El icónico monumento feminista de Cataluña que alberga la momia de un niño y merece ser visitado al menos una vez

Sobre un espolón rocoso rodeado por las aguas del pantano de Sau se alza uno de los enclaves más singulares del románico catalán, un monasterio nacido entre la leyenda y la iniciativa femenina

Foto: Erigido en el término municipal de Les Masies de Roda, este singular monumento se alza sobre las aguas del pantano de Sau. (Google)
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El Monasterio de Sant Pere de Casserres, situado en Les Masies de Roda, emerge sobre un meandro del río Ter rodeado por el pantano de Sau y está envuelto en una leyenda medieval que relata profecías, reliquias y la influencia femenina en la Cataluña del año 1000.

Existen lugares que parecen detenidos en el tiempo. En un espolón rocoso, rodeado de agua por tres lados cuando el pantano está lleno, se alza una silueta de piedra gris que domina el entorno con una calma casi sobrenatural. El camino forestal que lleva hasta allí, impregnado de aromas a tomillo y humedad, actúa como antesala de un sitio donde historia y tradición oral se funden con notable intensidad.

La tradición narra que un niño, descendiente de los vizcondes de Osona y Cardona, habló a los tres días de nacer para prever su pronta muerte y ordenar que su cuerpo fuera colocado sobre una burra ciega. El monasterio debía levantarse donde el animal se detuviese, bajo la advocación de San Pedro. Ese animal, según relata la tradición, se paró en este promontorio sobre el Ter. Durante siglos se veneró la momia conocida como Sant Infant, llegando incluso a bajar su arca al río en tiempos de sequía.

Un monasterio impulsado por mujeres en el año 1000

Más allá del relato legendario, los registros históricos sitúan el origen del monasterio en el año 1005, momento en que Ermetruit, vizcondesa de Osona y viuda de Guadall II, promovió la fundación del cenobio sobre la antigua capilla del castillo de Casserres, que ya se mencionaba en 898 como punto defensivo. Su nuera Engúncia colaboró en la iniciativa hasta la consagración de la iglesia a mediados del siglo XI.

Este impulso femenino convierte al conjunto en un caso poco común dentro del románico catalán. El templo, con sus tres naves y ábsides semicirculares, incluye elementos decorativos como ventanas ciegas y frisos dentados. Destaca que la iglesia es más ancha que larga, característica infrecuente, y que el campanario solo cuenta con dos pisos.

Decadencia, restauración y visitas

Tras fases de estabilidad bajo el amparo de linajes como los Savassona y los Tavertet, el monasterio perdió rango y pasó a depender de Cluny en 1079. Las hambrunas, guerras y epidemias, incluida la peste negra de 1348, marcaron el inicio de su declive. Ya en el siglo XIX fue utilizado como granja y vivienda, hasta las restauraciones promovidas en el siglo XX.

Horarios y precios

Actualmente, el Monasterio de Sant Pere de Casserres ofrece visitas guiadas en catalán, castellano, francés, inglés, alemán e italiano, y organiza eventos culturales como el Festival de verano de Sant Pere de Casserres, que se celebra los sábados de julio. El horario varía según la temporada: desde el 1 de febrero al 30 de abril y del 15 de septiembre al 30 de diciembre, permanece abierto de miércoles a sábado de 11:00 a 16:30 y los domingos de 11:00 a 15:00; del 1 de mayo al 14 de julio, el horario los sábados se extiende hasta las 17:00; y del 15 de julio al 14 de septiembre está abierto de miércoles a sábado hasta las 18:00 y los domingos hasta las 17:00.

La entrada general cuesta 5 euros, la reducida tiene un coste de 3 euros —destinada a mayores de 65 años, portadores del Carnet Jove, familias numerosas o monoparentales, grupos de 20 personas, docentes y personas con certificado de discapacidad— y los grupos escolares pagan 2 euros. El acceso es gratuito para menores de 7 años, docentes acompañantes, miembros del ICOM y residentes en Les Masies de Roda. Desde el mirador del Ter, la vista panorámica del monasterio sobre el meandro confirma su estatus como un enclave singular del románico catalán.

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El Monasterio de Sant Pere de Casserres, en Les Masies de Roda, se alza sobre un meandro del río Ter rodeado por el pantano de Sau y envuelto en una leyenda medieval que habla de profecías, reliquias y poder femenino en la Cataluña del año 1000.

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