Los audios revelan que el maquinista del primer tren descarrilado no percibió en ningún momento que el segundo tren impactaba contra él. Tres especialistas detallan cómo podría ocurrir este fenómeno y plantean diferentes hipótesis.

«La cabina de un Iryo está completamente insonorizada». «Se ha producido el efecto lazo» — también conocido como ‘efecto látigo’. «Es extremadamente raro, prácticamente imposible, y no existe una explicación clara». «En realidad, el impacto del Alvia no fue directamente con el Iryo, sino con un bogie del Iryo, que salió proyectado.»
Toda España se cuestiona ahora, tras la publicación en el medio Cordópolis del audio donde el maquinista del Iryo accidentado el domingo pasado en Adamuz (Córdoba) conversa con la central en Atocha, reportando un «enganchón» con la catenaria, y que ni siquiera menciona una colisión con el Alvia que circulaba en sentido contrario… ya que aparentemente no percibió el choque que provocó más de 40 víctimas mortales y que causó que el Alvia saliera volando.
«Existen teorías para todos los gustos», afirman en Semaf, el sindicato de maquinistas, «aunque una explicación plausible es que el impacto, muy lateral, coincidiera con la frenada del Iryo, motivo por el cual el maquinista, ubicado finalmente 60 metros antes del punto donde colisionan los trenes, a la altura del vagón 6 del Iryo, no se percatara del golpe«.
De acuerdo con esta teoría, el intervalo de 20 segundos informado por Adif entre el descarrilamiento del Iryo, que invadió la vía contigua, y la llegada del Alvia de frente, su choque y casi «desintegración» — como describió el presidente de Renfe — sería en realidad aún menor, al coincidir temporalmente la frenada del primer tren — considerando que cada tren tarda alrededor de 3 kilómetros en detenerse — y el impacto del segundo. Precisamente, el ministro Puente parecía aludir a esta posibilidad el miércoles por la mañana, haciendo referencia a solo 9 segundos de diferencia.
«Otra posibilidad», prosiguen desde Semaf, «es que ese audio sea previo a la llegada del Alvia», remarcando una obviedad: «No será posible sacar conclusiones definitivas hasta que la línea temporal se aclare completamente».
Existe también otra explicación, que podría justificar la declaración a este diario de una pasajera del vagón 4 del Iryo, situado dos coches por delante del lugar donde el Alvia colisionó, se desequilibró y salió «volando» con sus dos primeros vagones, según fuentes de Adif: «En el coche 4 no sentimos ningún choque, solo percibimos una frenada brusca». Esto significa que no solo el conductor, que estaba distante varios metros del lugar del impacto (cada vagón mide 20 metros y contaban con cinco de por medio, equivalentes a 80-100 metros), sino también quienes iban apenas dos vagones adelante no advirtieron el golpe.
«Esto puede explicarse con el efecto lazo», indica el ingeniero Salvador García Ayllón, «que en una estructura flexible puede hacer que un impacto en un extremo — aunque en este caso podría tratarse más bien de un roce — no se transmita al otro extremo porque la estructura lo amortigua. Además», añade, «el Iryo es un tren considerablemente pesado, mucho más que el Alvia, posee una gran envergadura y tarda bastante en detenerse; finalmente, esos tres vagones [los números 6, 7 y 8] se desprendieron absorbiendo el impacto».
Existe una tercera hipótesis, que se mantiene lejos de conspiranoias o sospechas sobre manipulaciones de los audios o los 20 segundos entre el descarrilamiento del primer tren y la llegada fatal del segundo por la misma vía.
Esta hipótesis la expone Antonio Martínez-Carrillo, ex Adif, uno de los ingenieros aeroespaciales que formaron parte de los primeros equipos del AVE y miembro del Instituto de Ingeniería de España: «Me parece realmente extraño que el maquinista del Iryo no se percatara de que el Alvia impactó contra su tren, aunque quizás lo que se llevó el Alvia por delante, además del contacto, fue el ‘bogie’ del Iryo [el bogie es la estructura que sostiene las ruedas de parte de un vagón], el cual, al salir disparado a esa velocidad, habría chocado con el Alvia y provocado su descarrilamiento definitivo».

En otras palabras, el vagón 6 del Iryo, al pasar sobre la soldadura defectuosa de la vía — que ya había dejado señales en las ruedas anteriores del tren, como reveló EL MUNDO y confirmó el ministro Óscar Puente — rompió finalmente el riel, desprendiendo el bogie, que impactó como un proyectil contra el Alvia.
Por tanto, y según esta hipótesis, además de las marcas longitudinales que el Alvia pudiera haber dejado en el Iryo, el choque principal habría sido entre este último y el bogie.
«Esa es otra posibilidad», afirma Martínez-Carrillo, «pero no se deben sacar conclusiones apresuradas hasta tener toda la información disponible, y aún falta tiempo«.
¿Cómo pudo el primer maquinista no percatarse de que otro tren impactaba contra el suyo? Esa es la interrogante, aún sin respuesta clara. En un contexto más amplio y con los audios en mano, una cuestión aún más sorprendente y urgente: ¿cómo es posible que el centro de control de pantallas de Atocha no detectara que el Alvia había «volado» y ya no se encontraba sobre la vía?

