Las derrotas sufridas en Aragón y Extremadura profundizan la caída del PSOE en el último ciclo electoral: solo consiguió victorias en cuatro comunidades autónomas. En 2015 obtuvo 369 escaños autonómicos, mientras que actualmente mantiene únicamente 336.

Emiliano García-Page solicitando un adelanto electoral para las generales y la secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró, acusándole ayer de «adoptar el marco del PP». El alcalde de Mérida abriendo la posibilidad de negociar con el PP. Felipe González anunciando que no votará por el PSOE si Pedro Sánchez es cabeza de lista, y los ministros adoptando una postura defensiva. Una figura clave de La Moncloa criticando a un sector dentro de una federación socialista, mientras una excompañera le da la espalda apoyada por otras caras del núcleo duro del Gobierno. Todo esto ha ocurrido recientemente, tras el nuevo tropiezo del PSOE en Aragón y el fuerte varapalo en Extremadura.
Ambas derrotas colocan a los socialistas en sus niveles más bajos de poder territorial. La constante pérdida de representación que atraviesa el partido está provocando inquietud interna, evidenciada en los recientes enfrentamientos públicos, y dejando ver la tensión que atraviesa la formación ante un ciclo electoral iniciado con varias federaciones autonómicas y municipales temiendo el desgaste de Sánchez. Esta situación responde a la notable sangría territorial: más de 1.500 concejales socialistas perdieron sus cargos municipales en mayo de 2023, y desde la pandemia, 28 dirigentes del PSOE han dejado de ser diputados autonómicos. De las últimas 26 elecciones autonómicas, han sufrido derrota en 20, empatado en una y solo se han impuesto en tres comunidades. Solamente Castilla-La Mancha, Asturias y Cataluña han escapado de esta tendencia a la baja.
Es necesario retroceder una década para encontrar al PSOE en una situación parecida. Pocos meses después de que Pedro Sánchez asumiera por primera vez la Secretaría General del partido, las elecciones andaluzas de marzo de 2015 dieron inicio a un ciclo electoral desfavorable para los socialistas: perdieron diputados en 12 comunidades autónomas, se mantuvieron en tres, y aumentaron su representación solo en dos. De las 17 citas electorales autonómicas celebradas desde marzo de 2015 hasta septiembre de 2016, el PSOE fue la fuerza más votada en solo tres. Diez años después, en la última tanda de comicios territoriales, los socialistas han reducido su número de escaños en 11 comunidades, aumentado en cinco y mantenido sin cambios una. Además, solo en cuatro autonomías fueron primera fuerza, cuando en el ciclo previo ganaron en doce. El panorama se aproxima así al que existía una década atrás en número de parlamentarios -336 actualmente frente a 313 a finales de 2016-, pero con una diferencia que agrava la situación: hace diez años, la izquierda alternativa reunía 213 diputados autonómicos, mientras que ahora solo suman 89.

En las elecciones autonómicas de Aragón del pasado 8 de febrero, los socialistas perdieron cinco escaños. Otros diez cayeron en las elecciones de Extremadura de diciembre, mes y medio antes. Estas dos citas sólo han profundizado la racha negativa que acumula el PSOE en la ronda electoral autonómica iniciada en febrero de 2022 con los comicios en Castilla y León. Desde entonces, en España se han celebrado 19 convocatorias electorales en diversas comunidades: el PSOE solo fue la fuerza más votada en cinco ocasiones, mientras que en 13 redujo el número de parlamentarios. Las victorias electorales correspondieron a Asturias, Castilla-La Mancha, Canarias, Cataluña y Extremadura (en mayo de 2023, cuando empató en la primera posición con el PP). Solo en Cataluña lograron aumentar sus escaños (+9 en las elecciones de 2024). También crecieron en Cantabria (+1), Madrid (+3), Comunidad Valenciana (+4) y País Vasco (+2), aunque en otras autonomías perdieron un total de 51 escaños, con una pérdida neta de 32 escaños.
Las derrotas en Aragón y Extremadura colocan a los socialistas en sus niveles más bajos de poder territorial
Si se toma como referencia la pandemia, de las 26 convocatorias electorales celebradas en España desde entonces -incluyendo generales, municipales y europeas-, el PSOE ha sido el partido más votado en menos de una cuarta parte (seis) de ellas, mientras que en más de la mitad (15) ha visto reducir su representación, acumulando una pérdida total de 64 cargos. En contraste, mejoró sus resultados en ocho citas electorales —dos en Cataluña y dos en País Vasco—, ganando 36 escaños autonómicos y un diputado nacional. El balance es positivo en el Congreso, pero negativo en los territorios, donde el partido cosecha una pérdida neta de 28 representantes.
Esta notable pérdida de escaños, intensificada en el último ciclo electoral, sitúa al PSOE en su mínimo de poder territorial desde la pandemia, con tan solo 336 parlamentarios autonómicos, cifra similar a la registrada hace una década cuando Sánchez asumió la dirección del PSOE, que durante esos años osciló entre 300 y 369 escaños territoriales.
No obstante, en aquella época la caída del PSOE quedaba compensada por la fuerza de los partidos a su izquierda —fue el periodo de mayor auge de Podemos—, de modo que el bloque progresista mantenía su influencia a pesar del declive del PSOE. De hecho, fue en ese periodo cuando la izquierda alcanzó su mayor número de diputados autonómicos: un total de 527 votos combinados entre socialistas, Podemos, Izquierda Unida y otros partidos regionales de ese espectro. Actualmente, sin embargo, ese total ha descendido a 425, el nivel más bajo en la era Sánchez dentro del PSOE, representando una pérdida conjunta de 102 diputados para la izquierda.
La suma con la izquierda en las comunidades está hoy en el mínimo
Hasta 2021, PSOE y fuerzas a su izquierda actuaban como un contrapeso en las autonomías: cuando uno crecía, el otro perdía diputados en una proporción similar. Sin embargo, en la última ronda electoral autonómica, este patrón que permitía a la izquierda preservar su capacidad de gobierno ha desaparecido. O bien los socialistas y los partidos de su izquierda caen simultáneamente —como ocurrió entre 2022 y 2023—, o la izquierda alternativa crece menos que la pérdida del PSOE, fenómeno que se ha dado en los últimos comicios. Por tanto, el voto que abandona el partido de Sánchez está virando parcialmente hacia opciones de derecha.
Como consecuencia, los socialistas gobiernan actualmente en solo cinco territorios —Asturias, Castilla-La Mancha, Cataluña, Navarra y País Vasco— además del Ejecutivo central. A finales de 2016, tras la primera ronda de elecciones autonómicas con Sánchez como secretario general, el PSOE dirigía diez comunidades autónomas. Antes de la pandemia ocupaba puestos en 11 ejecutivos autonómicos —además de La Moncloa—, manteniéndose así hasta las elecciones de 2023. Desde entonces, la caída continua de los socialistas ha provocado que estos números ya no sean sostenibles. Mientras que en 2018 el PSOE de Sánchez se encontraba en su etapa más sólida, hoy se aproxima a un valle territorial cuyo fondo aún no está claro. Los propios miembros del partido lo perciben claramente.

