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- 21 febrero 2026
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En 1987, el conductor del programa de la BBC Desert Island Discs afirmó que, si quisiera, Robert Maxwell podría transformar su vida en un éxito televisivo para Hollywood.
Probablemente estaba en lo cierto, ya que la trayectoria de quien en ese momento era cabeza de un imperio editorial global, confirma la idea de que la realidad suele superar a la ficción.
Lo que aún no se intuía en ese tiempo era que los últimos episodios de esta historia, lejos de ser felices, serían profundamente sombríos.
El nombre Maxwell quedaría manchado por escándalos, no solo por las acciones del magnate mediático, sino también por las actividades de su hija favorita, Ghislaine, quien fue pieza clave en la red de explotación sexual de menores relacionada con Jeffrey Epstein.
Sin embargo, eso aún estaba por venir. En el instante de esa entrevista con la BBC, aún se trataba de un relato en el que el protagonista pasaba de la pobreza a la riqueza, tal como expresó el presentador.
"Nació en Checoslovaquia, hijo de un campesino. Sirvió como oficial en el ejército británico y fue condecorado por su valor. Fue diputado, posiblemente el único en la Cámara de los Comunes capaz de hablar nueve idiomas", detalló.
"Actualmente, se le reconoce como uno de los empresarios más formidables —añadió—. Se ha dicho, en términos empresariales, que es un jugador de alto nivel, con los medios y el coraje para aventurarse donde otros ni siquiera se atreven".
Todo ello era cierto y gran parte sigue siendo válido.
No obstante, cinco años después, tras la misteriosa muerte de Maxwell en el mar, emergieron escándalos que terminaron por destruir su prestigio.
Desde entonces, su nombre suele ir acompañado del término "deshonrado".
Un joven llamado Jan
El Maxwell que el público conoció parecía inconcebible a la luz de las carencias de su infancia.
Nació en extrema pobreza en Slatinske Doly, un poblado en los montes Cárpatos de la antigua Checoslovaquia, el 10 de junio de 1923.
Sus padres, judíos ortodoxos, lo llamaron Jan Ludvik Hoch. Creció en una choza de una estancia y era uno de siete hermanos que debían compartirlo todo, incluso los zapatos.
"Recuerdo que casi siempre tenía hambre. Mi madre hizo lo imposible con lo poco que teníamos. Solo completé tres años de escuela primaria", confesó a la BBC.

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Sin embargo, poseía un notable talento para las lenguas.
Además de su idioma natal, el yiddish, y los propios de su zona -checo, rumano, húngaro y eslovaco-, llegaría a dominar francés, alemán, ruso e inglés con fluidez.
Esa habilidad fue clave cuando, aún adolescente, se unió a la resistencia contra el nazismo, realizando misiones que lo llevaron a ser detenido por las autoridades húngaras, alineadas entonces con Hitler.
"Me torturaron y me sentenciaron a muerte por espionaje", relató, pero la representación diplomática francesa intercedió, declarando que debía ser juzgado como menor. En el trayecto al juicio, logró escapar.
Tras superar diversos obstáculos en la Europa ocupada, logró llegar al Reino Unido.
Allí, una empleada de tienda le enseñó inglés, que aprendió en semanas. Su idioma sorprendía a los británicos por su acento y modismos propios de la aristocracia, lo que llevó a algunos a especular que lo había aprendido de Winston Churchill, su ídolo.
Aunque era menor, se alistó en el ejército británico y participó en la última fase de la Segunda Guerra Mundial. Terminó su servicio como oficial, reconocido por su coraje y condecorado con la Military Cross.
Pero al finalizar la guerra, la alegría se tornó en tragedia al descubrir que casi toda su familia había muerto en Auschwitz.
Cambió su nombre a Robert Maxwell, más sencillo de pronunciar y menos expuesto a prejuicios en un mundo aún marcado por el antisemitismo.
La sombra de la pérdida
La tragedia familiar no terminó con la guerra.
En 1945, Maxwell contrajo matrimonio con Elizabeth Betty Maynard, una protestante francesa graduada en Literatura Francesa por la Sorbona, a quien propuso unión con cinco promesas.
"Ganaré una Cruz Militar. Formaré una familia. Haré mi fortuna. Seré primer ministro de Reino Unido. Y te haré feliz toda la vida", aseguró.
Tres promesas llegaron a cumplirse.

