Mourinho reaparece en el Bernabéu tras 4.651 días y evita contacto con la prensa

José Mourinho, en el entrenamiento del Benfica en el Santiago Bernabéu este martes El entrenador portugués, que solicitó una cabina en la zona de prensa para presenciar el duelo, permaneció oculto dentro del estadio del Real Madrid.

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José Mourinho regresó al Santiago Bernabéu este miércoles, aunque nadie llegó a verlo.

El técnico del Benfica, sancionado tras ser expulsado en el partido de ida del playoff de Champions League en Da Luz, viajó junto a su equipo hasta el estadio que lo consagró como entrenador del Real Madrid, pero ejecutó una maniobra característica de su estilo: desaparecer cuando todos lo aguardaban.

Más de treinta periodistas, seis empleados del club blanco entre protocolo y seguridad, y una cabina equipada con catering quedaron sin figura central. El portugués siguió la eliminación del Benfica (2-1) desde el autobús del equipo, estacionado en las profundidades del recinto madridista.

Habían transcurrido 4.651 días desde la última vez que Mourinho dirigió un partido en el Bernabéu. Fue el 1 de junio de 2013, en un encuentro sin trascendencia, Real Madrid-Osasuna (4-2) de la jornada 38 de Liga, marcado por la turbulenta despedida después de tres temporadas al mando del equipo blanco.

Ese día, la afición se dividió entre aplausos y abucheos. Ultra Sur —que aún tenía presencia en el estadio entonces— le entregaron una placa. Mourinho no salió del túnel de vestuarios hasta que sonó el pitido inicial, provocando el caos entre los fotógrafos y forzando al árbitro a detener momentáneamente el juego.

José Mourinho, con su cuerpo técnico, en el entrenamiento del Benfica en el Bernabéu

José Mourinho, con su cuerpo técnico, en el entrenamiento del Benfica en el Bernabéu EFE

Trece años después, el reencuentro con el césped se produjo apenas un día antes del partido, cuando el técnico lideró la práctica del Benfica en el campo que fue su hogar.

Se desplazó con tranquilidad, como si estuviera fuera del radar, aunque decenas de cámaras captaban cada movimiento. Esa fue la única imagen real de Mourinho en el Bernabéu durante toda la estancia del equipo lisboeta en Madrid. Al día siguiente, la última ocasión en que fue visto antes del partido fue al subirse al autobús en el hotel Intercontinental.

El truco del autobús

La UEFA le prohibía ocupar el banquillo, comunicarse con asistentes técnicos durante el choque o acceder al vestuario. La normativa lo relegaba a un espectador, pero le autorizaba a observar el partido desde un palco o cabina habilitada.

El Real Madrid le asignó la cabina número 6 de la tribuna de prensa, la misma que utilizó Hansi Flick en el Clásico de octubre cuando cumplía sanción. Allí encontró bocadillos de jamón, brochetas de fruta, ensaladas, frutos secos y botellas de agua.

Sin embargo, Mourinho nunca cruzó esa puerta. Mientras en la octava planta del Bernabéu crecía la tensión y los pasillos se llenaban de periodistas con móviles apuntando a la salida de un ascensor, el portugués permanecía varios niveles más abajo, en el estacionamiento del estadio, sentado en el autobús del Benfica con una tablet como único canal hacia el partido.

Una treintena de reporteros, al encuentro de Mourinho en la tribuna de prensa del Bernabéu

Una treintena de reporteros, al encuentro de Mourinho en la tribuna de prensa del Bernabéu EE

«La sincronización fue perfecta», celebró después su asistente João Tralhão, sin revelar más detalles sobre la ubicación de Mourinho.

El operativo para despistar empezó horas antes. Tralhão, encargado de las ruedas de prensa previas y posteriores, afirmó que desconocía dónde presenciaría el partido su entrenador.

«No sé dónde estará. Hemos planificado el encuentro considerando todos los escenarios posibles. Mou es el líder, me gustaría que estuviera, pero no está», comentó el asistente, alimentando un misterio previsto en la estrategia. El Benfica decidió días antes que Mourinho no ofrecería declaraciones.

En el estadio, el speaker tampoco mencionó su nombre durante las presentaciones. Se anunció a Tralhão como el responsable técnico visitante. De este modo, no hubo ni ovaciones ni abucheos de la afición madridista. Mourinho evitó así la ceremonia que marcó su última noche al frente del equipo blanco.

Joao Tralhao, asistente de Mourinho en el Benfica, en la sala de prensa del Bernabéu

Joao Tralhao, asistente de Mourinho en el Benfica, en la sala de prensa del Bernabéu EFE

El partido que vio a distancia

Mientras el técnico esquivaba a la prensa, el campo ofreció un inicio vertiginoso. Rafa Silva adelantó al Benfica en el minuto 14, equilibrando la eliminatoria y generando tensión en las gradas.

Solo dos minutos más tarde, Aurélien Tchouaméni recuperó la ventaja para el Real Madrid con un cabezazo que tranquilizó el ambiente. «No empezamos bien. Tenemos que ajustar nuestra defensa y entrar mejor en el partido», reconoció el mediocampista francés tras el choque.

El marcador se mantuvo en un tenso 1-1 hasta el minuto 80, cuando Vinicius Jr. sentenció la clasificación madridista. Fede Valverde asistió al brasileño en velocidad, y este definió con un tiro raso al palo largo para certificar el 2-1 que aseguraba el pase a octavos.

El extremo anotó dos de los tres goles del Madrid en la eliminatoria, a pesar de la pitada de los casi cuatro mil seguidores lisboetas que lo recibieron al anunciarlo por megafonía.

La ausencia de Mbappé

La jornada también tuvo otra ausencia destacada: Kylian Mbappé se cayó de la convocatoria a última hora por molestias persistentes en la rodilla izquierda. «Necesita descansar. No se siente bien ni cómodo. Esperamos que no sea una lesión prolongada», comentó Álvaro Arbeloa, técnico actual del Real Madrid y excompañero fiel de Mourinho en su etapa en el club.

El esperado reencuentro entre ambos, tras la cordialidad mostrada en Lisboa durante el primer partido, quedó en el aire. Arbeloa admitió que tampoco había visto a Mourinho dentro del estadio.

El técnico portugués reapareció ante las cámaras solo cuando el autobús del Benfica regresó al hotel de concentración. Bajó en silencio, sin hacer declaraciones ni mostrar gestos.

El hombre que acuñó la frase «si hablo, estoy en problemas» decidió esta vez no hablar, mantenerse invisibles y, aun así, convertirse en el centro de atención de la noche. Porque Mourinho, incluso oculto, domina todo el espacio.

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