Evaluación de la BBC: Tres días después, sigue sin claridad el rumbo de esta guerra

Trump

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    • Autor, Jeremy Bowen
    • Título del autor, Editor internacional de la BBC
  • 3 marzo 2026
  • Tiempo de lectura: 10 min

Solo han pasado tres días desde el comienzo de la nueva guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.

La guerra ya se ha convertido en un conflicto regional, tras la decisión de Irán de atacar a los Estados árabes aliados de Estados Unidos, además de a sus vecinos en el Golfo. Reino Unido ha retirado su negativa y ahora permite que Estados Unidos emplee sus bases.

El conflicto continúa escalando y las noticias abarrotan mi teléfono. Acabo de leer un comunicado del Comando Central de Estados Unidos que reporta que tres cazas F-15E Strike Eagles fueron derribados por las defensas aéreas de Kuwait en «un aparente caso de fuego amigo».

Para cuando finalize este texto, es probable que se hayan lanzado más misiles y que personas que ahora están vivas hayan perdido la vida.

Es pronto para anticipar cuándo y cómo podría terminar la guerra. Una vez que un conflicto bélico comienza, controlar su curso resulta complicado. No obstante, estas son algunas de las formas en que los países implicados desean que concluya.

Cómo Trump define la victoria

El presidente norteamericano, Donald Trump, como es habitual, mostró confianza en la fortaleza de Estados Unidos al anunciar el inicio de la guerra mediante un video grabado desde su residencia en Mar-a-Lago, Florida.

Mientras otros mandatarios podrían haber elegido un discurso serio desde el Despacho Oval, Trump apareció con una camisa abierta y una gorra de béisbol blanca que le cubría parcialmente los ojos. Presentó una extensa lista de acusaciones, sosteniendo que Irán ha representado una amenaza constante para Estados Unidos desde la Revolución Islámica de 1979.

El destructor de misiles guiados clase Arleigh Burke USS Thomas Hudner (DDG 116) dispara un misil de ataque terrestre Tomahawk.

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Aunque Trump puede cambiar de postura, en esa alocución presentó su concepto de victoria como una lista clara de objetivos:

"Destruiremos sus misiles y eliminaremos su industria misilística. Quedará completamente arruinada, una vez más. Destruirán su armada. Aseguraremos que los agentes terroristas en la región no puedan desestabilizar la zona, ni al mundo, ni atacar a nuestras fuerzas, ni emplear artefactos explosivos improvisados o bombas colocadas en vías, que hieren y causan la muerte a miles de personas, incluyendo numerosos estadounidenses".

Trump aseguró que Irán estaba desarrollando misiles con la capacidad de alcanzar territorio estadounidense, algo que no concuerda con los informes oficiales de inteligencia de Estados Unidos. También afirmó que Irán estaba próximo a fabricar un arma nuclear, lo cual contradice su propia afirmación del verano anterior, cuando dijo que Estados Unidos había "destruido" las instalaciones nucleares iraníes.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, camina por el jardín sur mientras regresa a la Casa Blanca.

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Trump estima que Estados Unidos y Israel pueden debilitar al régimen en Teherán. En caso de que Irán no se rinda, piensa que quedará tan deteriorado que su población tendrá la mejor oportunidad en generaciones para salir a la calle y tomar el control:

"Cuando terminemos, tomen las riendas de su gobierno. Será suyo. Probablemente, es la única oportunidad en generaciones. Durante muchos años, ustedes han pedido ayuda a Estados Unidos, pero nunca la recibieron. Ningún otro presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo haré esta noche. Ahora tienen un presidente que les brinda lo que desean. Veamos cómo responden", afirmó al anunciar los ataques.

Al delegar la responsabilidad del cambio de gobierno al pueblo iraní, al mismo tiempo que lo incentiva directamente a actuar, Trump se reserva una salida en caso de que el régimen sobreviva. Sin embargo, también podría considerarse una obligación moral para Estados Unidos ejecutar ese cambio, aunque resulta incierto cuánto influiría esta postura en un presidente que cree que siempre hay espacio para negociar.

No existen antecedentes de derrocar un régimen o ganar una guerra contra un adversario bien armado usando únicamente el poder aéreo. En 2003, Estados Unidos y sus aliados, incluido Reino Unido, desplegaron tropas terrestres significativas en Irak para deponer a Saddam Hussein.

