Samuel Durán, psicólogo, explica que la mente humana frecuentemente recicla patrones conocidos, incluso si causan sufrimiento.

El experto analiza los fenómenos psicológicos que afectan las dinámicas tóxicas caracterizadas por la dependencia emocional o el refuerzo intermitente

El psicólogo Samuel Durán explica

Mientras que ciertas relaciones afectivas permanecen estables, con una expresividad afectiva mantenida, otras forman vínculos que provocan ansiedades, incertidumbres o inseguridad. En este contexto, la dependencia emocional y las dinámicas intermitentes son frecuentes.

De este modo, muchas personas enfrentan el mismo dilema: aquel que aparece y desaparece acaba ocupando más espacio en la mente que quien está presente y coherente. “¿Por qué en las relaciones se valora más a quien ofrece lo mínimo que a quien se esfuerza y entrega todo?”, partiendo de esta pregunta, el psicólogo Samuel Durán (@samuelduranpsicologo en TikTok) expone los fenómenos psicológicos que influyen en esta forma de relacionarse.

El refuerzo intermitente

“Lo primero que debe comprenderse es que el cerebro no está diseñado para el disfrute, sino que está programado para la supervivencia”. Durán detalla que, cuando la relación es estable y el afecto constante, el cerebro interpreta la ausencia de amenaza y, por esta razón, “se adapta y se relaja”.

El refuerzo intermitente provoca un

La situación cambia cuando el afecto es inconsistente, activando el modo de supervivencia. Esto desencadena un ciclo emocional intenso: “Con una persona intermitente, no solo se experimenta el placer del afecto y los gestos amables, sino que el cuerpo percibe cómo se desactiva el estado de alerta. Por ende, la satisfacción se duplica”.

De esta forma, con la presencia afectiva del otro, disminuye la angustia y la mente interpreta: “Para calmarme y sentirme bien, necesito la atención de esta persona”. Por eso, advierte, “las relaciones inestables pueden percibirse como más intensas, no porque sean saludables o reflejen mayor amor”.

La repetición de los patrones aprendidos

El segundo aspecto es la historia relacional. “La mente, de manera inconsciente, tiende a reproducir patrones conocidos, aunque causen malestar”. Cuando alguien ha asociado el amor con esfuerzo o conflicto, probablemente repetirá ese modelo.

El miedo al conflicto o

“Por esta razón, las personas con antecedentes de relaciones difíciles suelen repetir con mayor frecuencia estos patrones que quienes no los tienen. No obstante, aclaro que nadie está exento de caer en estas dinámicas”, apunta el psicólogo, subrayando que todos están expuestos a estos vínculos.

El miedo al conflicto

El temor al conflicto representa el tercer componente. “Aquellos que experimentan ansiedad frente al conflicto suelen priorizar apagar inmediatamente el conflicto emocional generado por una persona intermitente”, explica. En ese intento por disminuir la angustia, la prioridad deja de ser el bienestar a largo plazo para enfocarse en la calma inmediata, compatible con un cerebro orientado a la supervivencia en lugar del disfrute.

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La dificultad para poner límites

Finalmente, Durán señala que la carencia de límites y el aprendizaje emocional juegan un papel crucial en estas dinámicas: “Si no expresas lo que te lastima, si tus límites se sobrepasan y no respondes, el cerebro de la otra persona interpreta que al hacerlo no existen consecuencias”.

La falta de límites claros, advierte, impacta directamente en la autoestima: “Así como el cerebro del otro asimila que tus límites no importan, el tuyo también lo hace. Allí comienzan a surgir numerosos problemas de autoestima”.

Durán enfatiza que establecer límites no significa agresividad, sino coherencia personal: “No implica gritar o discutir, sino aprender a manifestar que algo te está afectando y fijar un límite. No para que el otro lo valore, sino para que tú puedas valorarlo”.

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