Efectividad de caldo de huesos, chía y kombucha en la salud intestinal: análisis de alimentos populares

Una mujer agregando semillas de chía a un batido en casa, hay una planta en el fondo.

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    • Autor, Yasmin Rufo
    • Título del autor, BBC News
  • 8 febrero 2026
  • Tiempo de lectura: 5 min

El cuidado del intestino se ha convertido en un término muy popular en las redes sociales.

Desde beber agua con semillas de chía al comenzar el día, hasta agregar gel de musgo marino a los batidos o beber caldo de huesos con la intención de «curar» el intestino: estos productos se promocionan con beneficios que van desde mejorar el ánimo hasta aumentar los niveles de energía.

Sin embargo, los expertos advierten que la realidad detrás de estos alimentos virales es más compleja, especialmente porque esta área está en constante evolución con nueva información que emerge casi diariamente.

Aunque el microbioma intestinal es fundamental para nuestra salud, las pruebas que respaldan muchas de estas soluciones son limitadas y, para la mayoría de las personas saludables, enfocarse obsesivamente en «curar» el intestino puede resultar innecesario.

¿Qué es el microbioma intestinal?

La presentadora científica de la BBC Caroline Steel define el intestino como todo el sistema digestivo, desde la boca hasta el ano.

En su interior vive el microbioma intestinal: billones de bacterias, virus y hongos que cumplen un rol esencial en el funcionamiento del organismo y que afectan tanto la salud mental como física.

Steel comenta que «nuestro microbioma intestinal es tan único como nuestra huella dactilar» y señala que un microbioma equilibrado contribuye a una mejor extracción de energía de los alimentos, regula el azúcar en sangre y refuerza las defensas inmunitarias.

Además, estudios sugieren conexiones entre la salud intestinal y el bienestar psicológico, incluyendo menos ansiedad y un estado de ánimo más positivo.

Caldo o sopa de huesos de pollo en una cacerola con verduras frescas sobre una mesa de madera

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¿Cumplen las expectativas los alimentos virales?

El microbiólogo Alan Walker y la doctora Megan Rossi, especialista en salud intestinal, indican que muchos de estos alimentos populares contienen «una base real», pero frecuentemente se promocionan como soluciones milagrosas.

  • Agua de semillas de chía: las semillas de chía poseen un alto contenido en fibra, que «puede alimentar las bacterias beneficiosas del intestino y favorecer la regularidad intestinal», comenta Rossi. Walker puntualiza que ninguna fuente de fibra funciona eficientemente por sí sola, ya que diferentes microbios consumen distintos tipos de fibra. Por eso, la variedad funciona mejor que concentrarse en un solo ingrediente. «Beber agua de semillas de chía no conlleva riesgos», afirma, aunque ofrece beneficios limitados de forma aislada.
  • Tragos de aceite de oliva: el aceite de oliva es reconocido por sus propiedades antiinflamatorias, su impacto positivo en la salud cardiovascular y su capacidad para aliviar el estreñimiento, explica Walker. Sin embargo, existen escasas pruebas de que consumirlo en forma de «trago» concentrado mejore específicamente el microbioma intestinal. «No hay una diferencia significativa entre ingerirlo solo o junto con la comida», añade Walker.
  • Gel de musgo marino: derivado de un tipo de alga, el gel de musgo marino ha ganado popularidad debido a su aporte de fibra y cierto contenido en vitaminas y minerales. Rossi advierte que «existe muy poca evidencia científica que avale su uso para mejorar el microbioma intestinal o la función digestiva». Desaconseja especialmente dosis elevadas, sobre todo en personas con enfermedad inflamatoria intestinal. Walker destaca que un posible inconveniente del gel de musgo marino es la presencia de metales pesados y yodo en las algas, cuyo consumo excesivo podría provocar problemas de salud.

Un vaso con agua de semillas de chía y una rebanada de limón

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  • Caldo de huesos: este caldo se obtiene tras cocinar a fuego lento huesos de animales en agua con un componente ácido (como vinagre) y verduras o hierbas por lo menos 24 horas, para extraer proteínas y minerales. Es una fuente rica en nutrientes y puede ser reconfortante. Sin embargo, Walker señala que la mayoría de estos nutrientes se absorben en el intestino delgado, mientras que la gran mayoría de microbios intestinales habitan en el intestino grueso, lo que implica que poco llega a las bacterias. «No hay evidencia sólida de que tenga un impacto general sobre el microbioma intestinal», añade. Rossi coinciden y menciona que ha observado «el efecto negativo que puede tener sobre el colesterol si no se elimina la grasa saturada presente en la superficie».
  • Kombucha: la kombucha es un té fermentado y Rossi se declara «gran fanática» de la kombucha tradicional, ya que contiene ácidos naturales y compuestos antioxidantes de origen vegetal generados durante la fermentación, asociados a beneficios para la salud. No obstante, afirma que, al igual que el aceite de oliva extra virgen, no todas las kombuchas son iguales. «Hay que buscar los flotadores, indicios de un cultivo vivo de kombucha realizando su proceso; verificar que no incluya vinagre añadido, porque un producto auténtico no requiere este agregado ya que los microbios lo producen; y evitar las variedades sin azúcar que contengan edulcorantes, incluida la stevia», señala.

Steel señala que señales de problemas intestinales pueden incluir estreñimiento persistente, diarrea, exceso de gases o dolor abdominal constante.

En esas circunstancias, subraya la importancia de acudir a un médico en lugar de adoptar dietas restrictivas extremas.

«Si hay un diagnóstico intestinal, eliminar alimentos como el pan no va a solucionar el problema», añade.

Destaca que para la mayoría de las personas no son necesarias modificaciones drásticas en la alimentación y que «la mayoría no necesitan curar su intestino, porque si está sano, estos cambios no tendrán impacto significativo».

En lugar de seguir modas, recomienda acciones sencillas para mantener una salud intestinal óptima, como «incrementar el consumo de plantas, aumentar la ingesta de fibra y reducir el consumo de alimentos ultraprocesados».

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