La presión externa para “pasar página” lo antes posible puede generar sentimientos de culpa y una autocensura de las emociones

Las rupturas amorosas no afectan a todas las personas por igual. Algunos logran recomponerse en pocos meses, mientras otros mantienen el eco de una relación durante años, incluso cuando el vínculo terminó hace mucho. Lejos de ser un proceso lineal, el cierre de una historia afectiva desencadena respuestas distintas en cada individuo, marcadas por su trayectoria personal, su modo de vincularse y el tipo de relación que tuvo.
En numerosas ocasiones, las consecuencias no quedan limitadas al plano emocional: insomnio, variaciones en el apetito, fatiga constante, problemas para concentrarse o sensaciones persistentes de ansiedad son algunas manifestaciones físicas comunes tras una separación. A nivel psicológico, pueden aparecer tristeza duradera, rumiación mental, culpa o un vacío difícil de definir. Todo esto es parte de un proceso que, aunque frecuente, no siempre recibe comprensión ni validación social.
La presión externa tampoco favorece la situación. Expresiones como “ya deberías haber superado esto” o “no era para tanto” suelen dirigirse a quienes no cumplen con los tiempos sociales esperados para el duelo amoroso. Sin embargo, cada ruptura marca una huella diferente y no todas las personas comienzan desde el mismo punto ni cuentan con las mismas herramientas emocionales para cerrar ese vínculo.

“De acuerdo con un estudio, el apego hacia el ex puede prolongarse hasta ocho años”, indica la psicóloga Silvia Severino en uno de sus vídeos de TikTok (@silviaseverinopsico). La ciencia revela que “soltar a una persona no ocurre únicamente con el paso del tiempo, sino que depende del tipo de vínculo que se estableció”, añade ella. No todas las relaciones generan un impacto igual ni dejan la misma marca en el cerebro.
“Es un vínculo que no terminó de cerrarse”
Como explica Severino, cuando en la relación existió “apego, idealización o dependencia emocional, el cerebro mantiene la conexión con esa persona mucho tiempo después de la ruptura”. Esto implica que la conclusión formal de la relación no siempre representa un cierre emocional. Internamente, el vínculo puede permanecerse activo, influyendo en pensamientos, recuerdos y reacciones emocionales incluso años más tarde.
Por ello, la psicóloga es enfática al desmontar uno de los mandatos más frecuentes tras una separación: “No existe un ‘ya deberías haber superado esto’”. La exigencia de superar la situación rápidamente desconoce que el desapego es un proceso complejo, influenciado por factores emocionales profundos. “Existen procesos emocionales que, si no se trabajan, pueden prolongarse por mucho tiempo”, advierte Severino.
Las palabras de la experta se basan en un estudio publicado en la revista Social Psychological and Personality Science, que señala que el desapego emocional tras una ruptura amorosa puede extenderse hasta ocho años. La investigación fue realizada por los psicólogos Jia Y. Chong y R. Chris Fraley, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, quienes analizaron a 328 adultos que mantuvieron relaciones sentimentales de al menos dos años y que además habían experimentado una ruptura cinco años antes de participar en el estudio.
Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos
Mediante una serie de cuestionarios, los especialistas recopilaron datos para evaluar el nivel de apego emocional que esos individuos tenían hacia sus exparejas, comparándolo con el apego hacia personas desconocidas. Tras analizar los resultados, concluyeron que el punto medio del desapego emocional se alcanza aproximadamente a los 4,18 años después de la ruptura y que el proceso sigue un curso gradual hasta que, en promedio, ocho años más tarde, el apego hacia la expareja se asemeja al que se siente hacia un desconocido.
Desde la consulta psicológica, Severino remarca que estos datos no deben interpretarse como una condena, sino como una explicación. “No es señal de debilidad, sino un vínculo que no terminó de cerrarse”, sostiene. Comprenderlo de esta manera permite evitar la autoinculpación por sentir y comenzar a reflexionar sobre lo que quedó pendiente en esa relación. “La buena noticia es que esto puede modificarse”. El tiempo, por sí solo, no siempre es suficiente, pero el trabajo emocional consciente puede contribuir a cerrar lo que quedó abierto.

