El monumento megalítico de Extremadura reconocido por National Geographic como una «catedral de piedra» que supera en antigüedad a las pirámides egipcias

Una construcción ancestral que desafía el tiempo y supera la lógica de su era. Un coloso pétreo, anterior a las grandes culturas del Nilo, que continúa asombrando por su tamaño y significado

Foto: El monumento de piedra imprescindible de Extremadura. (Turismo de Extremadura)
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  • El monumento considerado la hermana menor de La Giralda de Sevilla no se encuentra en Andalucía, sino en esta ciudad extremeña, y esta es su historia singular

En medio de la dehesa extremeña, rodeado de encinas y a pocos kilómetros de Mérida, se levanta un monumento megalítico que National Geographic ha catalogado como una verdadera “catedral megalítica”. Con más antigüedad que las Pirámides de Egipto, este colosal bloque de granito se ha establecido como uno de los principales símbolos del patrimonio prehistórico de Extremadura y representa una parada obligatoria para quienes valoran la historia, la arqueología y los paisajes prácticamente virgenes. Su tamaño y características lo colocan en la cima del megalitismo de la Península Ibérica, atrayendo la atención tanto de viajeros como de especialistas.

Se trata del Dolmen de Lácara, ubicado entre Aljucén y La Nava de Santiago, próximo a la carretera EX-214. Este sepulcro de corredor, construido a finales del Neolítico o durante el Calcolítico —entre 3.000 y 4.000 años antes de Cristo—, alcanza una longitud aproximada de 25 metros incluyendo vestíbulo, corredor y cámara funeral. En su interior, la cámara mide cerca de cinco metros de diámetro, cubierta originalmente por una gran losa que hoy se encuentra fragmentada. Reconocido como uno de los mayores dólmenes de corredor en la península ibérica, su estado de conservación general sigue siendo notable a pesar del paso del tiempo.

Una maravilla de la ingeniería prehistórica en la dehesa

El acceso al Dolmen de Lácara es cómodo: después de estacionar en un área habilitada, los visitantes recorren a pie un sendero señalizado de alrededor de un kilómetro, sin desniveles y con paneles interpretativos a lo largo del camino. La estructura destaca por sus ortostatos, que son grandes bloques verticales de granito que superan los cinco metros de altura y que sostenían la cúpula, hoy en gran parte desaparecida. Inicialmente, todo el monumento permanecía enterrado bajo un túmulo de tierra y piedras con un diámetro exterior entre 30 y 35 metros, reforzado por un anillo perimetral de grandes rocas que aún pueden observarse en el entorno.

Las excavaciones arqueológicas confirmaron su función como cámara funeraria durante el Calcolítico y la Edad del Bronce. En el interior se encontraron puntas de flecha, cuchillos de sílex y restos óseos incinerados a temperaturas de entre 500 y 600 °C, además de fragmentos de ocre con un fuerte valor simbólico. Asimismo, el corredor, que mide unos 20 metros, está orientado hacia la salida del sol en una fecha concreta, permitiendo que la luz entre hasta la cámara. Esta precisión indica una planificación avanzada y la movilización colectiva necesaria para construir uno de los mayores logros de la ingeniería del Neolítico final en Extremadura.

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