La información desvelada contiene la transcripción de una llamada telefónica en la que uno de los militares que ocuparon TVE relata a un conocido, al día siguiente, lo ocurrido durante los hechos.

«Estuvimos tomando Radio Televisión a las 8 de la tarde. Justo cuando te llamé por teléfono, se dio la alarma y tuvimos que preparar todo, las mochilas, de verdad, como para salir de maniobras, nos dirigimos a Televisión con órdenes estrictas de no hablar con nadie, el primer disparo al aire y el segundo para disparar a matar, con los cargadores puestos y ni siquiera seguros.»
Con estas palabras, uno de los soldados involucrados en la toma de TVE el 23-F narraba al día siguiente por teléfono a un allegado cómo fue la intervención. La transcripción de esta llamada está incluida en «Conversaciones telefónicas de (presuntamente) la unidad militar El Pardo (24 de febrero de 1981)», uno de los documentos relacionados con el Golpe de Estado que el Gobierno desclasificó este miércoles.
—Hola John. ¿Qué tal? —comienza la conversación con el soldado.
—Imagínate. Bien.
—Oye, ¿estáis acuartelados?
—Ayer estuvimos en Televisión Española toda la noche. Debió salir en la radio y todo. Fue un capitán de un Regimiento, soldaos y un sargento, y allí permanecimos.
—¿Quién fue, tu capitán?
—Claro.
—El que salió a tomar la radio, ¿no?
—Sí, la radio televisión ahí, donde puso música militar y todo.
—Entonces, ¿ese estaba en el complot?
—Pues no sé, no sé qué pasará, solo sé que estamos aquí, asfixiaos, sin dormir y agotados.
—¿Y solo ese capitán?
—No, todo el Regimiento. […] El capitán recibía órdenes del coronel y demás. Estuvimos tomando Radio Televisión a las 8 de la tarde —continúa relatando John, que pide a su interlocutor que llame a sus padres—. Yo no puedo llamarles, porque aquí solo hay una cabina y hay colas terribles.
—¿Tuviste miedo? —le pregunta en otro momento su interlocutor.
—Toda la noche, y a las tres y media hubo otro intento de salir. Parece que el Coronel recibió órdenes de no avanzar. Se dice que el Rey llamó aquí, al cuartel.
—O sea, que esos militares también estaban implicados… Ayer pudo haber organizao un lío gordo.
—Y se armará.
—No, les salió mal, amigo.
—Pero bueno, ¿qué importa? Hay muchas maneras de hacerlo. Esto puede ser solo un primer contacto para medir ánimos. Hay mucho en juego.
—Oye, no hables tanto, que igual nos están escuchando —advierte el interlocutor, consciente del posible monitoreo.
—Ya. Diles [a mis padres] que estoy bien, que lo que ha pasao fue eso. De momento, esta noche dormiremos en cama y tal. Ya hemos acabao todo; por lo demás, pasamos la noche en la calle.
—¿En Madrid, no?
—No, en Madrid hasta las 10 o 10 y pico. Luego volvimos aquí [se sobreentiende que a las instalaciones de la Unidad Militar de El Pardo], y después nos preparamos para salir. Aquí, en un campo de fútbol cercano, con todo, carros, tanques y demás.
—O sea, que fuisteis vosotros quienes tomasteis la televisión, ¿no?
—Sí, sí, sí. Fuimos nosotros.
—¿Qué decía la gente? ¿Qué opinaban los soldaos? El Capitán tendría que estar frenético, ¿no?
—Fíjate, pues había órdenes de disparar a matar. Con eso te lo he dicho todo. Habla con mi casa, mañana creo que tengo servicio.

