Intervención de psicólogos en situaciones críticas: experiencia directa más allá de la teoría

Especializados en asistir a las víctimas de tragedias, subrayan la relevancia de ofrecerles «un espacio seguro donde, paulatinamente, puedan comenzar a recuperar su camino.»

Una psicóloga de Cruz Roja abraza a una de las víctimas del accidente de tren de Adamuz.Una trabajadora de Cruz Roja abraza a una afectada en una imagen de archivo.CRUZ ROJA

La tragedia llegó de forma abrupta a Adamuz, afectando de golpe a las 480 familias vinculadas con los pasajeros, cada una con sus propios lazos e historias. Por ello, la gestión de los hechos —primero el accidente, luego la ausencia de noticias y, lamentablemente, en 45 casos, el duelo— es distinta para cada persona. El domingo, en el lugar, se desplegó un Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias (ERIE) de la Cruz Roja. A lo largo de las horas, llegaron más voluntarios procedentes de diversas regiones de España como Huelva, Málaga y Madrid, tal como detalla Carmen Torrico, psicóloga y una de las primeras en ofrecer asistencia. Se establecieron turnos para garantizar presencia constante, ya que la atención psicosocial debía mantenerse sin interrupciones. «Lo esencial es colocar a la persona en el centro, dándole un espacio seguro para que gradualmente pueda continuar su camino», explica Natalia Momeñe, también psicóloga de esta ONG.

Según Momeñe, ninguna emergencia es igual a otra. Cada una posee su esencia, intensidad y modo particular de impactar y desestabilizar. Por este motivo, existen protocolos diferentes para cada caso. Sin embargo, el primer paso siempre es idéntico: una llamada —ya sea del 112 o de Protección Civil, conforme al convenio territorial— que activa la respuesta inmediata. Los primeros en presentarse suelen corresponder a tres perfiles: psicólogos, trabajadores sociales y «socorristas de acompañamiento». «Son profesionales formados y capacitados en el ámbito de la emergencia, cuya función incluye proporcionar contención, primeros auxilios psicológicos y soporte emocional», señala sobre esta función.

«La intervención debe ser lo más estructurada posible. Hay que entender las diversas circunstancias y actuar en distintos momentos y lugares, siempre de forma personalizada», resume Torrico acerca de cómo debe concebirse la ayuda psicosocial cuando es una prioridad. Pese a existir protocolos definidos, lo que se encuentra un profesional al llegar a un escenario así no está descrito en los manuales: la actuación depende en gran parte de su habilidad para adaptarse.

En Cruz Roja son conscientes de que un hecho traumático —como este accidente ferroviario— no afecta solo un aspecto y puede impactar a la persona en su totalidad. «Su esfera psicológica, social… todo en general», explica. Por ello, mientras los equipos cercanos actúan, otros se preparan para ampliar el alcance del cuidado. Todo está pensado con un único fin: asegurar que nadie enfrente el desastre en soledad y reciba una «respuesta integral».

Momeñe destaca la profunda formación y preparación que posee el equipo para responder con eficacia a este tipo de catástrofes: «Se ha realizado un trabajo previo enorme, incluso una formación continua durante años. Además, ejecutamos simulacros anuales y nos reciclamos constantemente». La jerarquización y coordinación de los equipos, apunta, resulta fundamental para manejar la enorme variedad de variables presentes en el terreno, aunque asegura que no hay lugar para improvisar, sino para que los profesionales adapten su actuación.

A diferencia de un psicólogo clínico, los profesionales de Cruz Roja cuentan con «una formación específica en emergencias». Esto implica una «capacitación muy diferente», que les permite intervenir frente a «un impacto emocional particular.» «Los procesos psicológicos que se desencadenan en una crisis o emergencia son muy distintos. El objetivo es aliviar temporalmente el sufrimiento y ayudar a evitar que la persona necesite terapia posteriormente».

Psicóloga de Emergencia: «Los primeros momentos son de incredulidad, el acompañamiento es crucial»

«Facilitamos que la persona exprese todo lo que está experimentando en ese instante y, mediante la escucha, la empatía y el acompañamiento, logramos que la activación o ansiedad disminuyan progresivamente», comenta. En medio del impacto emocional, estos profesionales crean un espacio seguro desde donde intentan clarificar el entorno (qué sucede, qué viene después, cuáles son los siguientes pasos) y explican que el miedo, el bloqueo o la incredulidad son reacciones habituales ante una circunstancia extrema. «Nosotros acompañamos, pero esa persona debe contar con su red de apoyo, y eso procuramos garantizar. Guiamos en los inicios del proceso. Si identificamos que esa red es débil o inexistente, derivamos a otros recursos para asegurar la continuidad», explica.

«El contacto con las personas no se aprende en los libros», enfatiza Momeñe, «es fundamental siempre situarlos en el centro». Esta psicóloga, en actividad desde 2011 y con experiencia en la dana, el accidente ferroviario de Galicia, incidentes aéreos y otras catástrofes, afirma que una de las mayores frustraciones es no poder acceder a todos los afectados: «Hay muchas víctimas indirectas de un siniestro como este a las que no se puede llegar». Se refiere, por ejemplo, a quienes prestaron ayuda voluntaria tras una serie de coincidencias que los llevaron al lugar. Destaca que el efecto positivo de su trabajo resulta invaluable: «La parte más gratificante es observar el progreso de las personas a las que se atiende, al despedirse y comprobar que siguen adelante pese a las circunstancias».

Carmen Torrico aprovecha para destacar otra realidad quizás menos visible: el impacto que estas intervenciones generan dentro del propio equipo de emergencias. Su labor implica un desgaste emocional que debe tratarse posteriormente: «En ocasiones, nosotros mismos requerimos intervención psicológica posterior». En esencia, se trata de cuidar a quienes cuidan.

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