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- Autor, Luis Barrucho
- Título del autor, Servicio Mundial de la BBC
- 1 marzo 2026
- Tiempo de lectura: 7 min
El régimen de la República Islámica de Irán atraviesa lo que muchos analistas califican como una crisis de supervivencia, tras la intensiva campaña militar de Estados Unidos e Israel que supuestamente acabó con la vida de su líder supremo, Alí Jamenei, según el presidente Trump.
Ocho meses después del enfrentamiento de 12 días entre Irán e Israel en junio de 2025, las fuerzas conjuntas de Estados Unidos e Israel llevaron a cabo una operación con ataques dirigidos a objetivos militares y estructuras del régimen iraní.
Expertos señalan que esta campaña busca el cambio de régimen, aunque hasta ahora no se vislumbra un método claro para lograrlo sin asumir riesgos significativos.
En respuesta, Irán ha ejecutado ataques de represalia contra Israel, y se han reportado ofensivas iraníes en Dubái, Doha, Bahréin, Kuwait —lugares con bases militares estadounidenses o de sus aliados— además de otras zonas en la región.

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¿Por qué ahora?
Ellie Geranmayeh, investigadora senior del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), grupo paneuropeo de expertos, sostiene que el momento y la forma en que el presidente Donald Trump presentó la operación revelan claramente sus objetivos políticos.
“El comunicado de Trump sobre la estrategia ofensiva elimina cualquier duda sobre que su fin primordial, al menos por ahora, es un cambio de régimen”, comenta. “Las autoridades iraníes no tienen otra opción que rendirse”.
En un video difundido en su plataforma Truth Social, Trump exhortó a las fuerzas de seguridad iraníes a capitular o “enfrentar una muerte segura”.
Asimismo, afirmó que los iraníes cuentan con una “oportunidad histórica en generaciones” para “tomar el control de su gobierno”.

Geranmayeh califica el ataque de histórico por su alcance. “Es una campaña militar estadounidense sin precedentes contra Irán, que ya está provocando un caos regional debido a las masivas represalias iraníes”.
H. A. Hellyer, investigador senior del Royal United Services Institute (RUSI) del Reino Unido, aclara que no se trató de “un ataque preventivo”.
“Sucedió durante negociaciones, donde mediadores regionales fueron usados inadvertidamente para cubrir una acción planificada”, afirma, subrayando que no existían indicios sólidos de un ataque inminente iraní que justificara una intervención israelí-estadounidense preventiva.
Horas antes de los bombardeos, el ministro de Exteriores de Omán, quien mediaba entre EE.UU. e Irán, declaró que un avance estaba próximo.
“Un acuerdo de paz está al alcance si simplemente damos espacio a la diplomacia para avanzar”, afirmó Badr Albusaidi al canal CBS el viernes.
Luego de los ataques, expresó en X que estaba “consternado” por la interrupción de unas negociaciones “activas y serias”.
“Esto no beneficia ni a los intereses de Estados Unidos ni a la causa de la paz mundial”, señaló.
“Rezo por los civiles inocentes que sufrirán. Insto a Estados Unidos a no profundizar en este conflicto. Esta no es su guerra”, agregó.
Teherán en modo de supervivencia

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El alcance y la declaración de intenciones de esta campaña militar han colocado al régimen gobernante iraní en lo que los expertos describen como “una fase de supervivencia”.
“Este momento es vital para los líderes de la República Islámica”, indica Geranmayeh. “La base ideológica y de seguridad está ahora preparada para una guerra prolongada contra Estados Unidos e Israel”.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró que Teherán empleará “todas sus capacidades defensivas y militares bajo el legítimo derecho a la autodefensa” para resguardar su integridad territorial.
Geranmayeh estima que en Teherán el concepto de “escalada máxima” se entiende más como una cuestión de supervivencia que de ventaja táctica.
Hellyer coincide y añade que la rápida reacción iraní “demuestra la seriedad con que Teherán percibe esta amenaza”.
“La velocidad y coordinación indican la delegación previa de autoridad y la capacidad de responder de forma inmediata y decisiva”, remarca.

Geranmayeh identifica dos fines en la respuesta rápida iraní: “Reafirmar su compromiso de regionalizar cualquier conflicto iniciado por Estados Unidos y emplear sus activos antes de que se pierdan durante esta guerra”.
“Teherán pretende aumentar el costo para Estados Unidos e Israel con rapidez, buscando forzar a una retirada antes de que el régimen se desestabilice internamente”, añade.
Sanam Vakil, directora del Programa de Medio Oriente y Norte de África en Chatham House, también opina igual.
Explica que “la única vía para que los líderes de la República Islámica sobrevivan es exportar velozmente este conflicto a toda la región, desestabilizar el mayor número posible de países y expandir las consecuencias al conjunto de Medio Oriente”.
Geranmayeh advierte que los aliados iraníes —denominado “Eje de la Resistencia”— podrían movilizarse a pesar de recientes dificultades, motivados por riesgo existenciales compartidos, aumentando así la probabilidad de un conflicto en varios frentes.
Danny Citrinowicz, investigador senior en Irán del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) de Israel, comenta que cuanto más prolongada y extendida sea la ofensiva, mayor será la activación de esta red de milicias regionales, “ampliando la geografía y duración del conflicto”.
Citrinowicz, con 25 años de experiencia en Inteligencia de Defensa de Israel, según el Atlantic Council, afirma que Estados Unidos e Israel optaron por atacar ahora basados en la apreciación de un régimen iraní “débil y frágil”.
Afirma que ambos aliados consideran que una campaña fuerte y concentrada podría desestabilizar Irán profundamente, tal vez incluso provocando un cambio interno.
No obstante, si esta estimación resulta incorrecta, las repercusiones serían graves.
“¿Qué constituiría un éxito y cómo finalizaría esta campaña? Es una cuestión crucial, especialmente porque parece improbable que la ofensiva actual lleve al régimen iraní a rendirse o alcanzar un acuerdo futuro con Estados Unidos. El camino diplomático, por ahora, parece incierto”, señala.
“Esto es un enfrentamiento de ‘todo o nada’ y, por tanto, implica un nivel de riesgo mucho mayor que el enfrentamiento de 12 días en junio pasado”, agrega.

¿Cómo podría concluir este conflicto?
Según analistas, el desenlace estratégico de esta confrontación sigue siendo incierto y con un alto grado de riesgo.
“Podría tratarse del inicio de una guerra prolongada de Estados Unidos en Medio Oriente”, advierte Geranmayeh.
Añade que “el recorrido desde esta campaña relámpago hasta alcanzar el cambio de régimen buscado por Trump será probablemente largo y accidentado, con numerosas posibilidades de que la situación se complique rápidamente”.
Hellyer coincide y señala que la crisis podría extenderse por días o semanas, con escaladas coordinadas en varios frentes y presión intensa sobre las potencias regionales para manejar el riesgo civil y la inestabilidad.
“Incluso los aliados cercanos de Estados Unidos, pese a sus críticas a Irán, enfrentan riesgos de represalias y posibles disturbios si el régimen se desploma caóticamente”, explica.
Argumenta que aunque el cambio de régimen podría ser deseado “en principio”, estos países se oponen a la escalada y tratarán de fomentar la desescalada, “aunque el camino resulte incierto”.
Geranmayeh urge a la comunidad internacional a “movilizarse para minimizar los daños de esta guerra”, ejerciendo presión sobre Washington y Teherán para hallar “una salida diplomática antes de quedar atrapados en un conflicto sangriento”.

