Compras territoriales clave que conformaron el actual territorio de Estados Unidos

Ilustración de época que muestra a tres hombres con botas en un promontorio. Uno sujeta unos planos. El de la derecha viste uniforme militar y porta un sable. El de la izquierda apunta con el dedo a la depresión en la que dos hombres tiran de dos caballos.

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    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 25 enero 2026
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Donald Trump ha expresado su interés en que Estados Unidos se haga con Groenlandia y ha planteado la opción de adquirir la isla del Reino de Dinamarca, al que pertenece.

En su discurso inaugural, el presidente aseguró que «Estados Unidos volverá a ser una nación en crecimiento, que incrementa su riqueza, amplía su territorio» y «lleva nuestra bandera hacia nuevos y espléndidos horizontes».

Sus declaraciones, así como su aspiración de anexar al país la isla más grande del mundo, evocan momentos históricos previos en la historia estadounidense.

Walter A. McDougall, profesor de historia en la Universidad de Pensilvania, comentó a BBC Mundo que «las políticas de Trump remiten a la tradición de la Doctrina Monroe como tierra prometida», la cual, desde 1823, sirvió para legitimar intervenciones expansionistas de EE.UU. frente a influencias europeas en el hemisferio occidental.

Jay Sexton, historiador de la Universidad de Misuri, apunta otro paralelo: «Al igual que con Groenlandia, Washington argumentaba la necesidad de adquirir territorios antes de que otras potencias los obtuvieran».

De hecho, la expansión territorial que transformó a Estados Unidos en la nación extensa actual comenzó pocos años tras su fundación.

Las guerras de conquista, el sometimiento de pueblos originarios, el asentamiento desplazando a colonos y tratados con potencias europeas fueron métodos frecuentes para el crecimiento de la naciente potencia.

Sin embargo, la adquisición de tierras mediante compra a Estados soberanos, como Trump ha considerado con Groenlandia, fue otra estrategia empleada por los líderes de Washington para ampliar su territorio.

Mapa de los territorios que compró Estados Unidos

A continuación, se revisan las fechas históricas en las que Estados Unidos adquirió territorios mediante compra. Si bien hubo ocasiones en que Washington compensó a otras potencias por cederle sus tierras, como con España en Florida en 1819, no se trató en esos casos de transacciones comerciales propiamente dichas.

La compra de Luisiana (1803)

La adquisición por parte del presidente Thomas Jefferson del territorio de Luisiana, que pertenecía a la Francia napoleónica, representó la primera gran expansión para la joven nación.

Napoleón había abandonado su proyecto de crear un imperio ultramarino tras la rebelión de esclavos en Haití y decidió vender un extenso y escasamente poblado territorio a Estados Unidos, que ya no tenía interés estratégico para Francia.

De esta forma, el líder corso podía destinar los ingresos de la venta a las guerras europeas con las que buscaba expandir su imperio.

Mapa de Estados Unidos que muestra la extensión de Luisiana, territorio comprado a Francia en 1803.

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Entonces, Luisiana era un territorio mucho mayor al actual estado homónimo, y Jefferson visualizaba el crecimiento hacia el oeste como el porvenir de Estados Unidos.

Su objetivo era controlar el valle del Misisipi y el puerto estratégico de Nueva Orleans, eliminando así la amenaza de una presencia francesa en América, que preocupaba en esos años.

Ambos gobiernos acordaron y en noviembre de 1803 Luisiana pasó a formar parte de Estados Unidos, que pagó US$15 millones en aquella época.

Esta amplia incorporación abarcaba la extensión actual comprendida entre los estados de Luisiana al sur y Dakota del Norte y Montana al norte, sumando más de dos millones de kilómetros cuadrados y casi duplicando el tamaño de la Unión.

Así comenzó la expansión hacia el oeste.

La Cesión Mexicana (1848)

Durante la década de 1840, gran parte de la opinión pública estadounidense estaba convencida de que su «destino manifiesto» era extender su territorio hacia el oeste hasta alcanzar el Pacífico.

Esta expansión se logró, finalmente, a expensas de México.

Viñeta publicada en la prensa de la época en que se ve a un sastre tomando las medidas de un hombre alto y gordo que viste con los colores de la bandera de Estados Unidos. Otros tres hombres entran en la estancia con grandes frascos y cucharas. En uno de ellos se lee en una etiqueta "política antiexpansionista".

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Uno de los principales impulsos para la expansión fue el presidente James K. Polk, quien tras asumir en 1845 heredó la disputa con México por Texas.

Al año siguiente, tras un enfrentamiento entre tropas mexicanas y estadounidenses en la frontera, Polk logró que el Congreso declarara la guerra a México, si bien las razones del conflicto eran más complejas.

Según Sexton, «Estados Unidos había expresado interés en California, entonces territorio mexicano, una de las regiones más dinámicas económicamente en América y con puertos profundos valiosos para el comercio con Asia».

Añade que «ningún gobierno mexicano podía aceptar vender California y pretender seguir en el poder».

Ilustración de época que muestra el avance de las tropas estadounidenses frente a unas diezmadas fuerzas mexicanas.

