Los gobernantes actuales evitan que conozcamos a políticos como Julio César, quienes cumplían sus promesas.

Santiago Posteguillo

Fuente de la imagen, Jeosm

    • Autor, Almudena de Cabo
    • Título del autor, HayFestivalCartagena@BBCMundo
  • 25 minutos
  • Tiempo de lectura: 10 min

Julio César, el renombrado político y líder militar romano que llevó a cabo una serie de campañas audaces y exitosas en la antigua Galia, Britania y Germania, continúa generando admiración tras 2.000 años.

Astuto, sagaz y valiente, sus hechos hicieron de él uno de los hombres más ricos y poderosos de la Roma antigua.

Según el escritor español Santiago Posteguillo, la atracción por este personaje histórico es una constante en el presente: Julio César poseía atributos que faltan en los políticos actuales, como la oratoria, la audacia y la visión política, y sobre todo se caracterizaba por cumplir lo que prometía.

En su más reciente obra, «Los tres mundos», el autor de novela histórica en lengua española con mayor alcance concluye su trilogía sobre el ascenso de Julio César, abordando el desafío de narrar la Galia, Roma y Egipto durante el turbulento período entre 58 y 53 a.C.

Posteguillo mezcla con destreza la épica bélica, incluyendo campañas militares como el emblemático cruce del río Rin contra los germanos o la construcción de una flota colosal para cruzar a Britania, con las tensiones políticas en una Roma comandada entonces por César, Pompeyo y Craso.

No olvida, además, el lado humano de un hombre que enfrentó pérdidas personales dolorosas.

BBC Mundo conversó con Posteguillo en el marco del Hay Festival realizado en Cartagena de Indias, Colombia, entre el 29 de enero y el 1 de febrero.

En esta obra, César ya es el histórico general romano que pasó a la historia. ¿Qué parte de lo que se conoce es mito y cuál corresponde al hombre real? ¿Cómo era realmente?

Se podría decir que Julio César fue una figura compleja, razón por la cual existen diferentes perspectivas sobre él. En esta saga, Posteguillo intenta dibujar un retrato minucioso, que permite apreciar tanto sus virtudes, numerosas, como sus sombras.

Frecuentemente se tiene la idea simplificada de que César era simplemente un dictador; aunque llegó a ser políticamente autoritario, también se muestra magnánimo con sus rivales políticos en Roma tras las victorias. Esto contradice la imagen de un dictador actual, que suele eliminar a sus opositores por la fuerza. Esa actitud, César nunca la adoptó.

De esta forma, se revela una personalidad mucho más compleja. En «Los tres mundos» se observa a César en el campo de batalla: un hombre inteligente, hábil en estrategia, valiente, presente en la primera línea cuando la lucha lo requería y que jamás abandonaba a sus soldados.

Entonces, ¿por qué se le suele identificar a menudo como un dictador de su época?

Eso responde a la tendencia a simplificar la historia y a encasillar a figuras históricas en estereotipos. Mientras algunos personajes son claramente positivos o negativos, otros muestran múltiples matices.

Existe una escasa enseñanza de la historia. Personalmente, siento cierta preocupación, ya que parece que quienes gobiernan a ambos lados del Atlántico prefieren que se conozca cada vez menos sobre historia, para que no se reconozca cómo era un verdadero líder, dado que César cumplía sus promesas políticas.

Quizás resulte incómodo saber que hubo políticos que realmente cumplían lo que decían.

Las simplificaciones históricas se fomentan y quedan como verdades establecidas. En cambio, lo necesario es profundizar, aprender más relatos y conocer el pasado para comprender mejor el presente.

¿Consideras que esa es la mayor equivocación al pensar en Julio César?

Probablemente, sea esa la más común. También influye el cambio en el significado de las palabras: un dictador en la República Romana era diferente de lo que hoy se entiende por esa palabra.

