Diferencias en la izquierda: Sumar mantiene posturas fijas mientras Rufián propone revisar dogmas sobre inmigración y seguridad

Rita Maestre, Lara Hernández, Antonio Maíllo, Mónica García y Ernest Urtasun, durante el acto de Sumar celebrado este sábado en Madrid.

El evento de Sumar en Madrid se caracterizó por los llamados a la unidad de la izquierda frente al avance de la ultraderecha, sin que se debatieran ideas ni se criticara al PSOE.

Gabriel Rufián y Emilio Delgado abordaron temas polémicos dentro de la izquierda relacionados con la inmigración, la seguridad ciudadana y el uso del burka, poniendo en cuestión dogmas previamente establecidos.

Algunas corrientes de la izquierda reconocen haber perdido conexión con los barrios obreros y las zonas rurales, y tratan de recuperar ese electorado alejándose de las políticas etiquetadas como «woke».

Se observan discrepancias internas acerca de cómo tratar los asuntos de seguridad e inmigración, con referencias a casos en otros países europeos donde la izquierda ha adoptado posturas más firmes para proteger el Estado de bienestar.

Ni Yolanda Díaz, ni Gabriel Rufián, ni su compañero madrileño Emilio Delgado. Tampoco ningún dirigente de Podemos, quienes permanecen más allá de la radicalidad. Ya han avanzado a otra etapa.

Había más expectativas que contenido en el encuentro de este sábado en Madrid, destinado a presentar el relanzamiento del proyecto político de Sumar, con la mira en las próximas elecciones generales.

No se mencionaron siglas ni liderazgos. Tampoco surgieron debates sobre ideas.

Sin embargo, hubo constantes llamados a la unidad sin exclusiones (motivados por las negativas perspectivas reflejadas en las encuestas para este espacio político) y mensajes cada vez más urgentes sobre el crecimiento de la extrema derecha.

Tanto Mónica García (Más Madrid) como el ministro Ernest Urtasun (Comunes) coincidieron en el mismo discurso: «No cerramos la puerta a nadie» que quiera unirse a su proyecto.

Esta invitación podía dirigirse tanto a Podemos (cuyos portavoces ya rechazaron la iniciativa), como a Gabriel Rufián, a quien Moncloa apoya para que asuma el liderazgo de este espacio político, último recurso en la cuenta regresiva electoral.

Fue muy relevante que, horas después, Pablo Echenique utilizara el sarcasmo para comentar la ausencia de «críticas al PSOE» durante el «acto de presentación de Sumar 2.0».

Sin debates ideológicos, el evento del sábado estuvo dominado por consignas sobre el avance de la extrema derecha, en un tono que se fue tornando más preocupante.

La ministra Mónica García señaló que el aumento de Vox no se debe a la izquierda, sino al «fascismo latente desde el franquismo, así como al PP, que ha adoptado ideas ultra».

«Somos los herederos del No pasarán», concluyó, recordando el lema de la Guerra Civil.

El coordinador federal de Izquierda Unida (IU), Antonio Maíllo, advirtió que «no se combate al fascismo, al autoritarismo y a la reacción solo con la frase abstracta del ‘que vienen'».

«Porque», afirmó, «si repetimos tantas veces ‘que viene el lobo’, cuando realmente llegue ya estaremos agotados. Se combate atacando las raíces de la desigualdad».

Por lo menos, el enfrentamiento entre Gabriel Rufián y el diputado de Más Madrid Emilio Delgado el miércoles tuvo el mérito de cuestionar algunos dogmas recientes de la izquierda acerca de inmigración, seguridad ciudadana, el uso del burka, el acceso a la vivienda y la llamada política woke.

«Hemos fallado«. La declaración de Gabriel Rufián parece anticipar un cambio ideológico que comienza a sugerir un sector de la izquierda española. La realidad: Vox crece, en parte, gracias a haber atraído a ciertos segmentos de jóvenes y trabajadores.

Frente a la postura cerrada mostrada este sábado por Sumar, las palabras de Rufián y Delgado parecieron un intento honesto de corregir errores que alejaron a la izquierda de sus votantes.

Delgado advirtió que la izquierda falla al negarse a tratar algunos debates, como la seguridad en los barrios, lo que permite a Vox presentarse como el único partido capaz de solucionar ese problema.

Fue especialmente ovacionado cuando afirmó que «a la izquierda a veces le da vergüenza hablar de seguridad. Hay barrios donde los niños no pueden salir a la calle por los problemas existentes. Quien niegue esto es porque nunca ha vivido en un barrio así».

¿Pero son Delgado y Rufián una excepción? Para nada.

En Noruega, Suecia y Dinamarca, los socialdemócratas están endureciendo sus políticas migratorias y de asilo porque «pretenden proteger el Estado de bienestar«.

En esos países, los partidos socialdemócratas mantienen su fuerza y la ultraderecha se mantiene en porcentajes más bajos que en otros estados de la UE.