En 2011, el coronel libio Muamar Gadafi fue derrocado gracias a fuerzas rebeldes armadas por la OTAN y países del Golfo, defendidas por sus fuerzas aéreas. Trump confía en que el pueblo iraní logre esa tarea por sí solo.

Una enorma nube de humo se eleva humo después de que se escuchan una serie de explosiones en Teherán, Irán.

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El plan de Trump representa una jugada arriesgada. Resulta muy poco probable que los bombardeos solos provoquen un cambio de régimen.

¿Existe la posibilidad de un golpe interno a favor de Occidente? No es imposible, pero visto desde el tercer día de guerra, parece improbable.

Más probable es que el actual liderazgo iraní se fortifique, lance más misiles y se mantenga firme, inspirado por la ideología y la convicción de que pueden resistir más sufrimiento que Estados Unidos, Israel o los países del Golfo Pérsico. El mayor peso recae sobre el pueblo iraní, que sufre sin tener voz ni voto.

El cálculo de Netanyahu

Al igual que Trump, Benjamin Netanyahu ha hecho declaraciones alentando a los iraníes a tomar el control. Sin embargo, si estos no logran derribar las fuerzas de seguridad del régimen, la principal prioridad de Netanyahu es destruir la capacidad militar iraní y su habilidad para reconstruir milicias que amenacen a Israel.

Durante décadas, Netanyahu ha visto a Irán como el enemigo más peligroso de Israel, convencido de que los dirigentes de la República Islámica intentan crear un arma nuclear para destruir el Estado judío.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pronuncia un discurso desde la azotea del Kirya en Tel Aviv, Israel.

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El domingo, segundo día de conflictos, Netanyahu se subió a una azotea en Tel Aviv, probablemente del edificio del Ministerio de Defensa, y expuso su visión del final de esta guerra.

Afirmó que Israel y Estados Unidos juntos podrían "alcanzar lo que he anhelado durante 40 años: destruir por completo el régimen terrorista".

Aseguró que esta promesa será concretada.

Las guerras siempre tienen una dimensión política interna. Al igual que Trump, Netanyahu afronta elecciones a finales de año. A diferencia de Trump, su mando está en juego. Muchos ciudadanos israelíes responsabilizan a Netanyahu por errores de seguridad que permitieron que Hamás atacara el 7 de octubre de 2023. Si consigue demostrar que condujo a Israel a una victoria clara sobre Irán, daría un gran paso hacia la reconciliación electoral e incluso podría volver imbatible.

La victoria mediante la supervivencia

La muerte del líder supremo y sus principales asesores militares supuso un golpe duro para el régimen, pero no implica necesariamente que colapse.

El ayatolá Jomeini y otros fundadores hace casi 50 años diseñaron las instituciones para resistir guerras y asesinatos. No es un sistema personalista. Los estados sirio y libio bajo Asad y Gadafi giraban alrededor de familias gobernantes. Cuando estas fueron eliminadas —Gadafi asesinado y Asad huyó— los regímenes colapsaron.

El régimen iraní es un sistema estatal basado en una intrincada red de instituciones políticas y religiosas con funciones superpuestas, creado para perdurar frente a guerras y asesinatos.

Eso no quiere decir que lo conseguirá. El sistema de la República Islámica se enfrenta a su prueba más severa, pero ha sido preparado para este momento.

Dos mujeres se abrazan y sostienen una imagen de Jamenei después de que se anunciara el asesinato del líder supremo de Irán.

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La definición de victoria para el régimen consiste en sobrevivir; para ello, dispone de un nivel considerable de protección.

Se ampara en un aparato poderoso e implacable de seguridad, represión y coerción. En enero, sus fuerzas actuaron en las calles siguiendo órdenes que provocaron la muerte de miles de manifestantes. Hasta ahora —y como he mencionado, estamos apenas en el tercer día de conflicto al escribir esto— no hay señales de que las fuerzas armadas del régimen estén debilitándose, como pasó con las de Asad en Siria tras su huida a Moscú en diciembre de 2024.

