en Moncloa, cabe recordar que la participación de José María Aznar en Irak fue presentada también como una «misión de paz».

Asimismo, durante la guerra de los doce días en junio, el Gobierno de Sánchez permitió el uso de las bases de Rota y Morón para aviones cisterna y bombarderos estadounidenses en su ruta hacia Irán.

En ese momento tampoco existía un «mandato de la ONU o de la OTAN», que ahora Moncloa utiliza para justificar la denegación de autorización.

Por otro lado, la felicitación del presidente iraní, Masud Pezeshkian, a Sánchez por su «conducta responsable» y sus «valores morales» ha incrementado la incomodidad del Ejecutivo frente a sus socios y aliados.

El líder iraní agradeció la postura española contra «la agresión militar de la coalición sionista-estadounidense», mientras que el senador republicano Lindsey Graham advertía que «aceptar un reconocimiento del régimen iraní debería ser una llamada de atención«.

Esta interpretación coincide con la postura de la Casa Blanca, que considera la supuesta cooperación española como prueba de que Trump había «doblegado» a Sánchez.

«Sin rendir cuentas al Congreso»

Mientras tanto, en el ámbito interno, el Partido Popular ha intensificado sus críticas.

Este miércoles, el partido de Alberto Núñez Feijóo solicitó la comparecencia «urgente» de Sánchez en el Congreso, alegando que «en una democracia representativa, las decisiones importantes deben debatirse en el Parlamento». Al día siguiente, Cuca Gamarra acusó al Ejecutivo de «avergonzar a toda Europa».

La vicesecretaria de Regeneración Institucional del PP y responsable de Defensa expresó a EL ESPAÑOL que «el Gobierno revive el ‘no a la guerra’ en público, mientras que privadamente alinea con Trump y participa en operaciones con fragatas y recursos militares».

Para los populares, Sánchez ha demostrado nuevamente que «no es un líder fiable», señaló Gamarra, refiriéndose al vídeo en que parece escucharse a Robles decir al embajador estadounidense: «Yo estoy con Trump, lo que pasa es que aquí a veces…».

La dirigente del PP insiste en que el presidente debe clarificar en el Congreso si España está con sus socios y aliados o prefiere aislarse como un «no alineado» del siglo XXI.

«Esta política exterior y de defensa volátil resulta inaceptable», advierte, «especialmente cuando se trata de asuntos de Estado con una repercusión clara en el futuro del país«.

La clave subyacente a toda esta serie de eventos es de política interna. El PSOE ve en la recuperación del lema «no a la guerra», utilizado por Zapatero en las protestas contra Irak en 2003, un impulso para movilizar a la izquierda y fortalecer la candidatura de Sánchez.

De hecho, fuentes de Moncloa reconocen sin reservas que esta posición puede resultarles beneficiosa políticamente.

Pero el despliegue de la Cristóbal Colón desarma esa narrativa, al evidenciar que España acaba participando en un conflicto bélico que formalmente rechaza, proporcionando apoyo logístico que antes negó en suelo nacional, aunque ahora lo ofrece mediante sus barcos.

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