Javier Arizmendi, exfutbolista de 41 años, comenta sobre las inversiones: «Algunos jugadores están perdiendo entre 100.000 y 200.000€»

Javier Arizmendi, durante un partido con el Deportivo. El exdelantero de clubes como Atlético de Madrid o Valencia ha orientado su vida actual hacia el ámbito empresarial y el asesoramiento financiero.

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Javier Arizmendi ejerció como delantero durante más de diez años en equipos de primer nivel: Atlético de Madrid, Valencia, Deportivo, Zaragoza… además, su experiencia incluye una internacionalidad con España que respalda su trayectoria deportiva.

Actualmente, su ‘terreno de juego’ ha cambiado: se dedica a la banca privada y ofrece asesoría financiera. Desde esta posición observa, con cierto grado de inquietud, cómo numerosos futbolistas administran su patrimonio de manera impulsiva, semejante a la gestión de un derbi, sin planificación adecuada.

En sus apariciones en podcasts y medios financieros, Arizmendi suele comenzar desmontando la creencia de la seguridad perpetua del futbolista: la dificultad no reside solo en cuánto se gana, sino en cómo se administra ese capital posteriormente.

Comenta que se encuentra con deportistas que mantienen varios millones en cuentas corrientes sin moverlos, bajo la impresión de que así «están protegidos». Y lanza una afirmación contundente: «Hay jugadores que pierden más de 100.000 o 200.000 euros de poder adquisitivo anualmente por dejar el dinero inmóvil». No se refiere a inversiones fallidas, sino a permitir que la inflación erosione el valor.

Su propio camino explica el interés por este asunto. Mientras jugaba al fútbol, obtuvo una licenciatura en Administración y Dirección de Empresas y, después, completó un máster en finanzas junto con formación especializada en banca privada. «El ámbito financiero me interesó para sacar el máximo rendimiento a los ahorros conseguidos en el fútbol».

Javier Arizmendi, durante un evento de AFE.

Javier Arizmendi, durante un evento de AFE. AFE

En este nuevo ámbito, insiste reiteradamente en que la confianza en la seguridad es errónea. Según él, muchos clientes llegan convencidos de que mantener el dinero en la cuenta corriente es un refugio seguro, cuando en realidad representa un coste oculto significativo.

Arizmendi apunta que el problema radica en la escasa cultura financiera generalizada, no únicamente en el fútbol. «España carece de cultura financiera», admite, y añade que durante su educación escolar nunca recibió explicaciones sobre hipotecas, inflación o fondos, a pesar de que «la mayoría luego tienen una hipoteca o algún crédito…».

Por este motivo, defiende la necesidad de incrementar la educación financiera; no necesariamente como una materia completa, pero sí incluyendo nociones económicas básicas en las escuelas. Considera que comprender mejor conceptos como el IPC, las tasas de interés y la diversificación evitaría que muchos mantuvieran su patrimonio estancado en depósitos sin rentabilidad.

En relación con la inversión, Arizmendi apuesta por abordar primero lo esencial: definir objetivos, plazos y perfil de riesgo. «¿Por qué motivos se plantea invertir? ¿Qué meta financiera persigue? ¿Qué limitaciones tiene?», plantea como preguntas clave.

Solo después, señala, se puede seleccionar productos que se ajusten a esos fines. Por ello critica las recomendaciones generales y las «fórmulas universales»: «No es adecuado sugerir estrategias sin antes conocer diversas circunstancias».

Desde una perspectiva externa, su vida actual podría parecer menos intensa que anotar goles en Mestalla o en el Calderón, pero Arizmendi considera lo contrario. En una entrevista resumió el cambio como un trabajo «más estable, con visión a largo plazo» que le permite acompañar a otros en decisiones con impacto durante décadas.

Entre gráficas, carteras y encuentros, continúa vinculado al fútbol, aunque desde otro ángulo: el de impedir que el dinero ganado tras goles y entrenamientos se desvanezca poco a poco por permanecer inactivo en una cuenta bancaria.

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