El impacto del motor Honda en Aston Martin: del sueño de la Fórmula 1 a las limitaciones del 107% en Australia

Los ingenieros de Honda, durante los test de pretemporada de Baréin. Fernando Alonso y Stroll podrían verse impedidos de participar en Melbourne si sus tiempos en la Q1 exceden el 107% de la vuelta más rápida.

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El invierno que debía consolidar a Aston Martin como un candidato firme al título se ha transformado en una incómoda cuenta regresiva hacia Melbourne. Las fallas en el motor Honda, el escaso kilometraje y las dudas sobre el rendimiento han situado al equipo de Silverstone en una situación impensada hace meses: afrontar el primer Gran Premio con la norma del 107% como espectador obligado.

Los ensayos en Barcelona y Baréin han mostrado una imagen preocupante. El AMR26 fue noticia más por sus interrupciones en pista que por sus registros, con días en que Fernando Alonso sólo pudo completar series cortas antes de que la unidad de potencia fallara.

Por ejemplo, en Baréin, el piloto asturiano quedó detenido en la salida de la curva 4 tras experimentar pérdida de potencia, acumulando apenas 28 vueltas en esa tanda y sin oportunidad de efectuar una simulación de carrera adecuada.

Honda, lejos de ocultar la situación, ha reconocido públicamente que su motor para 2026 enfrenta problemas tanto de fiabilidad como de falta de potencia esperada. La compañía nipona admitió dificultades en el bloque térmico y en la gestión de batería, lo cual provocó que el AMR26 permaneciera en el garaje por prolongados períodos y obligó incluso a limitar la actividad por escasez de piezas.

El balance es contundente: Aston Martin, junto con Cadillac, ha sido el equipo con menos vueltas completadas en toda la pretemporada, quedando muy por detrás del volumen de trabajo acumulado por Ferrari, Mercedes o McLaren.

La carencia de potencia en el motor obliga a reducir la velocidad máxima, disminuyendo el flujo de aire sobre el monoplaza, complicando la refrigeración y elevando el riesgo de nuevas averías.

Riesgo de no competir

En esta coyuntura surge la regla del 107%, habitualmente asociada a escuderías de menor rendimiento. Según esta norma, en la Q1, cualquier piloto cuyo mejor tiempo supere el 107% de la vuelta más rápida no está autorizado a tomar la salida, salvo que los comisarios verifiquen que ha mostrado ritmo suficiente en otras sesiones.

Este reglamento, instaurado en 1996 para evitar que vehículos extremadamente lentos comprometan la seguridad, fue reintroducido en 2011. Desde ese momento, el caso más emblemático es el de Hispania, que fue excluido de la parrilla en Australia por no alcanzar el mínimo de rendimiento requerido.

Que Aston Martin aparezca actualmente ligada a la regla del 107% evidencian la dificultad en la que se encuentra el proyecto. El déficit estimado ronda el 5% respecto a los mejores tiempos, una diferencia que, aplicada en un circuito como Albert Park, deja muy poco margen de error si el coche no demuestra una mejora significativa entre los test y la primera clasificación.

Es cierto que la FIA puede aplicar cierta flexibilidad en esta norma ante contextos de cambios reglamentarios, pero que un equipo concebido para ganar dependa de la benevolencia de los comisarios supone, al menos, un golpe simbólico sumamente duro.

Ingenieros y mecánicos de Aston Martin en el garaje del equipo durante los test de Baréin.

Ingenieros y mecánicos de Aston Martin en el garaje del equipo durante los test de Baréin. Europa Press

Además, Australia llega en un momento crucial para el calendario técnico. Poco después del primer Gran Premio, los fabricantes deberán homologar sus unidades de potencia, lo que congela la mayoría de los componentes clave del motor durante varios meses.

Lo que Honda no consiga perfeccionar antes de esa fecha se convertirá en un lastre difícil de solucionar, pudiendo sólo realizar ajustes de fiabilidad con el tiempo, pero sin modificaciones radicales en el diseño.

Última esperanza

En este panorama aparece el sistema ADUO, un mecanismo de equilibrio diseñado para evitar que algún motorista quede muy rezagado en esta nueva era híbrida. Si tras los primeros Grandes Premios se detecta un déficit de rendimiento superior al 3%, el reglamento permite más horas de banco de pruebas y cierto margen adicional de desarrollo para el fabricante afectado.

Esta puede ser la tabla de salvación que buscan en Silverstone y Sakura, aunque sus beneficios se notarán a medio plazo: la evaluación que activa estas ayudas no se realizará hasta avanzado el calendario, cuando ya se hayan disputado las carreras de Australia, China e incluso Japón.

Mientras tanto, Lawrence Stroll intenta mantener la narrativa del «megaproyecto». En años recientes, Aston Martin ha construido una fábrica completamente nueva cerca de Silverstone, ha invertido significativamente en un túnel de viento avanzado y ha contratado expertos de alto nivel en aerodinámica y motores, destacando a Newey como el líder de esta mejora.

Sobre el papel, el paso de equipo cliente de Mercedes a una estructura de fábrica con Honda era la pieza faltante para competir por campeonatos pronto; Sin embargo, ver cómo este plan se tambalea desde el inicio de 2026 no coincide con el relato vendido a patrocinadores e inversores.

El paralelismo con McLaren-Honda es inevitable, pese a contextos distintos. Entonces también se habló de un proyecto a largo plazo, sinergias tecnológicas y un ciclo ganador que nunca despegó. Ahora, Alonso vuelve a estar en el epicentro de una alianza con Honda que comienza muy por debajo de lo esperado, mientras el paddock se pregunta si Aston Martin evitará que esta historia se repita.

Aston Martin ha edificado su proyecto en la aspiración de rivalizar con Red Bull, Ferrari y Mercedes. Sin embargo, a días de Australia, la prioridad cambia: de luchar por la pole a evitar quedar fuera por superar el 107%, la línea divisoria entre los líderes y los que pelean por simplemente mantenerse. En esa fina frontera entre ambición y realidad se medirá el verdadero coste del motor Honda para el equipo verde en este inicio de ciclo.

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