La serie de TV basada en el clásico «El señor de las moscas»: una propuesta atrevida y perturbadora

Un niño rubio en pantaloneta y sin camiseta en la selva. Está acurrucado, como si estuviera cazando.

Fuente de la imagen, Eleven Film

    • Autor, Hugh Montgomery
    • Título del autor, BBC Culture*
  • 26 febrero 2026
  • Tiempo de lectura: 5 min

Jack Thorne, creador de Adolescence («Adolescencia»), realizó la adaptación de El señor de las moscas, la obra clásica de William Golding, para su más reciente serie televisiva sobre jóvenes criminales.

Thorne es un dramaturgo y guionista reconocido, con una carrera prolífica. Entre sus logros destaca el exitoso montaje teatral Harry Potter and the Cursed Child («Harry Potter y el legado maldito»).

No obstante, fue el éxito mundial de Netflix del año pasado, Adolescence, protagonizado junto a Stephen Graham, lo que lo elevó a un nuevo nivel: su relato sobre un asesino de 13 años conquistó los premios Emmy y generó un debate global.

Por tanto, puede afirmarse que la elección de Thorne de llevar a cabo esta adaptación de El señor de las moscas fue una jugada astuta para consolidar su imagen, al tiempo que toma un riesgo, considerando las aparentes similitudes: otra historia de jóvenes con conductas terribles.

Sin embargo, la novela de Golding sobre un grupo escolar que, tras un accidente aéreo en una isla desierta, cae progresivamente en la anarquía y el crimen, resulta ser un alegato mucho más orientado a reflexionar sobre los conflictos sociales que sobre los propios jóvenes.

Una aproximación diferente

Una sesión de preguntas y respuestas con los escritores de la serie.

Fuente de la imagen, Getty Images

En esta audaz y perturbadora miniserie de cuatro episodios, Thorne logra que la historia funcione en dos planos: uno naturalista, como un thriller absorbente y lleno de tensión, y otro filosófico, explorando la oscuridad del comportamiento humano colectivo.

Su adaptación, exhibida mundialmente en el Festival de Cine de Berlín, conserva el marco temporal original del libro, con los chicos empleando un inglés británico arcaico y aristocrático, que incluye términos como “long vacs” (vacaciones), “togs” (ropa) y “gnasher paste” (pasta dental).

A pesar de ello, como suele pasar con reinterpretaciones de clásicos ampliamente analizados, esta versión se siente fresca y diferente.

En cuanto a su estructura, la innovación principal de Thorne radica en abordar cada capítulo desde la mirada de un personaje distinto, lo que aporta una profundidad íntima a la caracterización y se complementa con la sorprendente dirección de Marc Munden.

Desde el uso desconcertante de la cámara ojo de pez, pasando por los cortes al estilo Terrence Malick, hasta la captura de la naturaleza en movimiento (hormigas en enjambre, escarabajos corriendo), Munden consigue sumergir completamente al espectador en la vida insular.

De igual modo, la saturación extrema de colores (rojos y naranjas intensos, verdes vibrantes y llamativos) dota a la serie de una atmósfera alusiva a una pesadilla, reforzada por la banda sonora discordante y resonante creada por Cristóbal Tapia de Veer, compositor de The White Lotus.

Reparto acertado

El director Harry Hook en el set de la película de 1990

Fuente de la imagen, Getty Images

El departamento de casting también merece reconocimientos destacados.

Sin duda, resulta un acierto que la serie abra con un episodio centrado en un actor tan magnético como David McKenna, quien encarna a Piggy, un personaje que simboliza la voz racional del grupo, intentando establecer orden, pero que es subestimado y objeto de burla por su complexión y gafas, entre otras características.

Lejos de presentarlo como una víctima fatal, el joven actor norirlandés de 12 años, en su debut profesional, le aporta tanto carisma y seguridad que resulta aun más injusto que sea ignorado tan rotundamente por sus compañeros.

Cabe destacar que, en el segundo capítulo, el protagonismo pasa a su antagonista, Jack, un populista arrogante que forma una facción opositoria y actúa como verdadero instigador del desorden, papel que Lox Pratt desempeña a la perfección, reflejando la vulnerabilidad oculta tras la fachada fanfarrona del personaje.

Un detalle llamativo es que Thorne añade a Jack y otros personajes principales antecedentes de su infancia antes de llegar a la isla, incluso mediante flashbacks. Esta adición es aceptable aunque no totalmente imprescindible, ya que la fuerza inquietante de El Señor de las Moscas radica en que los personajes y su interacción son profundamente arquetípicos.

Este enfoque se observa también en Ralph, el líder elegido del grupo, un jefe que intenta hacer las cosas bien, pero cuyos defectos se manifiestan desde el inicio, por ejemplo, cuando participa en burlas hacia Piggy para ganar aceptación.

Aunque la narración se concentra en los niños, está lejos de ser una historia para chicos; no obstante, es una serie concebida para una audiencia familiar interesada en contenidos enriquecedores, de los que diversas generaciones pueden extraer enseñanzas.

Esta adaptación se basa en una crítica publicada originalmente por BBC Culture. Para leer la versión en inglés, haga clic aquí.

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