Su pseudónimo era Aduana. Así se referían al jefe inspector de la UDEF en Madrid cuando alguno de sus asociados quería comunicarse con él. Durante un periodo mínimo de seis años, Óscar Sánchez Gil actuó como la llave que una amplia red internacional utilizaba para introducir toneladas de cocaína en España, evitando la detección policial, con la certeza de contar con un mando fundamental en la lucha contra el crimen organizado a su favor.
La riqueza acumulada a lo largo de esos años alcanzó una cifra extraordinaria en comparación con otras operaciones policiales conocidas hasta entonces. Poseía tal cantidad de efectivo que las tres contadoras de billetes de sus antiguos colegas de la UDYCO Central de la Policía Nacional se estropearon al sumar los 20 millones de euros que tenía ocultos en las paredes de su residencia.
Todo ese dinero en efectivo provenía de sus negocios vinculados al narcotráfico, donde desempeñaba un rol de máximo nivel. Esto se confirma mediante los mensajes codificados que intercambiaba con sus socios encargados de introducir grandes cargas de cocaína en España.
De los mensajes contenidos en el expediente, a los cuales EL ESPAÑOL ha tenido acceso, se confirma la segura operatividad de su grupo, responsable, entre otros hechos, del mayor alijo de la historia de España: 13 toneladas de cocaína incautadas en octubre reciente dentro de un contenedor en el puerto de Algeciras.
Varias conversaciones incluidas en el sumario corresponden al periodo de la pandemia. En esos meses, el inspector animaba a su socio a aprovechar la cuarentena para aumentar la cantidad de droga forzada a España, dado que se realizaban inspecciones mucho más limitadas y las autoridades solo revisaban contenedores señalados por la Audiencia Nacional: «Hay que hacerlo ahora, y si se puede aumentar la cantidad estaría fenomenal. Actualmente, los contenedores no se revisan salvo orden judicial».
Óscar Sánchez Gil instaba a uno de sus colaboradores a sacar partido de la coyuntura: «Este es el momento. Todo es un caos y hay que sacar provecho. Llegue lo que llegue, salvo que la DEA [la agencia antidroga de Estados Unidos] indique que viene cargado, no se inspecciona. A nuestro negocio no le afecta. De hecho, podría incluso beneficiarle».
En otra conversación, el principal socio del jefe inspector de la UDEF se jactaba de la influencia sobre los envíos desde América Latina. Su contacto dentro de la Policía le proporcionaba la confianza necesaria para operar a este nivel: «Por eso quiero invertir aquí».
Días más tarde, uno de los miembros del grupo expresaba inquietud ante la posible detección y bloqueo de envíos por la UDYCO. Sin embargo, su asociado, consciente de su paraguas dentro de los principales mandos de la Policía Nacional, restaba importancia a sus temores:
—El problema real aquí es la UDYCO.
—No te preocupes por la UDYCO. Esa debería ser tu menor preocupación. Estoy hablando con Aduana para intentar salir esta semana.
Los chats
La investigación descansa en gran medida en las conversaciones obtenidas, como adelantó EL ESPAÑOL, en las plataformas Encrochat y SKY ECC, dos aplicaciones encriptadas que durante años funcionaron como la principal red cifrada del narcotráfico internacional.
Una de las primeras conversaciones datadas en 2019 muestra a dos detenidos discutiendo acerca de un agente comprado y de que los envíos de droga solo pasaban por el escáner portuario. «Bueno, corrupción siempre hay. Si no, no podríamos trabajar».
La influencia que representaba contar con Óscar Sánchez Gil en el bando del narcotráfico les simplificaba notablemente las operaciones a los líderes de la organización.
—Tengo el acceso garantizado con gente de alto nivel. No son vigilantes cualquiera. No son guardianes del puerto; esa gente no sirve.
El poder del inspector jefe era tan notable que nada se movía sin su supervisión directa sobre los envíos. Un chat de agosto de 2020 lo ilustra: «Disculpa la demora, pero es que el señor Aduana estaba de vacaciones«, comenta uno de sus colaboradores.
Encrochat fue desmantelada en 2020 y SKY ECC en marzo de 2021. Gracias a estas operaciones fueron descubiertos los mecanismos y la estructura del crimen organizado internacional que operaba con estas plataformas. Actualmente, los investigadores recurren a ellas como una especie de hemeroteca del narcotráfico.
El uso de estas aplicaciones cifradas en sus comunicaciones demuestra que la red operaba desde hacía más de cinco años. Por ello, tal como informó este medio, se constata que el inspector jefe llevaba un largo periodo facilitando la entrada de grandes cantidades de droga en España.
