Durante la recepción al Cuerpo Diplomático, el Monarca mencionó Groenlandia por primera vez y recordó en referencia a Venezuela a «todos los presos políticos que aún permanecen encarcelados».
El Rey defiende una relación con EEUU basada en la "confianza y el diálogo"
El salón del Trono del Palacio Real se ha tornado en el epicentro de las cuestiones diplomáticas que afectan a España en el contexto actual. A las once y media de la mañana, los Reyes Don Felipe y Doña Letizia recibieron al Cuerpo Diplomático acreditado en España. En total, asistieron 126 embajadores, siendo la ausencia reiterada del embajador de Rusia; también faltaron los representantes de Estados Unidos, Haití, Japón, Malasia y Grecia, quienes ya cuentan con el plácet para sus nuevos embajadores, pero todavía no han presentado sus cartas credenciales.
Aunque el país dirigido por Donald Trump estaba representado por la encargada de negocios, el enfoque principal del discurso de Don Felipe giró en torno a la relación transatlántica y los vínculos con EE.UU: «La relación con Estados Unidos se ha edificado históricamente sobre la base de la confianza y el diálogo«, recordó el Monarca. Además, mencionó «las conmemoraciones del 250 aniversario de su independencia» como «una ocasión especialmente significativa para destacar la decisiva contribución española al nacimiento de la nación americana y reafirmar la voluntad de mantener, desde el respeto mutuo, una relación constructiva orientada hacia el futuro».
En esta línea, el Rey subrayó que España también defiende «la importancia de preservar el vínculo trasatlántico«, al que calificó como «esencial para la seguridad y estabilidad globales». De este modo, reiteró que España «sostiene su compromiso firme con esta alianza estratégica». Estas declaraciones surgieron en la mitad de su intervención, después de alertar acerca de la «verdadera mutación del orden internacional». Felipe VI enfatizó que «ya no podemos hablar de posibles escenarios, sino de una realidad que condiciona nuestro presente, en la cual los marcos de referencia de la comunidad internacional son desafiados continuamente».

«Estamos ante una preocupante expansión de la confrontación», afirmó el Monarca. Esta situación se refleja «en conflictos prolongados que siguen deteriorando la estabilidad en las regiones afectadas» así como «en otros focos de tensión cuya evolución genera preocupación». El Rey mencionó Ucrania, Oriente Próximo, el Sahel y, por primera vez, «Groenlandia y la región ártica». Además, recordó al «pueblo venezolano y a todos los presos políticos que aún deben ser puestos en libertad».
Esta solicitud se produce 20 días después de la detención de Nicolás Maduro y a 24 horas de la liberación del yerno de Edmundo González, tras que su esposa denunciara extorsiones vinculadas a embajadas y ONGs.
Ante este escenario, Don Felipe afirmó que «la respuesta debe ser fortalecer las alianzas, la unidad y la cooperación». En este sentido, el Rey hizo referencia a la defensa de «un sistema basado en el derecho internacional y en los principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas», lo que constituye «un imperativo moral y político«. Dentro de este contexto, el Monarca aseguró que «la Carta no es una alternativa entre otras opciones: sigue siendo la respuesta colectiva más eficaz a los desafíos globales», defendiendo que su efectividad depende «de la capacidad para adaptarla». Su respaldo a la vigencia de Naciones Unidas se produce tras propuestas de Donald Trump como una «junta de Paz» para Gaza.
Con el propósito de abordar todos los retos globales que involucran a España, Don Felipe también se refirió a las relaciones iberoamericanas. El Rey destacó la próxima Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Madrid en noviembre, señalándola como «una oportunidad para revitalizar un espacio valioso de diálogo y encuentro, que no debe darse por sentado». Sus palabras se producen en un contexto donde, en años recientes, estas reuniones han visto una disminución significativa en la presencia de jefes de Estado.

