Vox vincula cualquier acuerdo con el PP en Extremadura y Aragón al resultado electoral de Castilla y León, aplazando las negociaciones hasta después del 15 de marzo.
María Guardiola, candidata del PP en Extremadura, anticipa que perderá las dos primeras votaciones de investidura debido a la negativa actual de Vox a respaldarla.
Vox demanda un reparto proporcional del poder basado en los resultados electorales, que incluya consejerías y una vicepresidencia, al tiempo que acusa al PP de preferir gobiernos en solitario.
El desempeño de Vox en Castilla y León podría afectar la firmeza de sus demandas en otras regiones, consolidando su estrategia de expansión y presión sobre el PP.
El entorno de María Guardiola ya anticipa un escenario claro: perderá las dos primeras votaciones de investidura. La primera, fijada a más tardar para el 3 de marzo, requiere mayoría absoluta; la segunda, el viernes 6, no asegura ni siquiera un mayor número de votos a favor que en contra.
La explicación es clara en las conversaciones internas de los dirigentes extremeños de Vox. «Actualmente, al 200%», el partido de Santiago Abascal mantiene un «no rotundo», según fuentes informadas sobre las negociaciones.
Los 11 diputados de Abascal son fundamentales para la reelección de Guardiola tras las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. El PP no obtuvo mayoría absoluta, por lo que la clave del Gobierno queda en manos de Vox.
Después de este primer intento fallido, arrancará el conteo parlamentario. Se dispondrá de dos meses para buscar otra investidura, y sólo Guardiola podrá intentarlo… a pesar de que Vox planea solicitar su relevo. Si no se resuelve el bloqueo, se convocarán elecciones nuevamente.
En Vox ya consideran como el «escenario más probable» ese desenlace. «Depende de ella», subrayan desde el partido, seguros de que no harán concesiones, especialmente antes de conocer el resultado en Castilla y León.
Este margen temporal permite prolongar las negociaciones, que ahora están paralizadas, hasta conocer los resultados electorales de la región más grande de España. En la práctica, eso implica no avanzar nada antes del 15 de marzo.
La táctica de Bambú consiste en condicionar todos los acuerdos autonómicos a los comicios en Castilla y León. En el PP calculan que Vox podría obtener en torno al 25% del voto allí, cifra que reforzaría la percepción de que su expansión aún no ha alcanzado su límite.
Desde Génova confían en que Alfonso Fernández Mañueco pueda frenar ese avance. Sin embargo, estas expectativas anulan cualquier motivación para permitir mayor libertad a los líderes territoriales de Vox antes de esa prueba.
El caso aragonés
En Aragón, esto se traduce en un bloqueo absoluto. Alejandro Nolasco, candidato de Abascal, no cuenta con autorización para entablar conversaciones formales con el PP regional.
Desde el equipo de Jorge Azcón ya anticipan un largo proceso. El primer paso de ese calvario será la constitución de la Mesa de las Cortes, el 3 de marzo mismo, sin negociaciones oficiales con Vox y a la espera del 15 de marzo.
En Zaragoza reconocen que la tensión sigue alta. Los populares han enviado los primeros mensajes por WhatsApp a Nolasco y a los negociadores nacionales de Vox, pero la respuesta llegará una vez que se decida en Madrid.
«Todo se decidirá en Bambú», reiteran fuentes de la negociación, reconociendo que la sede madrileña de Abascal centralizará las decisiones. En la práctica, esto mantiene a Azcón limitado en sus movimientos durante semanas.
La confrontación entre el PP, partido dominante del centro derecha, y su aliado natural de la derecha, se ha intensificado tras dos convocatorias anticipadas. En Mérida y Zaragoza, Guardiola y Azcón adelantaron las elecciones culpando a Vox por tumbar los Presupuestos y buscando «mayor estabilidad».
Guardiola aspiraba a una utópica mayoría absoluta. Azcón confiaba en una suma alternativa con los regionalistas que le diera mayor margen frente a Vox. Ninguno de ambos escenarios se ha concretado.
El escenario de CyL
Por el contrario, en ambos casos prevalece la impresión de que la tendencia ascendente de Vox se fortalece y revela que aún no ha alcanzado su punto máximo.
Castilla y León podría reforzar esta narrativa. Si Vox ratifica un buen resultado, su dirección nacional tendrá aún menos incentivos para moderar sus demandas en Extremadura y Aragón.
En el entorno de Mañueco, no obstante, identifican dos factores que podrían frenar a Abascal. «El presidente arrancó con fuerza, atacando primero y situando el debate en que Vox no sabe gestionar«, detallan fuentes populares.
El segundo factor proviene de la aparición de Alvise. «Este miércoles se oficializaron candidaturas de Alvise en todas las provincias, lo que resta dos puntos a Vox en cada una», indican, confiando que la ley electoral favorecerá al PP.
Abstención del PSOE
Mientras tanto, en Extremadura la relación se encuentra aún más deteriorada. Fuentes del PP reconocen que parece que las negociaciones «se han roto en varias ocasiones».
Este miércoles el intercambio de mensajes fue más intenso que nunca. El entorno de Guardiola asegura que las demandas reales de Vox son «aún más severas» que las filtradas a la prensa. «Ojalá todo sea transparente y con claridad», reclama un colaborador cercano a la presidenta en funciones.
Según diversas fuentes, Vox habría solicitado cuatro consejerías y una vicepresidencia. Guardiola ve esta demanda como inasumible y sostiene que Vox está empujando hacia una repetición electoral. Por su parte, Vox replica que estas versiones están «fuera de contexto» y no reflejan con precisión lo discutido en la mesa.
«Exigimos un reparto proporcional basado en los resultados del 21‑D y con capacidad real para influir en las políticas», concluyen desde Vox. «Se ha roto el acuerdo de confidencialidad», lamentan, molestos por lo que califican como filtraciones «manipuladas».
En Bambú también ha irritado la manera en la que Guardiola está gestionando los tiempos. Interpretaban que presentarse a la investidura del 3 de marzo sin acuerdo es una táctica de «presión» que no tendrá éxito. «Se estrellará y nosotros estamos muy tranquilos», comenta un alto cargo de Vox.
La idea es que cada tropiezo de la baronesa extremeña fortalece la idea de esperar. En el partido de Abascal reprochan a la líder del PP haber llegado a solicitar la abstención del PSOE. Y en su equipo lo reconocen en privado: «El PP siempre prefiere gobernar sin socios».
Desde Génova elevan esta postura a norma general. Los seguidores de Feijóo señalan que, en general, prefieren gobiernos unipartidistas antes que ceder posiciones a otras formaciones. Citan el ejemplo de Cantabria como modelo, donde el PRC de Miguel Ángel Revilla permitió al PP gobernar sin una coalición formal con Vox.
«Evidentemente preferimos no ceder poder ni consejerías a otros partidos», resumen fuentes de la dirección nacional. «Eso solo ocurriría mediante abstenciones de formaciones que reconozcan que hemos ganado y nos corresponde gobernar».
Sin embargo, ni Vox ni el PSOE consideran abstenerse «sin obtener nada a cambio». Por lo tanto, al PP le queda explorar apoyos «a cambio de algo». Es decir, negociar puestos en los consejos de Gobierno.
Con el PSOE, «obviamente, no buscamos gobernar», aclaran. «Así que la única posibilidad real es analizar el contexto político con Vox en cada Comunidad Autónoma», concluyen desde Génova.
Pero ese escenario, advierte Bambú, no se definirá ni en Mérida ni en Zaragoza antes del 15 de marzo.