Control absoluto
En 2021, la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO Central) de la Policía Nacional detectó la presencia de un infiltrado en sus filas. Esta sospecha surgió tras una operación con un envío de cocaína escondido en un contenedor de cajas de fruta. Se trató de una entrega controlada en la que nadie recogió la mercancía y todos los vinculados a ella huyeron. Fue entonces cuando la UDYCO comprendió que alguien dentro filtraba información.
Inicialmente, los investigadores pensaban que el infiltrado era un funcionario del puerto. Sin embargo, en 2023, gracias a «informantes confidenciales», descubrieron que el agente comprometido trabajaba en Madrid con un narcotraficante, utilizando una sociedad importadora de frutas desde América Latina. Con el tiempo, comprendieron que la infiltración era de mayor calado.
Desde 2020, Óscar Sánchez Gil dirigía la Sección Operativa de la UDEF en Madrid. Provenía de la Brigada Central de Estupefacientes de la UDYCO Central, etapa en la que, según los investigadores, ya inició su colaboración con el narcotráfico.
En ese nuevo cargo, supervisaba tres equipos: el Grupo 9, centrado en estafas internacionales y falsificaciones; el Grupo 20, especializado en blanqueo de dinero, y el Grupo 16, dependiente de la Fiscalía Anticorrupción. El inspector jefe utilizaba a estas unidades para proteger sus negocios con organizaciones narcotraficantes.
Gracias a esta red dentro de la policía, mantuvo durante años un control total sobre todas las operaciones que podrían afectar a su organización, supervisando él mismo—en algunas ocasiones a través de sus subordinados—las empresas y los contenedores con posibilidad de introducir toneladas de droga en el territorio español. En total, Sánchez Gil gestionó 550 códigos de contenedores relacionados con esta red.
Los contenedores y determinados narcotraficantes eran registrados en GATI, una base policial que recoge investigaciones y principales sospechosos. Lo que hacía Sánchez era emplear al Grupo 20 para incorporar contenedores como investigados y al Grupo 9 para registrar sociedades, teléfonos y personas vinculadas.
Así, en las bases de datos, sus socios aparecían como confidentes, elevándolos, en principio, a una condición de inmunidad. El expediente más antiguo fue dado de alta por él en 2016. Incluso llegó a registrar una de las sociedades desde donde los narcotraficantes realizaban pagos periódicos directamente a sus cuentas bancarias.
De esta manera, si alguna empresa o delincuente vinculado a su grupo era objeto de interés por otra unidad policial, Sánchez Gil recibía una alerta en el sistema y podía adelantarse con la información.
Sánchez Gil promovía investigaciones ficticias sobre sus colaboradores para mantener el control de los sucesos. Las primeras que constatan la UDYCO Central y Asuntos Internos datan de 2019. En aquel entonces el inspector jefe aún pertenecía a la Brigada Central de Estupefacientes de la UDYCO Central, período en el que se sospecha que comenzó su corrupción.
La investigación
La incautación del contenedor con 13 toneladas el 14 de octubre de 2024 fue resultado de una trampa orquestada por la UDYCO Central y Unidad de Asuntos Internos para capturar a Óscar Sánchez Gil. El mayor decomiso registrado en España se convirtió para los investigadores en la prueba de que probablemente estaban frente al aliado más importante que el narcotráfico ha tenido dentro de la Policía Nacional.
Según muestran los chats intervenidos en distintas plataformas, Sánchez Gil se enteró inesperadamente de la operación montada por sus compañeros de UDYCO. No tuvo tiempo para maniobrar. La operación no estaba registrada en GATI y, por ello, al inspector jefe de la UDEF en Madrid no le apareció la coincidencia.
Una semana antes, Aduana había recibido los números de 16 contenedores pertenecientes a la empresa importadora de frutas que debía monitorear. Entre ellos se encontraba el contenedor con las 13 toneladas de narcótico. Registró esta información en la base de datos; sin embargo, la UDYCO lanzó la operación sin su conocimiento.
Su enfado fue tan grande que exigió explicaciones a sus subordinados por el hecho de que otra unidad hubiera implementado la operación sin notificárselo.
Incluso manifestó su descontento ante su comisario, reprochando que la UDYCO Central se hubiera inmiscuido en una operación de su gestión para atribuirse el mérito del decomiso: «Claro, cuando sabes la cantidad de droga y el número del contenedor, me lo pido yo mismo… Vamos, hombre. Y habla con Fiscalía sin avisar ni a GATI ni a nadie».
El papel del agente de la UDEF era crucial y, por ello, según los chats, recibía el 40% de las ganancias de cada envío. Esto explicaría las propiedades adquiridas por integrantes de su familia, así como la red societaria en Irlanda, Dubái y Panamá, las empresas registradas a nombre de su cuñada, las licencias de VTC compradas por su entorno a lo largo de los años, y la gran cantidad de dinero encontrada oculta en su domicilio.

