Su forma octogonal, vinculada a la inauguración de la presa en 1907, continúa marcando el paisaje de la Sierra de Guadarrama más de un siglo después
- Este embalse en la Comunidad de Madrid tiene un 79,47 % de su capacidad y permite el acceso gratuito
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Algunas construcciones parecen surgir de un espejismo. La Torre de Santillana, llamada la singular Torre de Belén madrileña, se eleva en el embalse de Santillana, en Manzanares el Real, exhibiéndose como si flotara sobre las aguas, en pleno corazón de la Sierra de Guadarrama. Su figura estilizada y su estética neogótica de estilo isabelino desconciertan a quienes la descubren entre montañas y reflejos azules.
Un referente neogótico en el embalse de Santillana
La historia arranca en 1907, cuando el rey Alfonso XIII inauguró el entonces embalse de Manzanares el Real, una iniciativa impulsada por Joaquín Arteaga y Echagüe, marqués de Santillana y duque del Infantado. La presa formaba parte del plan para establecer la primera red hidroeléctrica en Madrid y para controlar el cauce del río Manzanares. Como complemento monumental de esta obra, se construyó esta torre octogonal de 35 metros de altura, tallada en granito y diseñada para establecer un diálogo visual con el cercano Castillo de Manzanares el Real.
El transcurso del tiempo modificó el entorno. A finales de los años sesenta, bajo la administración del Canal de Isabel II, se levantó una nueva presa, de mayor altura y capacidad, ocasionando que el muro original quedara bajo el agua. La base de la torre quedó parcialmente cubierta, reforzando la impresión de fortaleza emergiendo desde el embalse. Actualmente, el embalse de Santillana alcanza un 94,19 % de su capacidad, según datos de embalses.net, lo que aumenta aún más la sensación de torre suspendida sobre la superficie del agua.
Patrimonio Natural situado a 50 kilómetros de Madrid
La torre, inspirada en modelos góticos ligados al arquitecto Juan Guas y con detalles decorativos como bolas de piedra y el escudo del Real de Manzanares, fue concebida como un conjunto cohesionado junto al castillo. En un momento, se habilitó una pasarela para acceder al interior durante su etapa como museo, aunque hoy permanece cerrada y no es accesible al público, lo que añade un aura de misterio.
A apenas 50 kilómetros de la capital, este sitio forma parte de un área declarada Patrimonio Natural, visitada por senderistas y amantes del entorno que recorren La Pedriza o exploran las rutas junto al embalse. Desde la orilla, la Torre de Santillana mantiene su atractivo: un guiño arquitectónico que remite a la Torre de Belém en Lisboa, pero con un carácter madrileño y los pies —literalmente— sumergidos en la historia hidráulica de la región.
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Algunas construcciones parecen surgir de un espejismo. La Torre de Santillana, llamada la singular Torre de Belén madrileña, se eleva en el embalse de Santillana, en Manzanares el Real, exhibiéndose como si flotara sobre las aguas, en pleno corazón de la Sierra de Guadarrama. Su figura estilizada y su estética neogótica de estilo isabelino desconciertan a quienes la descubren entre montañas y reflejos azules.