En la antigua República Romana, el Senado elegía a un dictador por un período limitado. Lo que ocurrió fue que César amplió ese término. Un error frecuente es simplificarlo y equipararlo a un dictador contemporáneo, lo cual no es correcto.

Además, se suele olvidar que César tenía una vida privada tan importante para él como para cualquiera, y sufrió golpes personales, como la muerte de su primera esposa Cornelia, por quien sentía un amor profundo.

Esa faceta es poco conocida y permite entender que fue una persona con sentimientos, similar a cualquier otra. Otro error muy común es la deshumanización de las figuras históricas; en esta saga Posteguillo busca humanizarlo mostrando tanto sus virtudes como sus defectos.

Representación del asesinato de Julio César en el año 44 d. C.

Fuente de la imagen, PHAS/Universal Images Group vía Getty Images

Durante tu investigación, ¿hubo algo que te sorprendiera sobre la vida y época de Julio César?

Me llama la atención la gran cantidad de paralelismos que se pueden establecer; muchos ya los conocía, pero cuanto más avanzo en la saga, más similitudes descubro.

Por ejemplo, mientras converso contigo sobre la tercera novela, estoy escribiendo la cuarta. Me encuentro en las sesiones del Senado del año 50 a.C., justo antes del estallido de la guerra civil, y resulta fascinante ver cómo esas sesiones se vuelven cada vez más polarizadas, con dos facciones principales acumulando desencuentros, y presenciar cómo termina esa dinámica.

Actualmente se viven momentos similares donde, otra vez, a ambos lados del Atlántico observamos procesos de polarización, como si ignoráramos el desenlace habitual, quizá porque se procura ocultar que tales divisiones suelen tener consecuencias negativas.

Por ello, considero que cada novela que escribo ofrece lecciones para aprender del pasado y aplicarlas en nuestro presente.

También destaca la importancia de la oratoria en la política. ¿Querías mostrar un contraste con la política actual?

Sí, quería reflejarlo, además de que es algo intrínseco al mundo de la antigua Roma. Hay un pasaje en «Los tres mundos» donde aparece Cicerón editando una obra filosófica, «De rerum Natura», sobre la naturaleza del mundo, del autor Tito Lucrecio Caro. Cicerón la revisa y la envía a César, Pompeyo y otros políticos para conocer sus opiniones y generar debate.

¿Se puede imaginar hoy en día que un político internacional de alto nivel editase un ensayo filosófico y lo enviase a sus adversarios y líderes para discutirlo? Eso ocurría en la antigua Roma.

No obstante, ello no evitaba conflictos duros e incluso guerras civiles.

Pero cabe destacar que tenían una educación cultural, literaria, filosófica e histórica que confería a quienes lideraban un nivel, en mi opinión, bastante superior al mostrado por muchos líderes actuales.

Además de la oratoria, ser un gran general era también fundamental. ¿Qué predominaba más: la oratoria o el arte militar?

En la antigua Roma, lo militar y lo político estaban entrelazados, algo que hoy puede sonar extraño porque asociamos de inmediato a golpes de Estado, pero es importante no juzgar aquella época con los valores actuales.

La carrera política de un ciudadano romano implicaba avanzar en cargos públicos que, al alcanzar cierto nivel, conllevaban constitucionalmente el mando militar, ejercido como gobernadores.

Es raro que alguien haya destacado notablemente en ambas áreas. En el caso de Julio César, combinó ambas con brillantez. Fue un orador excepcional, reconocido no solo por sus aliados, sino también por sus adversarios políticos en cartas privadas, como las de Cicerón.

Además, destacó como militar brillante, lo que le otorgó una posición por encima de otros.

Describes detalladamente las conquistas de César que, según dices, cambiaron el rumbo de Occidente. ¿Cómo fue este proceso?

Cuando se habla de la conquista de la antigua Galia, no se refiere solo a lo que hoy es Francia, pues la palabra «Galia» ha evolucionado. Comprendía territorios que incluyen Francia actual, Luxemburgo, Bélgica, Holanda, el sur de Alemania hasta el Rin, gran parte de Suiza y el sur del Reino Unido.

