María Guardiola (Extremadura) y Jorge Azcón (Aragón) deben alcanzar un acuerdo con Vox antes del 3 de mayo para evitar que se repitan las elecciones en sus comunidades.
El PP requiere un pacto ágil con Vox para formar gobiernos estables en Extremadura y Aragón, lo que podría influir en la campaña de los comicios andaluces.
El crecimiento de Vox fuerza al PP a negociar coaliciones, alejándose de la idea de gobernar sin alianzas y aceptando la realidad parlamentaria.
El calendario electoral coincide y cualquier bloqueo en Extremadura o Aragón tendrá repercusiones en la narrativa de estabilidad que promueve el PP, especialmente de cara a Andalucía.
Este martes, María Guardiola será presentada como candidata a la Presidencia de la Junta de Extremadura por parte de Manuel Naharro, presidente de la Asamblea.
Con este acto institucional, el PP pone en marcha el primero de los plazos que le urge a pactar con Vox o enfrentar el coste político de unas nuevas elecciones.
El pleno de investidura deberá celebrarse, a más tardar, el 3 de marzo. Ese mismo día, a casi 1.000 kilómetros de Mérida, las Cortes de Aragón deben constituirse conforme al Estatuto de Autonomía.
Ese segundo plazo, el aragonés, se activa de forma automática. Si el 3 de mayo no se ha investido presidenta o presidente en ninguna de las dos regiones, se disuelven sus parlamentos y se convocan elecciones anticipadas en las dos autonomías populares que adelantaron comicios.
En Extremadura, el contador comenzará a correr desde la primera votación de investidura, ese mismo martes 3 de marzo. Si en dos meses Guardiola no es reelegida, la Asamblea quedará disuelta.
Mientras tanto, Azcón tendrá que lograr un primer acuerdo con Vox para formar una Mesa de las Cortes que satisfaga a Alejandro Nolasco, el candidato de extrema derecha que ha doblado sus diputados.
Pero el tiempo también corre en Aragón desde el 3 de marzo sin pausa. Si dos meses después de votar el órgano rector de las Cortes el candidato del PP no recibe la confianza parlamentaria, el desenlace será idéntico: elecciones repetidas.
Las andaluzas
Curiosamente, esa fecha límite, coincidente en ambos territorios, el 3 de mayo, enfrentará al PP no solo al riesgo de perder dos gobiernos, sino a interferir directamente en la precampaña electoral andaluza.
Juanma Moreno cumplirá mandato y el Parlamento andaluz estará ya disuelto. En San Telmo se contempla convocar comicios para «finales de mayo o principios de junio», según fuentes cercanas al líder popular andaluz, situando la disolución parlamentaria como tarde en abril.
Así, el 3 de mayo Andalucía estará en plena campaña electoral. Cualquier ruido proveniente de Extremadura y Aragón afectará la narrativa del PP sobre estabilidad, moderación y el «voto útil».
En Génova reconocen en voz baja: «Con estas elecciones nos hemos pegado un pequeño tiro en el pie«, admite un asesor de alto rango. «Es cierto que solo fue un daño menor, pero nos hemos perjudicado nosotros mismos», resume.
El plan de Alberto Núñez Feijóo y sus presidentes era aprovechar el desgaste de Pedro Sánchez en este ciclo electoral.
Sin embargo, el desenlace ha sido un Vox fortalecido y un PP que apenas se mantiene, lo que lo obliga a pactar gobiernos de coalición para no sumar la incapacidad de gobernar a unos resultados solo parcialmente satisfactorios.
«Pedro Sánchez es una fábrica de votantes para Vox», se consuela un dirigente nacional. «Y lo hace de forma deliberada, avivando el conflicto; la gente está molesta con él y eso ha eclipsado todo lo demás».
Análisis de Aragón
En Aragón lo han sufrido directamente. Azcón comenzó una campaña «regional, positiva, de guante blanco«, pero terminó adoptando mensajes más duros para contener a Vox y conservar escaños.