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Tuvieron nueve hijos. Según ambos, una de las motivaciones para tenerlos fue que Maxwell deseaba rehacer la familia que perdió en el Holocausto.
Por desgracia, dos de esos hijos murieron siendo infantes.
Karine, nacida en 1954, falleció a los 3 años por leucemia.
Y a los tres días del nacimiento de su hija Ghislaine, en Navidad de 1961, el hijo mayor, Michael, de 15 años, sufrió un accidente automovilístico al chocar contra un camión.
"Fue en ese momento cuando la familia comenzó a resquebrajarse", reveló el biógrafo y periodista John Preston, autor de Fall: The Last Days of Robert Maxwell.
Michael estuvo en coma durante los siguientes siete años de su vida.
De acuerdo con Preston, "aunque Maxwell siempre tuvo un carácter impetuoso y grandilocuente, la angustia por el coma de su hijo lo convirtió en un tirano temido, tanto en el hogar como en sus empresas".
Ciencia y política
En ese momento, Maxwell ya demostraba ser un hombre capaz de identificar empresas con potencial desaprovechado y convertirlas en negocios rentables.
Como ávido lector y autodidacta, apostó por la palabra escrita, y logró vencer.
Supo detectar oportunidades que otros ignoraban, como una editorial académica poco valorada, la compró en 1951, la renombró Pergamon Press y la convirtió en rentable.
Más aún, Maxwell llegó a ser el mayor editor de publicaciones académicas mundialmente y uno de los pioneros en la difusión internacional de investigaciones, facilitando la circulación de descubrimientos esenciales en varios campos científicos.

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Durante las décadas de 1950 y 1960, Pergamon creció de manera rápida, lo que le permitió acumular éxito y recursos para establecerse como una figura respetable en la vida pública británica.
Incluso se le propuso postularse para diputado, lo que aceptó en 1964 en representación del Partido Laborista. Ganó un escaño que ejerció durante seis años.
En el Parlamento, se destacó por promover la Ley de Aire Limpio, dirigida a reducir la contaminación urbana e industrial, y por lograr que, en las expropiaciones de tierras rurales para uso público, las compensaciones fueran pagadas a quienes trabajaban la tierra y no a sus dueños.
Sin embargo, pronto empezaron a aparecer las primeras señales de irregularidades en la gestión de sus negocios.
Un salvador con derroches
En 1969 surgieron sospechas sobre la veracidad de las finanzas de Pergamon, y Maxwell fue objeto de una investigación oficial.
Los inspectores del Departamento de Comercio e Industria (DTI) revelaron que los beneficios de la editorial dependían en gran medida de transacciones con empresas privadas controladas por la familia Maxwell.
"Aunque reconocemos las habilidades y energía del señor Maxwell, consideramos que no es alguien en quien se pueda confiar para administrar correctamente una empresa cotizada", indicaba el informe del DTI.
A pesar de esta mancha, en 1980 tomó el control de la British Printing Corporation, rebautizándola como Maxwell Communications Corporation (MCC) y reconduciéndola para transformarla en uno de los conglomerados mediáticos más potentes a nivel mundial.
En años siguientes adquirió varias editoriales y periódicos, incluyendo diarios y revistas en Reino Unido y Estados Unidos, así como activos importantes en otros países.
Estas compras incrementaron considerablemente su influencia, posicionándolo como uno de los magnates de prensa más notorios de su época, con un imperio que integraba publicaciones impresas, empresas de distribución y medios audiovisuales.
Uno de sus mayores logros llegó a mediados de los años 80.

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Maxwell había intentado durante tiempo hacerse con control de un periódico nacional, pero perdió dos veces contra el magnate australiano Rupert Murdoch, quien adquirió los tabloides The Sun y News of the World.
En 1984 logró su objetivo comprando Mirror Group Newspapers (MGN).
Fue recibido como el salvador del Daily Mirror, que pese a ser uno de los principales tabloides británicos enfrentaba problemas: circulación en baja, pérdidas y rezagos frente a sus competidores.
A diferencia de los periódicos de Murdoch, el Daily Mirror no se había adaptado a las nuevas tendencias del mercado, caracterizadas por un sensacionalismo más agresivo y un marketing visual más potente.
Maxwell se propuso renovar el estilo y modernizar la planta impresora. Bajo su mando, el Daily Mirror se convirtió en un diario más rentable, capaz de competir frente a The Sun.
En 1991 repitió ese papel en la redacción del estadounidense The Daily News, un trofeo en crisis que pretendía recuperar.
Días antes, el periódico había estado paralizado por meses debido a conflictos laborales violentos, con huelgas que incluso impactaron a la ciudad de Nueva York.
Tras arduas negociaciones, Maxwell llegó como un auténtico caballero blanco y fue recibido por una multitud expectante.
Esa adquisición sería su última gran apuesta en medios.

