Ángela Fernández, psicóloga, объясняет: принятие человека таким, какой он есть, не равно терпению или смирению

La experta destaca la importancia de establecer límites como fundamento de una relación saludable

Ángela Fernández habla de poner

Aceptar a las personas tal como son suele considerarse algo positivo y necesario en cualquier vínculo. Con frecuencia se escucha que la clave para convivir en armonía es comprender las diferencias y no intentar modificarlas. Sin embargo, ¿qué sucede cuando esa aceptación se transforma en una carga, y uno empieza a sentirse incómodo o triste por soportar determinadas actitudes?

“Aceptar no implica ignorar lo que uno siente”, aclara la psicóloga Ángela Fernández. En ocasiones, para evitar conflictos o discusiones, las personas terminan callando y tolerando situaciones que realmente les molestan o dañan. Esta práctica, pese a parecer beneficiosa para la relación, puede llevar al olvido de uno mismo.

Con el paso del tiempo, ceder siempre y priorizar las necesidades ajenas puede generar efectos negativos. Algunas personas experimentan agotamiento, tristeza o la sensación de que sus propios sentimientos carecen de importancia. Por ello, Fernández invita a reflexionar sobre hasta qué punto la aceptación hacia los demás no se convierte en una especie de olvido de lo que cada uno también precisa.

El límite emocional no es sinónimo de egoísmo

En múltiples relaciones, una de las partes justifica ciertas conductas con frases del tipo: “es que yo soy así”. Ante esto, Fernández sostiene que la otra persona también tiene derecho a manifestar su respuesta: “y yo no puedo soportar eso”. No se trata de forzar un cambio en el otro, sino de reconocerse como individuo con necesidades y derechos propios.

Algunos comportamientos que manifestamos, pueden reflejar aspectos de nuestra personalidad según los psicólogos

Este principio es especialmente relevante en situaciones cotidianas. Por ejemplo, cuando alguien sostiene: “soy frío, así soy”, y su pareja o familiar se ve obligado a solicitar afecto de manera constante. Aquí, renunciar a expresar el propio malestar en nombre de la empatía se convierte en sacrificio, y ese sacrificio prolongado daña el equilibrio emocional.

Otro caso común es la dificultad para comunicar emociones. Fernández señala el desgaste que implica soportar ambos sentimientos cuando el otro se refugia en el “yo no hablo de mis emociones”. La psicóloga advierte: “Aceptar a una persona tal como es no significa soportar y tolerar aquello que causa daño. En ese punto, el cerebro confunde empatía con sacrificio, y amor con tolerancia ilimitada”.

Priorizarse a uno mismo y gestionar la culpa

Tomar la decisión de no adaptarse constantemente a las necesidades o límites emocionales de otros suele generar culpa. Fernández explica que, en realidad, ese sentimiento funciona como un mecanismo de autoprotección: “Elegirse a uno mismo puede sentirse a veces como culpa, pero en verdad no lo es, sino autoprotección”. Reconocer esto es fundamental para establecer fronteras saludables.

Ángela Fernández habla sobre poner

El problema surge cuando la relación se mantiene únicamente a costa del malestar de una de las partes. La psicóloga advierte que, en estos contextos, la persona termina adaptándose constantemente para no incomodar al otro y cargando con el peso emocional del vínculo. Lejos de ser solidaridad o amor, este patrón daña el bienestar personal.

Fernández enfatiza que el bienestar emocional requiere límites, no una adaptación perpetua. Priorizarse no equivale a rechazar al otro, sino a cuidar la propia salud mental y emocional. La capacidad de decir “basta” frente a lo que hiere, aunque sea difícil, es la base para relaciones con mayor equilibrio y salud.

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