Alain Santamaría, de operario de mantenimiento a corredor de montaña: solicita un salario mínimo de 16.000 €

Alain Santamaría. El corredor dejó su empleo en enero de 2024 para dedicarse por completo al trail, una aventura que lo llevó a convertirse en un referente internacional a costa de su propio bolsillo.

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Alain Santamaría es uno de los nombres más destacados del trail running español, bicampeón mundial en Desafío Urbión y una figura clave en la nueva generación de corredores de montaña.

A pesar de ese historial, su situación económica dista mucho de la imagen de atleta bien remunerado que suele asociarse con el deporte profesional. Su caso se ha convertido en un ejemplo de la precariedad dentro de un circuito que crece en notoriedad pero aún no garantiza remuneraciones dignas ni siquiera a sus mejores representantes.

En 2024, Santamaría abandonó su trabajo como operario de mantenimiento para dedicarse plenamente a las carreras de montaña, una decisión que él mismo definió como una «inversión» en su proyecto vital personal.

«Es una inversión en mí mismo, yo soy mi negocio, buscando el patrocinio que necesito», señaló en 2024 en una entrevista con El País, al recordar ese salto al vacío que le permitió enfocarse en entrenar y competir. Sin embargo, reconoce que este compromiso tiene un límite si no llegan los recursos económicos.

La frase que desencadenó el debate en el ámbito del trail fue también directa y firme: «No voy a continuar en el trail running si en 2025 no obtengo un salario digno. Actualmente, no alcanzo los 16.000 euros anuales que solicito como sueldo mínimo».

Alain Santamaria.

Alain Santamaria.

La cantidad que exige —15.876 euros anuales— no es una cifra caprichosa, sino el punto mínimo que él considera necesario para poder vivir de su deporte sin continuar «perdiendo dinero» año tras año.

«Yo soy mi negocio»

En un entorno donde muchos deportistas equilibran trabajos a tiempo completo con entrenamientos de alto nivel, Santamaría expresó una realidad que muchos prefieren callar: la lucha constante entre pasión y sostenibilidad.

«Es una inversión en mí, yo soy mi negocio», reiteró, subrayando que cada semana de concentración, cada desplazamiento para competir y cada sesión de entrenamiento representa horas que no factura en ninguna otra actividad.

Su salario actual ronda la mitad del salario mínimo, una situación que él mismo considera «un privilegio» en comparación con lo que ganan otros corredores españoles de su equipo. «Su sueldo, de aproximadamente la mitad del salario mínimo, es un privilegio respecto a lo que perciben otros atletas españoles de Salomon», señala el propio reportaje que puso en evidencia la precariedad del sector. 

El corredor riojano detallaba que puede permitirse «pérdidas económicas» solo hasta cierto momento: «Puedo seguir perdiendo dinero hasta este año. No obstante, si no recibo el salario mínimo, no continuaré en el trail».

Sus declaraciones funcionan a la vez como advertencia y ultimátum para un sistema que se nutre de su rendimiento deportivo sin garantizarle una estabilidad básica.

Tras el atleta que entrena con garrafas de agua o que logra victorias en verticales y maratones de montaña, hay un trabajador que establece un precio al tiempo, al esfuerzo y a los sacrificios realizados.

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