Además de las fuerzas convencionales y una policía bien equipada, existe el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), con la misión de proteger el régimen tanto interna como externamente. Su objetivo es ser la fuerza motora del velayat-e faqih, la tutela del jurista, doctrina esencial de la Revolución Islámica en Irán que legitima el gobierno de líderes religiosos chiitas.

Se estima que el CGRI cuenta con 190.000 efectivos activos y hasta 600.000 reservistas. Más allá de la doctrina religiosa, maneja gran parte de la economía. Sus líderes combinan razones financieras e ideológicas para mantener su lealtad.

El CGRI está respaldado por el Basij, una fuerza paramilitar voluntaria de aproximadamente 450.000 miembros, conocida por su lealtad al régimen y brutalidad.

En Teherán, durante las protestas posteriores a las polémicas elecciones de 2009, los Basij actuaron como la primera línea de defensa del régimen, amenazando y golpeando a manifestantes con porras y bastones de goma. Detrás de ellos operaban policías armados y miembros del CGRI. El Basij también contaba con escuadrones móviles en motocicletas que recorrían la ciudad a gran velocidad para reprimir cualquier disidencia.

Donald Trump amenazó al CGRI y al Basij con la muerte segura —dijo que «no será agradable»— si no deponen las armas. Sin embargo, es poco probable que estas amenazas modifiquen la postura de muchos dentro de las fuerzas armadas del régimen.

Siete de las figuras más importantes del liderazgo y la defensa de Irán. Las Fuerzas de Defensa de Israel afirman haber matado a cuatro de estos funcionarios en ataques aéreos: el Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei; el secretario del Consejo de Defensa, Alí Shamkhani; el ministro de Defensa, el general de brigada Aziz Nasirzadeh; y el comandante del CGRI, el general Mohammad Pakpour. Los dos funcionarios supervivientes son el presidente Masoud Pezeshkian y Alí Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.

La República Islámica y el chiismo están impregnados de la idea del martirio. No es casualidad que el domingo, horas después de que se anunciara oficialmente que el líder supremo estaba sano, el presentador de la televisión estatal anunciara entre lágrimas la muerte de Jamenei, afirmando que había bebido «la dulce bebida pura del martirio».

Algunos analistas en Irán sospechan que el ayatolá se reunió con sus principales asesores en su complejo de Teherán cuando la mayoría del mundo creía que un ataque era inminente, posiblemente buscando el martirio.

El régimen cuenta además con un núcleo de civiles fieles. Miles salieron a las calles tras el asesinato del líder supremo en el primero de los 40 días de duelo, congregándose en plazas públicas con velas y linternas de sus teléfonos a pesar de las columnas de humo generadas por los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel.

Malos precedentes

Estados Unidos cree que esta vez, su poder absoluto, junto con el de Israel, puede imponer un cambio de régimen a un adversario sin provocar un desastre.

Las experiencias pasadas no son alentadoras. El derrocamiento de Saddam Hussein en Iraq en 2003 llevó a un desastre: años prolongados de guerra que alimentaron movimientos yihadistas extremistas que continúan activos.

Libia, con suficiente petróleo para ofrecer a su pequeña población un nivel de vida occidental, está destrozada y empobrecida. Quince años después de la caída y muerte de Gadafi, es un Estado fallido. Los países occidentales que celebraron su caída y la promovieron esencialmente abandonaron cualquier responsabilidad tras el colapso del país.

Irán es un país enorme, casi tres veces más extenso que Iraq, con una población multiétnica superior a 90 millones. Si el régimen iraní cae, la pesadilla sería que el caos, la confusión y la violencia que siguieran podrían ser similares a las guerras civiles que causaron cientos de miles de muertos en Siria e Iraq.

La acción militar de Estados Unidos e Israel está destruyendo la capacidad bélica iraní. Esto modifica el escenario en Medio Oriente, incluso si el régimen logra mantenerse.

Muchos iraníes, probablemente la mayoría, celebrarán la caída del régimen. Sin embargo, reemplazar un régimen derrocado por la fuerza con una alternativa pacífica y estable será un desafío enorme.

La apuesta de Trump es que esto será posible, y que esta guerra resultará en un Medio Oriente más seguro y estable. No obstante, las probabilidades indican que será un camino arduo lograrlo.

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