Esteban Ocon (28), piloto, relató que sus padres vendieron su casa y vivieron en una caravana para apoyar su llegada a la Fórmula 1.

Esteban Ocon, durante el GP de Abu Dabi. El francés soportó una enorme presión desde que tenía entre 11 y 12 años compitiendo en karts, aunque el respaldo familiar nunca le faltó.

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Esteban Ocon fue durante mucho tiempo ese niño en la caravana que aspiraba a llegar a la Fórmula 1. Hijo de Laurent, mecánico en un pequeño taller, y Sabrina, quien se encargaba de la gestión administrativa del negocio familiar, creció alejado de los lujos comunes entre los aspirantes al Gran Circo, pero con una meta bien definida: convertirse algún día en piloto de Fórmula 1.

Su trayectoria comenzó en el karting, cuando sus padres descubrieron que aquel niño tímido cambiaba radicalmente al tomar el volante. Sin embargo, la pasión chocó tempranamente con las limitaciones económicas.

El taller y el hogar en Normandía apenas cubrían los gastos básicos, y mantener una carrera internacional en karting parecía inalcanzable. En estas circunstancias, los padres tomaron una decisión drástica: «Vendieron el garaje, vendieron la casa», recordó él años después, consciente de que cada giro que completaba llevaba el peso de ese sacrificio.

La familia Ocon perdió su vivienda fija, pero no un plan claro. Con el dinero de la venta, adquirieron una caravana que sirvió como hogar, taller y oficina móvil, con la que viajaron por Europa persiguiendo campeonatos de karting.

«Tenía entre 11 y 12 años, recordaba todo; no podía permitirme fallar después de los sacrificios de mis padres», explicaba el francés, quien añadía que, a pesar de las dificultades, «al final fue una vida buena, siempre en movimiento, no me molestaba vivir en el camper».

Esteban Ocon atiende a los medios tras el GP de Qatar.

Esteban Ocon atiende a los medios tras el GP de Qatar. Europa Press

La vida en la caravana dejó también marcas fuera de las pistas. Ocon relató que en numerosas ocasiones aparcaban justo frente al colegio al regresar de una carrera un domingo por la noche, para que él pudiera asistir a clase el lunes temprano.

Esa rutina, sumada a las ausencias por entrenamientos y competencias, lo convirtieron en un niño solitario: «No tenía muchos amigos», reconoció. En el recreo recibía burlas: «Muchos me decían: ‘Eres un gitano, ¿qué haces aquí?'», recordó, aunque aseguró tener un gran respeto por la comunidad itinerante, «porque ellos nos vendieron la caravana».

Una carga pesada desde joven

Su entorno tampoco siempre confió en su éxito. El propio piloto comentó cómo un director escolar le sugirió abandonar el karting: «Me dijo: ‘Debes dejar esto, es un deporte para ricos, no tienes ninguna oportunidad'».

Años después, Ocon resumió el peso que asumió desde pequeño: sentía que cargaba «a la familia sobre los hombros» cada vez que se subía al kart, una presión que, según admitió, moldeó su carácter directo y tenaz en la Fórmula 1.

Mientras otros competidores contaban con equipos oficiales, motores nuevos y neumáticos frescos, la familia Ocon tenía que ingeniárselas.

Su padre optaba por chasis usados y motores de segunda mano y, en los ensayos, incluso escarbaban en los contenedores de otros pilotos buscando neumáticos ligeramente usados para que Esteban pudiera completar algunas vueltas más.

«Muchos tenían un gran respaldo; nosotros disponíamos de un kart de segunda mano y dos motores usados», explicó, destacando que solo durante la carrera, cuando todos competían con el mismo material, se sentía realmente en igualdad de condiciones.

Sin embargo, los resultados comenzaron a llegar. Ocon empezó a destacar en categorías inferiores, atrajo la atención de equipos relevantes y, en 2014, se coronó campeón de la Fórmula 3 Europea por delante de un joven Max Verstappen, otro prodigio del karting.

Ese título le abrió las puertas al programa de jóvenes pilotos de Mercedes y, con el tiempo, a la parrilla de Fórmula 1, donde debutó con Force India tras pasar por Lotus y Renault en roles como piloto de pruebas y reserva.

Al consolidarse en la máxima categoría, Ocon entendió que cada punto sumado representaba en realidad una manera de retribuir todo lo que sus padres arriesgaron.

«No fue sencillo, se hicieron muchos sacrificios para que pudiera seguir corriendo, vivimos en una caravana durante mucho tiempo», reconoció en una entrevista, con la calma de quien sabe que su historial rompe el estereotipo de piloto adinerado de nacimiento.

De la casa vendida a la caravana, y de la caravana hasta el paddock de la Fórmula 1, la trayectoria de Esteban Ocon es principalmente la historia de una familia que apostó todo por un sueño

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