Riki Rodríguez, futbolista de 28 años, habla sobre sus inversiones: «Soy ahorrador y prefiero que el dinero trabaje para mí»

Riki Rodríguez, jugador del Deportivo de La Coruña. El futbolista del Deportivo de La Coruña cursó la carrera de Economía y aplica esos conocimientos para incrementar su patrimonio.

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Antes de entrar en cifras, Riki Rodríguez prefiere centrarse en sus rutinas. El mediocampista ovetense del Deportivo de La Coruña se ha consolidado en el terreno de juego como un líder silencioso y fuera de él como un jugador con visión a largo plazo.

En el podcast La Bolsa de Deporte de MAPFRE, que reúne a figuras deportivas para conversar sobre ahorro e inversión, Riki se define como alguien «bastante ordenado» y, en cuestión económica, «un poco más conservador».

Su perfil se aleja del estereotipo del talento precoz que abandona todo por el fútbol. «Hice el bachiller sanitario y a mitad de curso me di cuenta de que no era mi pasión», recuerda acerca de su etapa en el instituto. Completó ese bachillerato porque era una opción sencilla y compatible con el fútbol «extraescolar».

Luego tomó otro rumbo: «Unos amigos que jugaban conmigo en el Oviedo habían comenzado Economía y me uní a ellos». Inició la carrera en Oviedo y la concluyó en Albacete, cursando entre tres y cuatro asignaturas anuales, frecuentemente estudiando durante los viajes.

Esa disciplina académica también se reflejó en la gestión de sus primeros salarios. «Soy bastante organizado y llegó un momento en que acumulé una cantidad de dinero sin saber qué hacer con ella», reconoce.

Riki Rodríguez, jugador del Deportivo.

Riki Rodríguez, jugador del Deportivo. EFE

En vez de dejar ese dinero inactivo en su cuenta, optó por educarse: leía de forma autodidacta, consultaba con compañeros que ya habían jugado en Segunda y Primera y se acercaba a personas expertas en inversión. Así comenzó a despertar «ese interés y sentido» por las finanzas que hoy lo posicionan como referente en el vestuario.

Aunque es economista, no presume de manejarlo todo sin ayuda. «No tengo un equipo, sino personas que me apoyan», comenta al ser cuestionado sobre la gestión de su patrimonio. Explica que dedica de nueve a tres a entrenamientos, reuniones y recuperación en la ciudad deportiva, lo que limita su tiempo para seguir mercados o productos financieros complejos.

Al detallar su cartera, vuelve a salir a la luz su lado «conservador». «Tengo de todo, pero por mi carácter soy un poco más cauteloso», confiesa con naturalidad.

Su patrimonio se asienta en dos bases: «Un par de inmuebles en alquiler en Oviedo», destinados a generar ingresos fijos, y un conjunto financiero invertido en «fondos de inversión gestionados activamente, tanto de renta variable como de renta fija».

Incluye algo de oro y mantiene siempre liquidez disponible: «Sé que mantener grandes sumas no es lo ideal, pero sirve para estar preparado ante posibles oportunidades o para entrar en nuevas inversiones».

Su mayor preocupación no es el producto en sí, sino el método. Preguntado sobre el mejor consejo recibido, responde con claridad: «Lo más valioso que aprendí fue crear el hábito de, una vez que recibo la nómina, destinar una parte a la inversión».

Considera clave aprovechar que un futbolista genera ingresos elevados durante un periodo limitado: «Se trata de jugar con esa perspectiva a largo plazo y reducir la volatilidad, dado que en el fútbol se perciben altos ingresos hasta cierta edad».

Riki también nota un cambio en la conversación económica dentro de los vestuarios. «Creo que los jóvenes están más conscientes», afirma, vinculado a la evolución del entorno, la mayor disponibilidad de recursos y una oferta creciente de cursos.

Incluso defiende el papel de las redes sociales, tan criticadas por otros sectores: «Para este tema específico, son bastante útiles… abren la puerta a cualquiera para convertirse en inversor».

Entre el terreno de juego y las finanzas, Riki se proyecta como alguien que aspira a alcanzar la élite sin perder de vista el futuro. Su mensaje para otros deportistas apunta en esa dirección: adoptar hábitos, formarse y comprender que el verdadero éxito es que, al terminar la carrera futbolística, el dinero también esté trabajando para uno mismo.

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