La llegada de Trump al poder, junto con el apoyo de magnates multimillonarios, impulsó una confrontación política orientada a enfrentamientos de modelo.

Septiembre de 2023. La política española está marcada por la investidura fallida de Alberto Núñez Feijóo, mientras La Moncloa negocia y establece condiciones con los partidos para conformar un bloque que permita la reelección de Pedro Sánchez. Durante esas semanas, se estrenó en España el documental Generación porno, que exploraba la educación sexual de los jóvenes españoles y el vínculo con el consumo de porno. Analizaba cómo acceden a este contenido en internet, a veces sin necesidad de clicar. El impacto de este documental se sintió en el complejo presidencial. «Tenemos que actuar. Es un asunto grave», expresó el presidente del Gobierno a su equipo. Este intento de poner límites dio lugar, dos años después, a un enfrentamiento entre el Ejecutivo y los «tecnooligarcas», con Sánchez decidido a regular las redes sociales, consideradas por él como «Estado fallido».
Esta semana, el presidente intensificó su enfrentamiento con la «tecnocasta» tras las críticas dirigidas por magnates de las redes como Elon Musk, propietario de X (antes Twitter), y Pavel Durov, fundador de Telegram. Ambos manifestaron públicamente su preocupación ante el paquete de medidas legislativas y regulatorias anunciado por Sánchez para «combatir los abusos de las grandes plataformas digitales y garantizar un entorno digital seguro», calificándolo como «una amenaza a la libertad de expresión y la privacidad».
A finales de 2023, en el edificio Semillas del complejo presidencial, donde trabaja el equipo del presidente, se estableció un grupo de trabajo bajo la supervisión del gabinete de Presidencia y con la participación de diversos ministerios. Tras la formación del nuevo Gobierno, Sánchez encomendó a Félix Bolaños, quien también asumió la cartera de Justicia, la tarea de elaborar una ley en colaboración con Juventud e Infancia. «Todo comenzó con el problema del consumo de pornografía entre jóvenes y se ha avanzado hacia cómo frenar y limitar los abusos en redes sociales», explican fuentes que han trabajado en este tema desde sus inicios.
En enero de 2024, Sánchez anunció que promovería una ley integral para la protección de menores en internet, y con este propósito Juventud e Infancia creó un comité de 50 expertos encargados de diseñar la «hoja de ruta» para asegurar un entorno digital seguro para los menores. Simultáneamente, el trabajo se canalizó en un grupo instalado en Justicia, con un enfoque más jurídico, integrado por miembros de la Comisión General de Codificación del Ministerio, órgano colegiado superior asesor que prepara textos prelegislativos y reglamentarios.
«Nos centramos en la relación entre pornografía y menores, lo cual incluye a las redes sociales. Todo empezó allí, pero el problema va más allá del acceso a la pornografía. Existen temas como acoso, impunidad, anonimato… El trabajo no ha cesado», afirman fuentes gubernamentales. «Los españoles no pueden vivir en un entorno donde tecnooligarcas extranjeros inunden nuestros teléfonos con propaganda a voluntad solo porque el Gobierno ha anunciado medidas que buscan proteger a los menores y exigir el cumplimiento de la ley», añaden fuentes de Moncloa en relación con las críticas del fundador de Telegram hacia el Gobierno.
En marzo de 2025, el Consejo de Ministros envió a las Cortes el proyecto de ley orgánica para proteger a los menores en entornos digitales. El Ejecutivo desea ahora modificar esta norma, en trámite parlamentario, para prohibir el acceso a redes sociales a los menores de 16 años en España, obligando a las plataformas digitales a implementar sistemas efectivos de verificación de edad. También planea impulsar leyes que terminen con la impunidad de los directivos, haciéndolos legalmente responsables si no eliminan contenidos ilegales reportados en sus plataformas; o tipificar como delito la manipulación de algoritmos y la amplificación de contenido ilegal.
«El presidente ha ejercido una gran presión respecto a este tema», comentan quienes trabajan en el Gobierno en esta materia. Hace un año, en el Foro Económico de Davos, ya advirtió que las redes sociales se habían transformado en un «campo de batalla amañado, plagado de manipulación, censura y falsedad» y propuso eliminar el anonimato; «abrir la caja negra de los algoritmos»; y garantizar que los directores generales de las redes rindieran cuentas. Con esa premisa, se esperaba que este año hiciera alguna alusión, pero Sánchez no pudo asistir debido al accidente ferroviario de Adamuz, que causó 46 víctimas fatales. Lo que pudo haber sido una referencia se convirtió en anuncios concretos esta semana en Dubai, durante el World Governments Summit.
Fuentes consultadas por EL MUNDO señalan que no se trató de una acción improvisada ni una maniobra para distraer la atención sobre asuntos más difíciles, sino que responde a una hoja de ruta planificada. «Más allá del choque con Musk, este es un interés personal del presidente. Cree que las sociedades deben avanzar en este sentido». «Cuando las democracias comienzan a establecer orden, los dueños de las redes se inquietan. Reafirmamos estar del lado correcto de la historia al exigir a los tecnooligarcas que retiren sus sucias manos de los móviles de nuestros menores», defendió Sánchez el viernes.
El retorno al poder de Donald Trump y el respaldo de empresarios multimillonarios, con Musk como exponente principal, estimularon esta confrontación política, que busca un enfrentamiento de modelos. En el último año, Sánchez ha intentado proyectar una imagen de líder político que desafía a los poderosos de internet, aunque muchas veces esta postura sea más declarativa o política, dado que la autoridad y las herramientas residen en la Comisión Europea. Sin embargo, La Moncloa ha logrado establecer un marco de confrontación contra una «tecnocasta» que, mediante «abusos» e «injerencias», utiliza las redes para controlar el debate público y la acción gubernamental en todo Occidente. Este pulso, según la experiencia de los socialistas, incentiva y moviliza a sus seguidores. Frente a un panorama nacional complicado, convertido en un campo minado, Sánchez encuentra en el ámbito internacional una vía de escape para disputar batallas que le permitan unificar a sus votantes y aliados, generando causas que le brinden aire fresco en medio de la dificultad interna.

