¿Se puede imaginar comenzar la semana con -20 °C? Aquí en Bruselas, un corte de energía es solo una molestia. En Kiev, en cambio, es una cuestión de supervivencia. El frío extremo se ha convertido en un arma tan letal como cualquier misil.
Cuando la electricidad se interrumpe a estas temperaturas, no solo se apagan las luces.
Sin suministro eléctrico, las bombas de agua dejan de funcionar, lo que significa la interrupción del abastecimiento de agua.
La ausencia de calefacción provoca que las tuberías internas de los edificios se congelen y revienten, ocasionando daños duraderos que solo pueden repararse en primavera.
¿Y los calefactores eléctricos? Resultan inútiles sin red eléctrica que los alimente.
En este conflicto, la red energética se ha convertido en el llamado «Cuarto Frente».
El sistema ucraniano está gravemente afectado. Esto es consecuencia de una campaña rusa de casi cuatro años dirigida a la infraestructura crítica. Los daños son tan extensos que, incluso sin nuevos ataques, la población civil debe luchar cada día para soportar el frío.
La UE está enviando a Ucrania cientos de generadores de energía de emergencia y Bruselas ha declarado que no permitirá que el país se congele.
No solo los estados colaboran, sino también ONGs europeas y voluntarios que brindan apoyo a los más vulnerables en el terreno.
Sin embargo, los generadores no pueden detener misiles ni drones.
En enero, según Kiev, Rusia lanzó 6.000 drones y más de 5.000 bombas, atacando la infraestructura energética y ferroviaria ucraniana.
El frío, junto con los ataques rusos, no muestra señales de cesar próximamente.
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