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Entre la compra del Daily Mirror y la del Daily News, Maxwell había diversificado sus negocios, incluyendo empresas educativas, escuelas de idiomas, participaciones en MTV Europa y, en 1990, el lanzamiento de The European, un periódico semanal para toda Europa.
Su meta era conquistar el título de magnate mediático más poderoso de su época, en competencia directa con Murdoch.
Obsesionado con demostrar que estaba a la altura, Maxwell realizó movimientos cada vez más arriesgados, que terminaron debilitando su imperio y precipitando su caída.
En 1991 lanzó a MGN como empresa pública, buscando recaudar efectivo ante la inminente quiebra, ya que acumulaba deudas equivalentes hoy a unos US$7.750 millones.
Pero la dimensión de su desesperación no se supo hasta después de su muerte.
Un enigma
La última vez que la tripulación del yate Lady Ghislaine escuchó de Maxwell fue en la madrugada del 5 de noviembre de 1991, cuando se quejó del calor.
Navegaban cerca de Tenerife y, horas después, al intentar despertarlo, no lo encontraron ni en su cabina ni en el barco.
Simplemente, había desaparecido.
Luego de tres búsquedas exhaustivas a bordo sin éxito, se movilizó un operativo marítimo y aéreo en la zona.
Su cuerpo fue hallado posteriormente en el mar frente a las Islas Canarias.

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Maxwell murió a los 68 años, y al principio su fallecimiento fue celebrado con obituarios que destacaban sus méritos, causando impacto.
Sin embargo, semanas después, esa conmoción se tornó en indignación cuando se descubrió un déficit de £460 millones (equivalente a unos US$1.800 millones actuales) en los fondos de pensiones de sus compañías.
El uso indebido de esos fondos fue una de las maniobras más desesperadas de Maxwell para mantener a flote sus negocios y sostener la cotización de sus acciones.
A medida que salían a la luz más detalles sobre la verdadera situación financiera y críticos denunciaban sus actos, la prensa y la opinión pública lo condenaron.
Titulares que antes lo llamaban "El hombre que salvó el Mirror" cambiaron rápidamente a "Maxwell: el ladrón".
Con este giro en la percepción pública, también aumentaron las dudas sobre la muerte de Maxwell.
Las autoridades forenses concluyeron que fue un ahogamiento accidental, señalando que el cuerpo mostraba heridas compatibles con un intento de regresar al yate.
No obstante, especulaciones sobre si cayó, saltó o fue empujado no cesaron, manteniendo el misterio incluso 35 años después.
Algunos sugirieron un intento de suicidio frustrado; otros, un asesinato por agencias de inteligencia, dado que se rumoraba que Maxwell tenía vínculos con la KGB, MI6 y Mossad.
No obstante, personas cercanas afirmaron que lo más probable era que estuviera desnudo, ebrio y simplemente se cayera.
Mientras tanto, seguían emergiendo nuevas revelaciones.
Lo que inicialmente parecía una crisis de liquidez se reveló como un déficit financiero de dimensiones enormes.
El grupo colapsó abruptamente y sus principales empresas quedaron bajo administración judicial, mientras se investigaba el destino del dinero.
Eventualmente, la mayoría de empleados afectados pudo recuperar sus pensiones, pero la confianza empresarial sufrió un daño severo.
El apellido Maxwell

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Las revelaciones también arrastraron a la familia Maxwell a una caída pública y financiera devastadora.
Los hijos Kevin e Ian Maxwell enfrentaron cargos relacionados con el colapso empresarial, aunque fueron absueltos en 1996.
Con el imperio en ruinas y aumentos en las deudas, numerosos inmuebles ligados a Maxwell fueron vendidos.
El contenido de Headington Hill Hall -la mansión familiar en Oxford que albergó fiestas con hasta 5.000 invitados de renombre- fue subastado públicamente.
Fue la imagen emblemática del colapso de una dinastía que hasta poco simbolizaba riqueza y poder.
Los bienes personales, obras de arte y objetos de lujo salieron al mercado para cubrir demandas.
La que fuera una de las residencias más lujosas del Reino Unido quedó vacía.
En la memoria colectiva, Maxwell pasó a representar la personificación de la deshonestidad corporativa.
Su familia se encontró bajo el escrutinio público y enfrentó la necesidad de reconstruir su vida.
Ghislaine, su hija preferida, buscó refugio en Nueva York.
Una década más tarde, fue condenada en Estados Unidos por su rol en facilitar el abuso sexual y tráfico de menores relacionado con Epstein, siendo sentenciada a 20 años de prisión.
Hasta ahora es la única persona condenada en ese caso.
En medio del escándalo, el nombre de Robert Maxwell volvió a sonar, evocando la sombra de un legado muy distinto al que él había aspirado.
Cuando en Desert Island Discs le preguntaron qué legado quería dejar, respondió: "Sentir que he dejado el mundo un poco mejor de lo que estaba, que he influido en algunas cosas y personas en la dirección correcta, que importó que yo hubiera nacido, vivido o muerto".

