Figuras que estremecen el aire con un estrépito de cencerros y una fuerza que transforma totalmente las calles de un pequeño pueblo conquense. Hoy se celebra la última jornada de una tradición ancestral
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Febrero también ofrece fiestas que pueden superar al carnaval, y en la provincia de Cuenca se celebra hoy, 4 de febrero, la última jornada de un evento con el recuerdo del sonido metálico de los cencerros aún presente. En un pueblo pequeño, más de cien ‘diablos’ transforman las calles en un espectáculo de saltos, carreras y vítores, en una costumbre que combina devoción, rito popular y una intensidad sonora que pone los pelos de punta. Es una de esas festividades que invitan a viajar para presenciarla en vivo y comprender por qué ha perdurado, de generación en generación, como una cita identitaria.
La protagonista es La Endiablada, que se celebra en Almonacid del Marquesado (Cuenca) en honor a la Virgen de la Candelaria y San Blas. Se trata de una expresión festiva “de tradición inmemorial” declarada Bien de Interés Cultural el 20 de febrero de 2020. En los primeros días de febrero, más de un centenar de ‘diablos’, ataviados con trajes de vivos colores y cargando grandes cencerros a la espalda, recorren el pueblo acompañados de danzantas, procesionan a los santos y les dedican bailes y saltos. La tradición oral conserva leyendas sobre sus orígenes, vinculadas tanto a la Candelaria como a San Blas, y con un acto central recordado cada año: el lavado de la imagen del santo con aguardiente.
Más allá del impacto visual, La Endiablada se apoya en una organización precisa: la Hermandad de los Diablos, de carácter religioso, define horarios y normas y está dirigida por el diablo mayor, cargo vitalicio relacionado con la antigüedad continua en la hermandad. Los cencerros son protagonistas indiscutibles: no son los corrientes de ganado, sino piezas grandes encargadas especialmente, que se llevan con correas de cuero desde los hombros y pueden superar los 40 centímetros. Durante las procesiones y dentro de la iglesia, el sonido se intensifica con los saltos y carreras, mientras las danzantas aportan el contrapunto coreográfico, con sus “dichos” y bailes acompañados de dulzaina y tambor.
Hoy es el último día: San Blasillo y los paloteos
Tras dos días especialmente intensos (2 y 3 de febrero), hoy 4 de febrero concluye el calendario festivo con San Blasillo, una jornada todavía festiva aunque los diablos ya hayan guardado los cencerros hasta el próximo año. La mañana se dedica a las danzantas y sus paloteos, en los que sustituyen las castañuelas por palos de madera y recorren el pueblo ofreciendo diversas piezas a cambio de contribuciones de los vecinos. Por la noche, a las 21:00 h, los diablos se reúnen sin vestimenta ni cencerros para cenar juntos: el plato típico es la oveja frita con ajos, una convivencia que reduce el volumen del ritual, pero no su carga emocional, antes de que el pueblo despida una fiesta que, durante estos días, multiplica su ritmo y su presencia en el mapa de las celebraciones de febrero en España.
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