Razones por las cuales la UE muestra cautela al enfrentar los servicios estadounidenses en disputas comerciales

The US posted a €148.0 billion trade surplus in services with the EU in 2024.

Mientras Washington reaviva las amenazas arancelarias, Europa contempla represalias. Afectar a los servicios estadounidenses dañaría más a EE.UU., aunque implica grandes riesgos.

Desde que las tensiones comerciales con EE.UU. se intensificaron el año pasado, la UE ha evitado consistentemente atacar los servicios estadounidenses, a pesar del considerable superávit comercial que registra EE.UU. en ese sector.

A medida que los líderes de la UE se preparan para reunirse el jueves por la noche para debatir su respuesta a las amenazas arancelarias del presidente Donald Trump en relación con Groenlandia, vuelve a surgir la pregunta: ¿por qué se excluyen los servicios?

Fuentes oficiales señalan que el paquete de contramedidas elaborado el año anterior, centrado en productos, ya se considera la primera línea de defensa en caso de que las amenazas estadounidenses se concreten. En cambio, actuar contra los servicios se percibe como un paso que podría provocar una escalada más severa.

Esta precaución persiste aunque EE.UU. registró un superávit comercial en servicios de 148.000 millones de euros con la UE en 2024, lo que indica que la represalia sobre sectores como los servicios financieros o las grandes tecnológicas sería mucho más perjudicial para Washington, que depende en gran medida del acceso a los 450 millones de consumidores europeos.

Durante una reunión de embajadores de la UE el domingo, Euronews supo que Francia, Alemania y España plantearon la opción de activar el instrumento anti-coerción de la UE, una herramienta inédita diseñada para contrarrestar presiones económicas externas.

Este recurso, considerado como medida extrema, permitiría a la UE restringir licencias para servicios estadounidenses o derechos de propiedad intelectual.

El año pasado, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, también propuso un impuesto sobre los ingresos de la publicidad digital en medio del anterior conflicto arancelario. Esta medida afectaría a gigantes tecnológicos como Meta, Google y Facebook, que obtienen la mayor parte de sus ingresos a través de la publicidad digital.

No obstante, atacar los servicios se considera mucho más riesgoso que sancionar los productos.

Dependencia europea de los servicios estadounidenses

“Castigar los servicios tiene un mayor potencial, pero es menos habitual que imponer aranceles a bienes, por lo que podría interpretarse como una escalada”, explicó a Euronews Varg Folkman, experto del European Policy Centre.

“Las compañías tecnológicas y financieras tienen un gran peso y acceso directo a Trump. Afectar a alguna de ellas representaría una medida drástica que generaría un gran revuelo.”

Funcionarios europeos temen además una guerra comercial a gran escala que acabaría elevando los precios para los consumidores europeos. Aumenta el riesgo la dependencia de Europa de empresas estadounidenses, ante la limitada disponibilidad de alternativas propias.

“Si se excluye a proveedores estadounidenses de servicios en la nube o bancarios, no existen necesariamente opciones europeas que puedan ocupar ese espacio,” señaló Folkman.

Gran parte de los servicios esenciales usados en la UE, como los sistemas de pago Visa y Mastercard, son estadounidenses. También lo son la mayoría de proveedores en la nube, dominados por Microsoft y Amazon Web Services.

Más allá de las herramientas defensivas comerciales, Bruselas cuenta con políticas de competencia y regulación digital. Normativas como el Digital Markets Act y el Digital Services Act facultan a la Comisión para imponer multas a grandes tecnológicas que restrinjan la competencia o no combatan contenido ilegal y desinformación.

“La UE podría endurecer las normas,” añadió Folkman. “Se sabe que la Comisión actualmente investiga X. Podrían acelerar ese proceso y actuar con mayor severidad. Bruselas tiene capacidad para hacer cumplir multas pendientes contra gigantes tecnológicos estadounidenses.”

Aun así, dado que Trump ya ha criticado duramente a los reguladores europeos por imponer normas tecnológicas, la Comisión insiste en que no discrimina a firmas estadounidenses, subrayando que su enfoque es imparcial y se aplica por igual a empresas de todas las naciones.

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