Roberto Torres, futbolista de 36 años, comenta sobre su patrimonio: «Conté con asesor financiero e invertí en fondos»

Roberto Torres, durante un partido con el Osasuna. El exjugador de Osasuna muestra cierta cautela al participar en el mercado inmobiliario dado el estado actual del alquiler. 

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Roberto Torres, emblemático centrocampista de Osasuna, siempre destacó por ser un jugador discreto dentro del campo y reservado fuera de él. Lejos de la imagen del futbolista derrochador, su forma de manejar el dinero refleja una clara preocupación por garantizar su futuro más que por el gasto inmediato.

Según sus propias palabras, su trayectoria estuvo guiada por decisiones financieras razonadas «con criterio» y algún revés empresarial del que también aprendió.

La primera acción tras firmar su contrato profesional fue cumplir un anhelo muy concreto. «Lo primero que hice con ese primer contrato fue comprar una vivienda», recordaba, enfatizando que era algo que había deseado «toda mi vida».

No lo sintió como un capricho, sino más bien como un respaldo frente a la incertidumbre del fútbol: «Pensé: bueno, si este contrato inicial que me otorga el fútbol resulta ser el único, al menos que sea una decisión lógica».

Esa elección, tomada casi sin ayuda profesional, se transformó en uno de sus mayores motivos de orgullo: «Ahora que lo recuerdo pienso: bien hecho, porque en aquel momento nadie me asesoraba, lo hice más que nada según mi criterio».

Roberto Torres celebra un gol durante un partido con el Osasuna.

Roberto Torres celebra un gol durante un partido con el Osasuna.

Su enfoque prudente contrastaba con lo que observaba en los vestuarios. «A los 30 años, había compañeros que no poseían ninguna propiedad y yo les decía: ‘Estás loco, necesitas tener aunque sea un apartamento, porque nunca sabes qué te puede pasar en la vida».

Torres se veía como una excepción: un futbolista que prefería invertir en inmuebles y estabilidad emocional antes que en automóviles de lujo.

El reparo ante los alquileres

Desde esa primera adquisición, su patrimonio fue creciendo de forma ordenada. «Después compré otro piso en Arre, la casa donde vivía, y demás», explicaba. Con el tiempo sí contó con apoyo profesional: «Luego sí tuve un asesor, con el que ahora ya no trabajo, no por una razón en especial, sino porque considero que ya no necesito tanto su ayuda».

También diversificó sus inversiones: «He invertido en fondos y ese tipo de cosas», aunque admitía que el mercado inmobiliario le generaba cada vez más dudas: «Con la situación actual del alquiler, tan arriesgada para los propietarios, decidí que prefería no seguir alquilando».

De hecho, llegó a tener una vivienda alquilada «a un jugador de Osasuna hasta hace poco», pero optó por vender para «eliminar ese problema».

No todas sus decisiones financieras fueron exitosas. Torres también incursionó en el emprendimiento con una tienda de material futbolístico, una franquicia de Fútbol Emotion situada en el centro de Pamplona.

«La abrimos con mucha ilusión y al principio funcionaba muy bien», recordaba. Coincidió con las pretemporadas y las ventas acompañaban: «Era como un niño: ‘¿Cuánto recauda la caja?’… pensábamos: así será siempre».

Una inversión con pérdida

La realidad resultó distinta. «Después empezó a ir mal, cada vez peor, porque una franquicia acaba absorbiéndote, y tuvimos que cerrar con pérdidas», afirmaba con sinceridad. Esa experiencia le dejó «decepcionado» hasta el punto de decidir: «No volveré a montar nada más».

No obstante, el interés por gestionar un proyecto propio nunca desapareció completamente. En el momento de la entrevista, confesaba que tenía «algo en mente» vinculado al deporte junto a Ivón, responsable del gimnasio donde entrenaba él y su mujer.

«También me interesaba algo relacionado con ese ámbito», explicaba, a la espera de una reunión para conocer «las ideas» de su posible socio y «ver si podemos crear algo interesante».

Lo que parecía claro es que la experiencia del pasado le había dejado una enseñanza valiosa: menos ingenuidad respecto a las franquicias, mayor control sobre la gestión, y sobre todo la misma idea que lo impulsó a comprar aquella primera casa: que el fútbol, por largo que sea, siempre tiene un final, y que el dinero, si no se cuida, también.

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