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El conflicto concluyó con la victoria de Estados Unidos y la firma en febrero de 1848 del tratado de Guadalupe-Hidalgo, por medio del cual EE.UU. anexó los territorios de Texas, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.

Aunque EE.UU. pagó US$15 millones, Sexton señala que «los mexicanos no habrían aceptado ceder esas tierras si no hubieran perdido la guerra; fue una venta bajo presión militar».

México perdió más de la mitad de su territorio previo al conflicto, generando un trauma nacional duradero.

La venta de La Mesilla (1853)

Pocos años después, en 1853, México y Estados Unidos concertaron la venta de una franja ubicada en el sur de lo que hoy son los estados de Arizona y Nuevo México.

Conocida en México como la Venta de la Mesilla y en EE.UU. como la Compra de Gadsden, esta compra respondió al interés estadounidense en construir un ferrocarril transcontinental y a problemas económicos del gobierno mexicano, que aceptó recibir US$10 millones.

Sexton comenta que «los sureños dueños de esclavos buscaban un ferrocarril que conectara con el Pacífico, evitando que las rutas atravesaran las Montañas Rocosas por el norte y favorecieran a estados sin esclavitud, por eso promovieron un ferrocarril sureño hasta Nueva Orleans».

La compra de Alaska a Rusia (1867)

Muchas personas no comprendieron la insistencia del entonces secretario de Estado, William Seward, para comprar a Rusia, gobernada por zar Alejandro II, el remoto territorio ártico de Alaska en 1867.

Seward veía un gran valor estratégico en la adquisición, ya que evitaría una posible intervención británica en Norteamérica y permitiría acceso a abundantes pesquerías en el Pacífico; por ello cerró la compra por US$7,2 millones.

El acuerdo suscitó controversia, y la prensa de entonces denominó la operación como «la tontería de Seward».

Un tren negro y amarillo con la palabra Alaska escrita en la locomotora, junto a lo que parece ser el mar. Al otro lado se divisa una montaña.

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Para el régimen zarista, se trataba de una tierra de escaso valor, difícil de administrar y vulnerable a un posible ataque británico, su principal enemigo de esa época.

A pesar de las críticas, el Congreso ratificó el contrato y Alaska pasó a formar parte de Estados Unidos.

Décadas después, el hallazgo de oro, grandes depósitos de petróleo y el papel estratégico durante la Guerra Fría revalorizaron la decisión de Seward.

Ilustración de la época que muestra la firma de la compra de Alaska. Un hombre está de pie con la mano derecha apoyada en una bola del mundo. Otro sentado en una sillón frente a él sujeta sobre su regazo un gran rollo de papel y con la mano derecha lo que parece ser una pluma. Otros dos hombres en segundo plano sujetan unos papeles. Otros dos están sentados a la derecha. A la izquierda, un hombre está de pie.

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Compra de las Islas Vírgenes de EE.UU. a Dinamarca (1917)

La última ocasión en que Estados Unidos compró un territorio fue precisamente a Dinamarca, el mismo Estado que rechaza vender Groenlandia ahora.

Las entonces llamadas Indias Danesas Occidentales consistían en un grupo insular caribeño que atrajo la atención estratégica de EE.UU. desde mediados del siglo XIX.

William Seward también estuvo involucrado en un primer intento fallido de compra.

Según el historiador danés Hans Christian Berg, «después de la Guerra Civil, la atención se centró en las condiciones geopolíticas en el Caribe, y el secretario de Estado Seward se enfocó tanto en la anexión de México como en una posible expansión en esa región».

Unos manifestantes con banderas de Groenlandia y una pancarta con el mensaje "Groenlandia no está en venta" en inglés, en una protesta contra los planes de Trump en Nuuk.

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Para los estrategas estadounidenses, el puerto de la isla Saint Thomas resultaba especialmente valioso por su excepcional protección natural producto de la orografía.

Dinamarca, que había gestionado durante décadas grandes plantaciones de azúcar trabajadas por esclavos en las islas, perdió interés después de la caída de los precios del azúcar.

Un primer acuerdo entre ambos países en 1867 no se concretó por la falta de ratificación por parte del Congreso estadounidense.

Una playa desierta en las Islas Vírgenes de Estados Unidos. Un ave está posada en una rama.

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El estallido de la Primera Guerra Mundial y la amenaza de submarinos alemanes —los temidos U-Boot— para los barcos estadounidenses revitalizaron el interés de Washington, que temía una posible invasión alemana de Dinamarca para controlar el puerto de Saint Thomas.

Astrid Andersen, del Instituto Danés de Estudios Internacionales, declaró a BBC Mundo que «hay ecos de lo que se escucha hoy sobre Groenlandia, pues Estados Unidos planteó: ‘O nos lo venden o lo tomaremos por la fuerza’».

Finalmente, ambos países acordaron la venta a Estados Unidos por US$25 millones.

En el convenio, EE.UU. se comprometió a no oponerse a que Dinamarca «extienda su influencia política y económica sobre toda Groenlandia».

*Mapa por Caroline Souza, del equipo de Periodismo Visual de BBC Mundo

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