Melbourne presenta un desafío único para Alcaraz: enfrentar 45°C en pista cubierta y a un ídolo local para superar su barrera en Australia

Carlos Alcaraz, tras ganar a Tommy Paul en el Open de Australia. El español, que aún no ha perdido ni un set en el torneo, intentará superar a Álex de Miñaur para llegar por primera vez a semifinales tras cuatro años sin lograrlo.

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Melbourne representa un muro invisible que ha detenido a Alcaraz durante cuatro años. Este martes, el número uno del mundo vuelve a enfrentarse a ese desafío, aunque las circunstancias serán duras: 45 grados de temperatura, un techo cerrado que convertirá la Rod Laver en un auténtico horno, y Álex de Miñaur, ídolo local y uno de los mejores tenistas del circuito.

Hasta el momento, su actuación ha sido impecable. Alcaraz ha encadenado 12 sets consecutivos sin ceder ninguno. La victoria frente a Tommy Paul resultó una demostración de control absoluto que ratifica su posición como número uno mundial.

El norteamericano, que había ganado dos veces a Alcaraz en 2022 y 2023, se encontró con un muro infranqueable. La mejora en el servicio del murciano fue clave: 70% de primeros saques acertados, 79% de puntos ganados con el primer servicio y cero dobles faltas en todo el encuentro.

«Estoy sorprendiendo incluso a mí mismo, para ser sincero», admitió Alcaraz tras el partido, reflejando su asombro con su propio progreso. «Después de cada set, revisaba el porcentaje de primeros saques en el marcador», añadió el murciano.

Ante Paul, ese saque fue fundamental para mantener la presión constante sobre un adversario que reconoció: Alcaraz «te ahoga, te hace sentir sin tiempo».

Alcaraz, en posición acrobática.

Alcaraz, en posición acrobática. REUTERS

También resaltó su concentración durante el partido. «He trabajado mucho en mantener el enfoque constante y hoy jugué a un nivel alto desde el inicio hasta el final», explicó en rueda de prensa.

Sin desconexiones ni errores que le hicieran perder ritmo. Este nivel le ha hecho alcanzar 88 victorias en 101 partidos de Grand Slam antes de los 23 años, cifra que solo comparten grandes leyendas del tenis.

La barrera insuperable

Sin embargo, entre él y la historia persisten obstáculos que no bastan solo con jugar bien para superar. Por tercera vez consecutiva, Alcaraz está en cuartos de final del Open de Australia. Y por tercera vez, enfrenta su mayor dificultad personal.

En 2024 perdió frente a Alexander Zverev en cuatro sets (1-6, 3-6, 7-6, 4-6). En 2025, fue Novak Djokovic quien le detuvo también en cuatro mangas (4-6, 6-4, 6-3, 6-4). Dos derrotas dolorosas que convirtieron estos cuartos en una barrera psicológica que solo él puede superar. En las dos ediciones anteriores ni siquiera alcanzó esta ronda.

Melbourne se ha convertido en su mayor desafío: única cita del Grand Slam que aún le falta en su palmarés, la pieza pendiente dentro de un logro que ya acumula dos títulos en Roland Garros, dos en Wimbledon y dos en el US Open.

Con 22 años y 272 días, Alcaraz aspira a ser el jugador más joven en lograr el Grand Slam de carrera, superando el récord de Nadal, que lo consiguió a los 24 años.

Tras vencer a Paul, se convirtió en el tercer jugador activo con cuartos de final alcanzados en los cuatro Grand Slam al menos en tres ocasiones, junto a Djokovic y Sinner. Pero esas estadísticas poco valdrán si no logra superar el umbral hacia semifinales.

El murciano anticipa la dimensión histórica del momento. «Estoy satisfecho con el nivel que exhibí hoy y emocionado por lo que vendrá en cuartos», comentó tras la victoria sobre Paul.

Los desafíos

Esta vez, frente a él estará Álex de Miñaur, la principal esperanza del tenis australiano en medio siglo. Su velocidad, defensa incansable y ambición lo convierten en un rival complicado, especialmente con el apoyo de la afición en la Rod Laver Arena.

No obstante, las estadísticas favorecen claramente a Alcaraz. El murciano domina el historial con un contundente 5-0, ganando en torneos como Barcelona, Queen’s, United Cup, Rotterdam y las ATP Finals.

Sin embargo, un detalle brinda esperanzas al australiano: su única victoria sobre Alcaraz ocurrió justamente en territorio australiano, en la United Cup del enero de 2025 (6-4, 6-4). Un antecedente que demuestra que en casa todo puede cambiar.

Álex de Miñaur y Carlos Alcaraz tras la final del ATP de Róterdam.

Álex de Miñaur y Carlos Alcaraz tras la final del ATP de Róterdam. Reuters

Pero De Miñaur representa solo uno de los tres retos que Alcaraz deberá afrontar el martes. Melbourne se convertirá en un horno. Las previsiones meteorológicas anuncian una temperatura máxima de 43 grados, con sensación térmica que podría alcanzar los 45 grados sobre la cancha de cemento.

Las imágenes de Sinner tambaleándose en la Rod Laver Arena, acalambrado y al borde de la eliminación ante Eliot Spizzirri, evidencian la dureza del clima.

El martes se esperan condiciones similares o incluso más estrictas. Alcaraz tendrá que disputar su encuentro bajo techo cerrado, transformando la pista en un recinto interior con aire acondicionado pero sin la ventilación natural exterior. Un cambio profundo que afecta la velocidad de la pelota, el bote y las sensaciones en cancha.

«Hay que adaptarse a todo. Debo controlar los aspectos que dependen de mí», afirmó el español. «Si el martes hace mucho calor y el techo se cierra, tendré que aceptarlo y esforzarme por jugar mi mejor tenis en indoor», añadió.

«Pase lo que pase, estaré listo. Concentrado. Intentaré no pensar demasiado en eso para que no perjudique mi juego. Veremos qué sucede el martes. Seguramente cambiará algunas cosas, pero creo que hay que ofrecer nuestro mejor tenis en cualquier condición», continuó.

En esta edición, Alcaraz ha demostrado que su tenis está a un nivel superior. Ahora, Melbourne le plantea un triple desafío. La reacción del campeón determinará si finalmente rompe este techo de cristal o si tendrá que esperar otro año para conquistar el único título que aún le falta.

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