Una caminata accesible en Extremadura hacia el santuario rupestre con dos ojos reconocido como Bien de Interés Cultural

Un paseo por la dehesa extremeña conduce hasta un enclave cargado de historia, misterio y simbolismo, donde la piedra guarda secretos tallados hace siglos. Una ruta fácil que sorprende por unir naturaleza y arqueología

Foto: Un paseo sencillo hasta este santuario rupestre con dos ojos que es Bien de Interés Cultural. (Ayuntamiento de Piedras Albas)
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En el norte de Extremadura, muy cerca de la frontera con Portugal, se localiza una ruta de senderismo sencilla que combina el paisaje de la dehesa, la arqueología y un marcado componente simbólico. Se trata de un trayecto circular, prácticamente sin desnivel y adecuado para la mayoría de los caminantes, el cual lleva hasta un santuario rupestre singular tallado en granito y catalogado como Bien de Interés Cultural. Esta ruta, que supera ligeramente los cinco kilómetros, transcurre entre encinas, viejos caminos rurales y paneles interpretativos que contribuyen a situar el contexto de un entorno donde la naturaleza y la historia avanzan de manera paralela, haciendo que la caminata sea una vivencia cultural completa.

El recorrido inicia en el casco urbano de Piedras Albas y se adentra progresivamente en la dehesa hasta llegar al lugar conocido como Peña Buraca o Canchal de los Dos Ojos, situado dentro del término municipal de Alcántara. Esta imponente formación granítica destaca por dos grandes cavidades talladas en su fachada, que recuerdan la imagen de ‘ojos’ que observan el paisaje circundante del Tajo. El yacimiento abarca alrededor de cuatro hectáreas y fue declarado BIC en 2018 bajo la categoría de Zona Arqueológica, con el propósito de proteger este conjunto patrimonial de gran valor histórico y facilitar futuras investigaciones.

Un yacimiento rupestre entre historia y simbolismo

Más allá de su presencia visual, el Canchal de los Dos Ojos conserva numerosos vestigios que indican una ocupación prolongada durante la época tardorromana y altomedieval. En su alrededor se encuentra una necrópolis con tumbas antropomorfas grabadas en la roca, cistas y cubetas, además de un notable conjunto de lagares excavados manualmente, empleados durante siglos para la producción de vino y aceite. La propia peña exhibe mechinales, canaletas y rebajes destinados a encajar una cubierta a dos aguas, reforzando la hipótesis de su función como eremitorio rupestre adaptado con el tiempo.

La ruta abarca 5,6 kilómetros, con un desnivel positivo muy leve de solo 32 metros y una duración aproximada de hora y media a un ritmo relajado. Se trata de un trayecto circular que transcurre en su mayoría por caminos y senderos sin sombra, atravesando un paisaje característico de dehesa de encinas. Aunque el yacimiento está ubicado en una propiedad privada, la visita está permitida siempre que se respete el entorno. Esta propuesta se ha consolidado como una de las rutas de senderismo en Extremadura más atractivas para quienes buscan una experiencia cultural accesible, pausada y distinta en el entorno del Tajo Internacional.

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