Al reunir todos estos territorios bajo su control y unificarlos con una Italia centralizada y una Hispania ya romanizada, en realidad está forjando el Occidente que conocemos.

Por ello consideró que esos cinco años en los que un hombre estableció el Occidente del mundo merecían una novela. La discusión puede ser sobre si Occidente es positivo o negativo, pero es innegable que César, para bien o mal, lo creó.

Tomó decisiones sin precedentes, como llegar a Britania, para lo cual construyó la mayor flota conocida en su etapa.

Britania no figuraba en los planes iniciales de Julio César. Cruzar el Canal de la Mancha, con su clima difícil, siempre fue un reto. Recordemos el Día D en la Segunda Guerra Mundial y las dudas sobre el clima para el desembarco aliado.

César, al controlar territorios de la costa atlántica y la Galia belga, detectó que los britanos apoyaban a los galos, y comprendió que para dominar realmente la Galia continental debía mostrar a los britanos que podía atacarlos, al igual que cruzó el Rin para intimidar a los germanos.

Construyó una primera flota que no logró el objetivo, y luego una segunda de 700 barcos. No hubo otra flota semejante cruzando el Canal de la Mancha hasta la Segunda Guerra Mundial, lo que muestra la envergadura histórica de sus acciones.

Para atravesar el Rin, mandó construir un puente. ¿Qué rol tuvo ese puente y su arquitecto, Vitruvio, el renombrado ingeniero antiguo?

El puente sobre el Rin es una proeza de la ingeniería romana. El Rin es uno de los ríos más caudalosos de Europa y, con la tecnología de la época, Vitruvio logró erigir un puente en apenas 10 o 11 días gracias a su ingenio y habilidad.

Esto impresionó a los germanos. César sabía que construir el puente causaría más impacto que cruzar el río en barca y decidió hacerlo así para impresionar.

César murió apuñalado. ¿Consideras que su destino era inevitable?

Fue un destino bastante previsible, quizás debido a su excesiva magnanimidad y confianza hacia sus vencidos. Me parece que César se excedió al perdonar a sus adversarios políticos.

Si los hubiera expulsado de Roma, tal vez les habría complicado mucho más la tarea de acabar con él. Probablemente ese fue un error, pero uno cometido por generosidad.

Portada del libro Los tres mundos, de Santiago Posteguillo.

Fuente de la imagen, Ediciones B

César escribió «La guerra de las Galias» para presentar su versión de los acontecimientos. ¿Era consciente de la importancia, no solo de los hechos, sino del modo en que se comunican y de controlar el relato?

Sí, este aspecto era fundamental para él. Si César fuera un político actual, seguramente dominaría las redes sociales, porque comprendía su relevancia. Fue un gran comunicador en su época.

Como describo en la novela anterior, creó carteles para el foro donde publicaba los resultados de las votaciones del Senado, porque entendió que si el público conocía cómo votaban los senadores, estos se abstendrían de votar sin reflejar sus verdaderas posturas, dado que serían supervisados.

A esos carteles luego se añadieron datos sobre elecciones de magistrados, información política y social.

Aquello representó un antecedente del periodismo, ya que los carteles se copiaban y distribuían por la ciudad, y los pregoneros los leían a los iletrados. César sabía que debía llegar tanto a quienes leían como a quienes no, informando a toda la población.

Esto evidencia claramente su comprensión sobre la importancia de controlar cómo se cuenta lo que sucede, algo que dominaba hace 2.000 años.

¿Por qué crees que personajes como Julio César siguen generando fascinación en la actualidad?

Creo que nos atrae aquello que falta significativamente en la actualidad. Hemos mencionado carisma, liderazgo, amplia formación política, audacia, valentía y visión.

Nos sentimos bastante carentes de estas cualidades y cuando encontramos un personaje histórico que las poseía, despierta nuestro interés y admiración.

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