El régimen de Irán permanece firme: los días venideros definirán su capacidad de resistencia

Mujer sostiene una imagen del fallecido ayatolá Jamenei en Teherán.

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    • Autor, Amir Azimi
    • Título del autor, BBC News
  • 2 marzo 2026
  • Tiempo de lectura: 6 min

La muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, durante los ataques combinados de Israel y EE.UU. este fin de semana, ha sumido a la República Islámica de Irán en su fase más inestable desde 1979.

La operación, denominada Furia Épica, tenía como blanco a oficiales de alto rango y figuras políticas, en lo que Washington calificó como un esfuerzo crucial para destruir la estructura del mando iraní.

El sábado por la noche, los informes sobre la muerte de Jamenei en los ataques comenzaron a difundirse con rapidez, algo que pocos días antes habría parecido imprevisible.

Se han difundido videos que muestran celebraciones en varias ciudades principales de Irán, además de imágenes de personas en el extranjero festejando la caída del líder supremo.

Para numerosos observadores, la eliminación del líder representa un punto de inflexión histórico: una oportunidad que las décadas de resistencia civil no lograron alcanzar.

Tanto el presidente de EE.UU., Donald Trump, como el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, expresaron mensajes contundentes respecto a los ataques.

Trump instó a la población iraní a aprovechar la oportunidad para «tomar el poder». Netanyahu, en cambio, señaló que el cambio de régimen es no solo necesario, sino también factible.

Aunque la fase militar de la operación Furia Épica fue claramente bien coordinada y bajo el control estadounidense, la efectividad del mensaje hacia la población iraní resulta menos clara.

Distribución del poder en Irán.

Este domingo, la televisión oficial iraní confirmó el fallecimiento de Jamenei, y posteriormente anunció la creación de un consejo temporal integrado por tres miembros que asumirán la autoridad ejecutiva del país.

Expertos y guardianes

De acuerdo con la Constitución iraní, la elección del nuevo Líder Supremo corresponde a la Asamblea de los Expertos, un cuerpo de 88 integrantes electos mediante voto popular para un periodo de ocho años.

No obstante, el proceso electoral cuenta con una restricción importante.

Todos los aspirantes a la Asamblea deben pasar una revisión y obtener la aprobación de una entidad conocida como el Consejo de Guardianes.

Este organismo de 12 miembros está profundamente ligado a la estructura de mando: seis son designados directamente por el líder supremo, y los otros seis son propuestos por el Poder Judicial y ratificados por el Parlamento.

En suma, Jamenei ejercía un gran control sobre la institución encargada de seleccionar a su sucesor.

El régimen ha actuado rápidamente para proyectar continuidad y estabilidad.

Al activar los mecanismos constitucionales y establecer un gobierno provisional, las autoridades buscan comunicar que el sistema sigue vigente pese a la pérdida de su líder máximo.

Foto de un ataque iraní en Dubai

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Este escenario ha motivado, inevitablemente, la búsqueda de un posible sucesor.

En Irán es poco habitual que se hagan públicos los nombres de posibles candidatos antes de su designación, dado que el proceso se lleva a cabo bajo estricto secreto.

Dentro de la Asamblea de Expertos, sin embargo, existe un pequeño comité encargado de revisar nombres y presentar una lista de candidatos al pleno para iniciar la votación.

Las votaciones se desarrollan en privado y los detalles no se difunden al público, lo que limita su transparencia.

En años recientes, se ha especulado que Mojtaba, el hijo mayor de Jamenei, podría ser el sucesor. Pero la muerte de comandantes cercanos al líder supremo en los ataques del sábado pasó a modificar el equilibrio de poder interno.

El precedente de junio de 1989, cuando Jamenei fue elegido Líder Supremo desafiando todas las expectativas, sugiere que el resultado puede ir en contra de las predicciones actuales.

Se espera que el proceso de elección avance con rapidez y pueda resolverse en cuestión de días.

Las bajas militares

En el ámbito militar, es innegable que la República Islámica ha sufrido un golpe considerable.

Según los informes, varios altos mandos perdieron la vida en los ataques iniciales. Los oficiales restantes continúan bajo amenaza mientras se mantienen las operaciones aéreas.

La sensación de fragilidad es evidente: centros de mando dañados, líderes eliminados y la toma de decisiones limitada por la emergencia.

No obstante, Irán ha mostrado capacidad de respuesta.

Durante los dos primeros días de ataques, las fuerzas iraníes atacaron bases estadounidenses en varios países árabes, así como objetivos en Israel.

Por primera vez, misiles impactaron infraestructuras civiles en Dubái y un aeropuerto en Kuwait, ampliando significativamente la zona afectada por el conflicto.

Esta escalada señala que, pese a la pérdida de su liderazgo, Irán mantiene capacidades operativas y está dispuesto a utilizarlas.

Ahora se abre la posibilidad de una mayor escalada regional en medio de la crisis.

Desde la óptica de los líderes iraníes, si el conflicto se extiende y sus grupos aliados en Oriente Medio se involucran, Teherán podría ganar influencia para exigir un alto el fuego o, al menos, evitar una rendición total bajo las condiciones impuestas por Estados Unidos e Israel.

Regimen Islámico

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Desde otro ángulo, la presión militar constante, junto con el resurgimiento de protestas masivas, podría provocar un colapso sistémico en la República Islámica.

Si sectores de las fuerzas de seguridad se fragmentan o desafían órdenes, cualquier intento formal de transición constitucional podría quedar rápidamente obsoleto, dominado por los eventos en terreno.

Los próximos días serán clave para determinar si la Guardia Revolucionaria y otras ramas coercitivas del país logran mantenerse cohesionadas tras la pérdida del líder veterano.

Por ahora, todos los escenarios permanecen posibles.

La República Islámica aparenta encontrarse en una posición más débil que antes de los ataques: privada de su principal figura de autoridad, sin comandantes clave y expuesta a presiones militares continuas.

Sin embargo, mantiene sus estructuras institucionales, sus fuerzas armadas y una capacidad de represalia que dificulta un cambio de régimen rápido o directo.

La muerte de Alí Jamenei ha sumergido a Irán en una fase de volatilidad e incertidumbre.

Lo que suceda en adelante dependerá de si Teherán logra preservar el control interno ante los continuos ataques aéreos, del impulso de las protestas y hasta qué punto se extiende el conflicto en la región.

Probablemente, el desarrollo de los acontecimientos se aclarará en los próximos días, a medida que las partes en conflicto testeen sus límites militares y su voluntad política.

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