«La gestión ya no convence, sucede en todo el país», reconoce un responsable de campaña. «Intentamos convertir la ira en razón, presentando soluciones… pero se impuso la bronca, territorio en el que Vox se mueve con soltura y nosotros no».
No obstante, otro alto cargo del PP insiste en que «fue una paliza más a la izquierda», con sonrisa incluida. «Sacamos 10 puntos al PSOE. Más derecha y menos izquierda, eso es lo positivo».
La valoración de un presidente regional, al entrar a la Junta Directiva Nacional este lunes, fue fría: «No hay partido europeo de centro derecha que aguante mientras su derecha duplica, salvo el PP».
Por eso Feijóo insiste en que su formación es «el único partido capaz de gobernar» en un panorama excesivamente fragmentado.
El problema radica en cómo se gobierna. Este 8-F Azcón trataba de evitar la dependencia de Vox en Aragón, mientras que el voto radical proviene en buena medida de exvotantes del PP.
Existe un flujo de votos desde el PSOE hacia el PP y de ahí a Vox, o bien un traspaso directo del socialismo al populismo ultra… lo cual, según otro asesor, refuerza el discurso de «socialdemócratas azules» que exhibe Santiago Abascal.
«Le hemos permitido crecer demasiado al otro lado, a cambio de poco para nosotros, solo el colapso del PSOE… que no es poco, pero no basta para arreglar España«, admite un dirigente regional.
En ese contexto, Feijóo ha comenzado a preparar a sus seguidores (y a los más reticentes dentro de su equipo) para «acuerdos responsables» con Vox. El mensaje interno apunta a evitar bloqueos, asumir la aritmética parlamentaria y no dar la imagen de un PP débil, rehén de la derecha.
«Nos piden que replanteemos la estrategia… ¡pero si ganamos!«, argumenta un dirigente nacional. «No podemos mostrarnos incapaces de cerrar acuerdos cuando el mandato es claro».
De ahora en adelante
En Aragón, la prioridad inmediata es la Mesa de las Cortes. Azcón sabe que esa será la primera prueba frente a Nolasco, antes del verdadero desafío, la coalición de gobierno. Con solo siete diputados, Vox ya exigió, hace dos años y medio, la Vicepresidencia de Despoblación y la Consejería de Agricultura.
«Antes queríamos un gobierno formado únicamente por consejeros del PP», resume un dirigente aragonés. «Ahora demandamos un gobierno estable y sólido para que Aragón continúe creciendo… y quien quiera entender, que entienda».
En Extremadura, Guardiola enfrenta un equilibrio algo menos tenso. Disolvió la Asamblea para ir a elecciones anticipadas el 21-D señalando a Vox por rechazar un pacto presupuestario, y nunca ocultó su rechazo hacia ellos… aunque ahora les solicita incorporarse a su Ejecutivo.
Si no resulta investida el 3 de marzo, habrá otro debate el 6. Cada sesión parlamentaria será interpretada en clave nacional e influirá en los mensajes que deben emitir Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León, Juanma Moreno en Andalucía… y en la estrategia global de Feijóo.
El calendario tiene además otra consecuencia inmediata: el 15 de marzo se celebran las terceras elecciones de este ciclo. Y ese 3 de marzo, día de la investidura en Extremadura y constitución de las Cortes en Aragón, incidirá inevitablemente en esa campaña.
En el PP intentan sostener que «las campañas tienen cada vez menor impacto», comenta un veterano, restando dramatismo al ruido de esos días. «En la última de la que participé apenas se movió medio punto».
Pero nadie minimiza el simbolismo del 3 de mayo. Si ese día Guardiola y Azcón siguen sin gobierno, el mensaje para Andalucía será el de un PP ganador, pero incapaz de gobernar.
Feijóo lo sabe y por ello ha comenzado a advertir sobre el «castigo» del electorado propio si PP y Vox no logran «encontrar cuatro o cinco puntos comunes». La línea roja ya no es tanto la negociación, sino hacerlo de manera «responsable».

