El modisto italiano dejó un patrimonio valorado entre 1.000 y 1.500 millones de dólares

El fallecimiento de Valentino Garavani, ocurrido el lunes 19 de enero en Roma a los 93 años, no solo representó una pérdida profunda para el mundo de la alta costura, sino que también generó numerosas preguntas sobre el destino de su considerable patrimonio. Retirado oficialmente desde 2007, el diseñador italiano edificó durante más de cinco décadas uno de los imperios creativos y económicos más destacados de la moda actual. Con su partida, la atención se centra en la compleja organización de su herencia.
Las valoraciones sobre la fortuna personal de Valentino fluctúan entre 1.000 y 1.500 millones de dólares, reflejando tanto el éxito de su marca como sus inversiones en bienes raíces y arte. Al no tener descendencia directa y ser hijo único, el modisto no dejó herederos legales, lo que abre la posibilidad a una distribución muy exclusiva entre aquellas personas y entidades que formaron parte de su círculo más cercano.
Entre los nombres clave para la gestión de su legado destacan Giancarlo Giammetti, su socio histórico, expareja y compañero inseparable durante décadas. Además, la Fundación Valentino Garavani, creada para conservar su legado cultural y artístico, figura como uno de los principales beneficiarios. No obstante, según El Español, existen dos figuras que han comenzado a captar atención internacional debido a su relación personal con el diseñador: los hermanos brasileños Sean y Anthony Souza.
Aunque poco conocidos en España, ambos fueron piezas esenciales en la esfera privada de Valentino. No solo fueron sus ahijados, sino que para el creador italiano representaban, en gran medida, los hijos que nunca tuvo. La relación con ellos fue constante y cercana desde su infancia, marcada por viajes, reuniones familiares y una convivencia frecuente en los entornos más exclusivos de la jet set global.

Quiénes son los brasileños
Sean y Anthony son hijos de Carlos “Cacá” Souza, una figura fundamental en la trayectoria personal y profesional de Valentino. Exmodelo, estilista y durante años embajador global de la firma, Souza mantuvo un vínculo sentimental con el diseñador en los setenta. Aunque dicha relación terminó, la conexión entre ambos se transformó en una amistad sólida, casi familiar, que perduró hasta el final. Junto a su esposa, la socialité brasileña Charlene Shorto, Carlos Souza conformó una familia profundamente integrada en el entorno del modisto.
La biografía de Carlos Souza parece sacada de una novela. Se encontró con Valentino siendo apenas un joven en los carnavales de Río de Janeiro, y ese encuentro casual cambió su destino para siempre. Invitado a Europa, comenzó una carrera como modelo en las grandes pasarelas y luego amplió su recorrido gracias a otro golpe de suerte: su encuentro con Andy Warhol en Nueva York, que le permitió acceder a la revista Interview. Multidisciplinario y cosmopolita, Souza terminó convirtiéndose en uno de los relaciones públicas más destacados de la moda.

Los hijos de esta historia crecieron rodeados de pasarelas, artistas, aristócratas y empresarios. Sin embargo, Sean y Anthony siempre optaron por la discreción. No mantienen perfiles públicos en redes sociales ni suelen dar entrevistas. No es necesario, ya que su posición social y sus conexiones hablan por sí mismas. Además, por parte materna, están emparentados con la familia Thyssen-Bornemisza, uno de los linajes más importantes de la aristocracia y el coleccionismo europeo. Son primos hermanos de Alexander Thyssen-Bornemisza, resultado del matrimonio entre el barón Hans Heinrich Thyssen y Liane Denise Shorto, tía materna de los hermanos Souza.
En lo que respecta a sus trayectorias personales, han seguido caminos distintos. Sean Souza ha mostrado interés por la moda, el bienestar y la espiritualidad. Formado en Europa, pasó una temporada en India profundizando en yoga y meditación. Actualmente mantiene una relación con la modelo brasileña Raica Oliveira y en julio de 2024 fue padre de dos gemelas, Dahlia y Zaya. Anthony, por su parte, desarrolló una carrera como DJ e ingeniero de sonido y tuvo un vínculo sentimental con la socialité hispano-libanesa Khalidia El Assir Fernández-Longoria.
Más allá de las personas, la herencia de Valentino abarca un impresionante inventario de propiedades: desde el castillo de Wideville, cercano a París, hasta residencias en Capri, Londres, Nueva York, Gstaad y un ático repleto de obras de Picasso. A ello se suma su icónico superyate TM Blue, valorado en más de 15 millones de euros, escenario habitual de veranos mediterráneos junto a amigos íntimos como Naty Abascal.