Los laboristas británicos intentaron replicar esta estrategia, pero tardíamente y sin éxito. Las encuestas los reflejan en un colapso histórico, con posibilidad de ser superados por los Verdes.

En esa dirección, Emilio Delgado solicitó el miércoles que la seguridad no se asocie únicamente con la represión.

Al día siguiente, la portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, Isabel Pérez Moñino, le respondió irónicamente en el Pleno: «¡Bienvenido a la extrema derecha

Delgado terminó siendo expulsado del Pleno por insistir en pedir un turno de réplica.

La portavoz del PP Ester Muñoz también se burló del giro de la izquierda en estos temas.

La realidad es que, tras años sin cuestionar las políticas de seguridad o inmigración, la izquierda comienza a mostrar cambios.

Un ejemplo: en el reciente Pleno del Congreso que aprobó la ley de multirreincidencia, ERC se abstuvo, a pesar de lamentar que algunos delincuentes «entran por una puerta y salen por la otra» de la Comisaría. Mientras tanto, Sumar criticaba que se castigue a los «robagallinas».

Desde hace meses, Rufián sostiene que la izquierda requiere «un discurso sobre el fenómeno migratorio», que contemple «integración, convivencia» y una palabra que la izquierda ha evitado durante años: «orden».

Este miércoles reiteró que deben existir «derechos y obligaciones». Un caso: el burka.

El separatista lo calificó de «salvajada» y «animalada». «Si somos una izquierda laica real no podemos permitir que se invisibilice a las mujeres de esa manera (…) Debemos defenderlo, sin complejos, sin que nos llamen racistas», concluyó.

Rufián pronunció estas frases 24 horas después de que ERC votara en contra de la propuesta de Vox de prohibir el burka y el niqab en espacios públicos.

El martes, el portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López, defendió que el debate sobre los velos integrales es complejo porque hay quienes consideran su uso «libertad religiosa«.

Poco después, la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, equiparó en TV3 el capirote de los nazarenos en Semana Santa con el burka, calificando ambos como «fanatismo religioso».

Aunque la izquierda rechazó la propuesta de Vox, la prohibición del burka podría avanzar. El PSOE ahora está dispuesto a apoyar una proposición similar de Junts. La diferencia radica en que se argumenta por motivos de seguridad ciudadana y no por discriminación de género.

¿Adiós a lo woke?

Después de décadas con políticas denominadas «woke» y posturas próximas a minorías, cierto sector de la izquierda busca reconquistar a las clases trabajadoras como en buena parte del siglo XX.

«Queremos recuperar la conexión», aseguró el miércoles Emilio Delgado, quien resaltó sus raíces «de barrio» (es concejal en Móstoles). Un discurso semejante al de Rufián, quien creció y fue candidato sin éxito a la Alcaldía de Santa Coloma de Gramanet.

Esto los distingue de otros líderes de la izquierda provenientes de clases medias o altas, como Iñigo Errejón, Rita Maestre, Pedro Sánchez o Mónica García.

Delgado manifestó su descontento con la tendencia de la izquierda a mofarse de canis o chonis.

Lo ejemplificó citando al político inglés Owen Jones, quien en su libro Chavs critica cómo, en eventos progresistas, está prohibido bromear sobre minorías étnicas o sexuales, mientras que las burlas hacia chonis y jóvenes de barrios populares son recurrentes. Una explicación de por qué la izquierda está perdiendo el apoyo en esos barrios.

Sus declaraciones a El Diario fueron aún más polémicas, donde lamentó que la izquierda ha «invisibilizado lo que siempre fue visible», refiriéndose a la heterosexualidad, para hacer visible «lo que antes estaba invisibilizado».

También afirmó que «muchos hombres creen que para ser feministas deben renunciar a su propia masculinidad». Horas después, pidió disculpas tras recibir críticas dentro de Más Madrid y el PSOE.

En su intervención en la sala Galileo Galilei, ni Rufián ni Delgado mencionaron las políticas de género o LGTB, aunque el madrileño abrió otro tabú al reconocer que la izquierda pierde apoyo en el medio rural.

«No estamos llegando a ese sector», lamentó. Y concluyó: «No me importa si a un señor le gusta la caza o no. Yo detesto la caza, pero si coincide conmigo en exigir buenos servicios públicos, rechazo la corrupción y desea más democracia, quiero contar con esa persona. Lo quiero en mi equipo. No quiero entregárselo a Vox».

Rufián, por su parte, reconoció la falta de avances en materia de vivienda: «Hemos fracasado».

Desde hace tiempo, el elevado precio de la vivienda es un tema recurrente en el discurso de la izquierda, que empieza a reconocer que la ley pactada entre el PSOE y sus socios en la última legislatura no logró solucionar el problema. Para atacarlo, Rufián pidió mayor intervención estatal y «multiplicar los impuestos» a quienes compren para especular.»

Por su parte, el PSOE prefiera otras estrategias rechazadas por Sumar, como ofrecer incentivos fiscales a los propietarios que no aumenten el alquiler a sus inquilinos.

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