La «amistad» entre Sánchez e Illa frenó la escalada de la crisis PSOE-PSC causada por Rodalies

El presidente catalán se encuentra de baja. Su organismo le ha indicado la necesidad de detenerse. El caos ferroviario estuvo a punto de provocar un enfrentamiento entre el Gobierno y la Generalitat, aunque finalmente la situación no se agravó.

Salvador Illa y Pedro Sánchez, en un acto celebrado en Barcelona en septiembre.

Desde que asumió la presidencia de la Generalitat, Salvador Illa adoptó un ritmo vertiginoso de trabajo, cargando sobre sus hombros la gestión del Govern y desarrollando una agenda de fuerte carga simbólica para justificar su título de Molt Honorable. Con un estilo claramente presidencialista, Illa ha logrado afianzarse como líder y paliar en parte las dificultades que enfrenta para gobernar: carece de mayoría absoluta, sus aliados le presionan y no cuenta con Presupuestos aprobados.

Casi dos años después de estar al frente, su organismo le ha señalado la necesidad de un descanso. Una inusual y grave infección ósea —con transparencia por parte de los médicos del hospital Vall d’Hebron— le mantuvo cerca de dos semanas hospitalizado. Continuará el tratamiento en casa con incapacidad laboral durante varias semanas más.

El presidente catalán se encontraba ingresado cuando estalló la mayor crisis de gestión hasta ahora, la crisis de Rodalies, inicialmente con un accidente que ocasionó el fallecimiento de un maquinista y, posteriormente, con el caos en el servicio durante varios días. Una situación angustiosa para miles de usuarios que dependen de este medio de transporte. También supuso un desafío para quienes debieron suplir al president. «Fue una crisis en un momento complicado, teniendo que reemplazar al president. No fue un incidente puntual, se prolongó durante una semana y cada día surgía un problema diferente, pero la responsabilidad obliga a asumirlo todo y buscar soluciones», explican fuentes de la Generalitat.

La crisis de Rodalies estuvo cerca de provocar un conflicto entre la Generalitat -PSC- y el Gobierno central, representado por el PSOE, el ministerio de Transportes y Renfe. Pese a las acusaciones del Gobierno catalán hacia Renfe y Adif, que culminaron con la destitución de sus responsables en Cataluña, el distanciamiento entre PSC y PSOE fue «insignificante, una mera escaramuza», según fuentes de ambos partidos. «No existe preocupación en el Gobierno, es comprensible que el PSC haya endurecido el tono, la población catalana está cansada desde hace varios años», apuntan desde Moncloa.

Amistad singular

La crisis ya se considera controlada. El Govern coincide en ello: «Los Gobiernos anteriores solían responsabilizar a Madrid ante cualquier crisis, pero en esta ocasión la coordinación entre ambas administraciones funcionó bien; ha habido colaboración total y un diagnóstico compartido». El conseller Albert Dalmau, actuando como president, mantuvo contacto diario con el ministro Puente y, desde el hospital, Illa también se puso a disposición. El presidente de la Generalitat ha depositado total confianza en Dalmau y en la consellera de Territorio, Silvia Paneque, actualmente bajo presión por parte de Junts y ERC.

El asunto se da por resuelto. «El acuerdo y la relación especial que unen a Pedro Sánchez y Salvador Illa explican la ausencia de tensiones en las relaciones entre la Generalitat y el Gobierno. La comunicación directa entre ambos, junto con la intermediación de Óscar Puente, impidió que el desacuerdo fuera mayor», comentan fuentes de ambas formaciones. «No creemos que exista un enfado del PSC con el Gobierno de España, más bien se trata de una frustración colectiva respecto al transporte de Rodalies y de un profundo malestar ciudadano, algo que debe abordarse. Hay descontento y frustración. La Generalitat debe reclamar por el mal servicio. Eso debemos tenerlo claro», añaden desde Moncloa. No obstante, el PSC reconoce que la crisis de Rodalies evidenció deficiencias en la coordinación del Ministerio de Transportes. La destitución de los dos altos cargos de Renfe y Adif sirvió como medida para absorber responsabilidades políticas.

La interdependencia entre Sánchez e Illa —el presidente del Gobierno accedió al puesto gracias a sus excelentes resultados en Cataluña y al respaldo de las fuerzas independentistas— ha sido enfatizada en estos días por ciertos medios catalanes que demandan a Sánchez soluciones en un tono más crítico de lo habitual.

El pleno del Ayuntamiento de Barcelona censuró al Gobierno catalán por el caos en Rodalies con votos de Junts, ERC y los Comunes. Sin embargo, la tensión política en Cataluña no representa una gran preocupación para el ministro Puente ni para el Gobierno. Las fuentes consultadas muestran comprensión ante la solicitud de dimisión del titular de Transportes, planteada por ERC en el Senado. El partido liderado por Oriol Junqueras, según fuentes gubernamentales, ha pedido la renuncia de Puente «de forma contenida». «ERC está muy presionado por Junts, pero es un partido responsable que entiende perfectamente que el mal servicio de Rodalies no es responsabilidad directa del gobierno actual».

Aragón, por el camino de Extremadura

Los medios aragoneses perciben que la campaña electoral para el 8-F transcurre con poca tensión. A una semana de las autonómicas, el PP busca un resultado que le permita gobernar en solitario, el PSOE trata de mantener cifras cercanas a las obtenidas por el difunto Lambán, y los partidos minoritarios —regionalistas y de izquierda— aspiran a conservar su representación. El debate a ocho en TVE dejó claro que no hay diferencias sustanciales entre las tres candidaturas de izquierdas: Podemos, Izquierda Unida y Chunta. Los sondeos aún no muestran una mayoría suficiente para que el PP no dependa de Vox, el único partido en ascenso en esta maratón electoral que culminará con las andaluzas de junio. Ha pasado mes y medio desde las elecciones en Extremadura y su Gobierno sigue sin formarse debido a la falta de acuerdo entre PP y Vox para la investidura de María Guardiola. Existe el riesgo de que esta situación se repita en Aragón.

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