España conquista el Campeonato Europeo de fútbol sala tras una final memorable contra Portugal, poniendo fin a años sin títulos continentales

Antonio Pérez celebra el gol marcado ante Portugal en la final del Europeo. El equipo nacional bajo la dirección de Jesús Velasco estuvo cerca de la perfección para superar a lo que había sido su rival más complicado en la última década. Antonio Pérez, con un doblete, fue el jugador más destacado del encuentro (3-5).

La selección española de fútbol sala ha puesto fin a la sequía de títulos europeos que se mantenía desde 2016, cuando conquistó la última final del Europeo precisamente frente a Portugal, el rival que hoy sufrió una derrota que se estaba preparando desde hace más de cinco años.

Hace exactamente ocho años, España quedó a las puertas de ganar el título continental en la Stozice Arena de Ljubljana, el mismo escenario donde el 7 de febrero de 2026 se proclamó campeona de Europa.

El equipo dirigido por Jesús Velasco no se vino abajo ante la presión, a pesar de enfrentar a su ‘bestia negra’. España comenzó el partido con gran intensidad y en solo tres minutos ya ganaba 0-2. Sin embargo, la final apenas comenzaba. Aún quedaba un tramo complicado por delante.

Aunque el equipo portugués siempre fue por detrás en el marcador, su dominio en los primeros 20 minutos obligó a España a ejecutar un partido muy bien planificado, donde tanto la defensa como el ataque, tradicionalmente su punto débil en este Europeo, fueron determinantes.

El disparo potente de Antonio Pérez tras un notable pase de tacón de Pablo Ramírez y el contragolpe bien culminado por Raya evidenciaron que la ‘suerte’ había cambiado para España.

La incorporación de la segunda y tercera línea portuguesa modificó el transcurso del encuentro. En un episodio controvertido con una falta reclamada sobre Cecilio, Afonso Jesus aprovechó para anotar el 1-2. Poco después, un saque de banda permitió a Rúben Góis empatar el marcador.

El conjunto de Jorge Braz logró entonces calmar el juego, mantuvo la presión y generó que España sintiera cierto desconcierto en la circulación del balón, algo inusual. Cuando parecía que la ventaja se inclinaba hacia los lusos, un tiempo muerto solicitado por Braz fue clave para que el equipo español reajustara su planteamiento.

A esto se sumó la falta número seis cometida por Erick Mendonça sobre Pablo Ramírez, que derivó en un lanzamiento de diez metros convertido por Antonio Pérez para dejar el marcador en 2-3 al descanso.

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