Entre viñedos y llanuras manchegas, un rincón presume de bodegas, cuevas y tradición vinícola sin el ruido de los destinos masificados. Además, sus calles esconden una sorprendente ruta de murales inspirados en el cómic
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Entre viñedos, llanuras y un río que configura el paisaje, existe un pueblo de Cuenca que sorprende a quienes buscan enoturismo escapando de las multitudes y actividades distintas a las convencionales. Junto a las bodegas y la tradición vitivinícola, sus calles han resultado ser un itinerario visual que combina la identidad local con la cultura popular, mediante una ruta de arte urbano que atrae a cualquier viajero inquisitivo. La unión de patrimonio, museos y murales transforma la visita en una escapada completa, idónea para quienes desean explorar qué ver en la provincia más allá de los destinos usuales.
Este lugar es El Provencio, en la provincia de Cuenca, ubicado al límite con Ciudad Real y Albacete, junto a la extensa llanura del río Záncara. Su origen está vinculado a la fundación por el infante don Juan Manuel, y actualmente conserva varios puntos de interés que justifican una parada. En el pueblo sobresale la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, una pieza gótico-renacentista del siglo XVI, construida alrededor de 1560 por el maestro Juan de Orzollo. El templo fue cubierto en 1580 y, en 1997, se llevó a cabo una restauración que permitió recuperar elementos como el coro, limpiar columnas y bóveda, mientras que la torre fue levantada en una etapa posterior.
Murales de cómic, castillo en restauración y cuevas ligadas al vino
Más allá del patrimonio religioso, El Provencio ha logrado consolidarse como capital manchega del cómic. Esto se debe a sus murales: una colección de más de 40 pinturas distribuidas en zonas emblemáticas, todas relacionadas con el universo del cómic. La originalidad y la manera en que se integran en el entorno han hecho que esta ruta destaque como una de las propuestas de arte urbano más notables. Complementando este itinerario cultural, el municipio cuenta con espacios como el Museo Etnográfico, el Museo Paleolítico —que exhibe restos provenientes de yacimientos locales— y el Museo del Cómic, reforzando así su identidad distintiva.
El nexo común de la visita, sin embargo, también reside en el vino. El cultivo de la vid forma parte esencial del carácter local y explica la evolución de sus cuevas subterráneas, diseñadas para conservar alimentos y facilitar la fermentación, además de las antiguas casas-bodega y mesones donde se inició la comercialización del vino. Esta tradición se refleja hoy en propuestas de cata y degustación, con referencias como Bodega Campos Reales. A la par, otro punto de interés es el Castillo de Santiago de la Torre, que actualmente está en proceso de restauración y se utiliza con fines culturales, siendo un complemento ideal para quienes buscan una experiencia diferente en La Mancha conquense.
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