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Información del artículo
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- Autor, Michael Marshall
- Título del autor, BBC Future
- 18 enero 2026, 15:29 GMTActualizado 30 minutos
- Tiempo de lectura: 8 min
Conforme aumenta el uso global de electricidad renovable, superando por primera vez al carbón, se intensifica también la necesidad de almacenar esa energía para los momentos sin sol ni viento.
Mientras algunas personas optan por baterías de litio de gran capacidad y otras por centrales de bombeo hidroeléctrico, una industria emergente está convencida de que hay una alternativa superior: baterías que emplean aire.
A las afueras del pueblo de Carrington, en el noroeste de Inglaterra, se están edificando los cimientos para la primera planta comercial del mundo que usa aire líquido para almacenar energía.
Este complejo integrará equipos industriales y varios tanques grandes, conteniendo aire comprimido y enfriado hasta su licuación, utilizando el exceso de energía renovable para luego suplir la demanda.
La energía alojada podrá liberarse posteriormente cuando la demanda supere la producción.

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En caso de que esta iniciativa prospere, otras podrían replicarla. Sus impulsores, Highview Power, confían en que el almacenamiento vía aire líquido posibilitará el reemplazo de combustibles fósiles por energías renovables limpias, aunque hoy la tecnología aún resulta cara.
No obstante, conforme la necesidad de conservar energía limpia crece, apuestan a que la balanza se decantará hacia el aire líquido.
El problema de la intermitencia
El cambio a energías renovables es clave para que el planeta reduzca gases de efecto invernadero y evite las consecuencias más graves del cambio climático. Sin embargo, representa retos para las redes eléctricas.
Las centrales que queman combustibles fósiles, como carbón y gas, pueden encenderse y apagarse a voluntad, proporcionando electricidad predecible y ajustándose a la demanda.
Por el contrario, las energías renovables son intermitentes, lo que implica que a veces la generación es insuficiente, aumentando el riesgo de apagones, mientras que en otros momentos, como en jornadas ventosas, se produce un exceso que podría dañar la red.
Una solución clave consiste en almacenar el exceso de energía y liberarlo cuando haga falta. Esto asegura un suministro constante y reduce el riesgo de daños en la red.
Con el aumento del uso de renovables, resulta crucial desarrollar capacidades de almacenamiento a escala de red, sostiene Shaylin Cetegen, ingeniera química del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), especialista en sistemas de almacenamiento energético.

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Durante años, la principal manera de almacenar energía fue el bombeo hidroeléctrico. El excedente energético se usa para bombear agua hacia zonas elevadas donde se guarda detrás de presas.
Cuando se requiere energía, el agua desciende a través de turbinas, transformándose en electricidad. En 2021, la capacidad mundial de bombeo hidroeléctrico alcanzaba 160 gigavatios.
Más tarde, al aumentar la demanda de almacenamiento, surgieron sistemas de baterías de gran escala.
Este desarrollo avanza con rapidez. La Agencia Internacional de la Energía señala que la capacidad de almacenamiento por baterías a nivel de red creció de 1 GW en 2013 a más de 85 GW en 2023, agregando en ese año más de 40 GW.
El almacenamiento mediante aire líquido, en cambio, es una tecnología relativamente reciente. Su concepto básico data de 1977, pero solo ha ganado atención significativa en este siglo.
La solución de aire líquido
El método consta de tres fases principales. Primero, se extrae aire del ambiente y se purifica. Segundo, se comprime reiteradamente hasta alcanzar una presión muy alta. Tercero, se enfría para licuarse, mediante un intercambiador de calor multicanal: un dispositivo con múltiples canales y tubos que transportan fluidos a distintas temperaturas, facilitando un controlado intercambio térmico entre ellos.
“La energía que tomamos de la red impulsa este proceso de carga”, aclara Cetegen.
Cuando la red requiere más energía, se usa el aire licuado almacenado. Se extrae, evapora, regresando a su forma gaseosa, y se emplea para mover turbinas que generan electricidad para la red. Posteriormente, el aire se expulsa a la atmósfera.
Se aplican ingeniosas técnicas para conservar energía durante el ciclo; por ejemplo, el calor generado al comprimir aire a alta presión se recupera.

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Ese calor puede utilizarse para ayudar a recuperar el estado líquido del aire en la segunda etapa. “Sin estos ciclos de recuperación térmica, la eficiencia ronda el 50%; al aplicarlos, podemos superar el 60% y acercarnos al 70%”, indica Cetegen.
El desafío radica en implementar suficiente capacidad de almacenamiento mediante aire líquido para acelerar la transición energética.
Una solución provisional a escala de red
La planta de Manchester es la primera iniciativa comercial de esta escala en el mundo, construida por Highview Power, empresa que lleva dos décadas desarrollando almacenamiento energético basado en aire líquido.
Sigue la línea de una planta piloto en Pilsbury, localidad cercana. La planta de Carrington tendrá una capacidad de almacenamiento de 300 megavatios-hora, suficiente para cubrir un corto apagón en hasta 480.000 hogares.
Se pondrá en marcha en dos fases, detalla el director ejecutivo Richard Butland.
En agosto de 2026, la turbina iniciará operaciones, sin generar electricidad, pero ayudando a estabilizar la red.
Actualmente, los operadores dependen a veces de centrales de gas para estabilizar la red, lo que “genera un costo enorme para el sistema”, señala Butland, quien indica que esta opción alternativa puede evitar ese gasto.

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El sistema de almacenamiento mediante aire líquido debe comenzar a operar en 2027. Highview planea obtener ingresos al vender electricidad en períodos de mayor demanda.
Aunque el almacenamiento de energía es imprescindible, su rentabilidad económica sigue siendo compleja, comenta Cetegen.
En un estudio de marzo, ella y su equipo analizaron la viabilidad de esta tecnología en 18 regiones de EE.UU.
Evaluaron ocho escenarios diferentes de descarbonización, con diversos niveles de adopción de renovables, y calcularon la rentabilidad durante un período de 40 años mediante la compra y venta de electricidad.
Florida y Texas
En el escenario más ambicioso, el almacenamiento por aire líquido fue rentable en Florida y Texas, pero no en otras regiones.
“No observamos sistemas económicamente viables en el resto de los escenarios”, señala Cetegen.
Aunque podría interpretarse como un resultado negativo, Cetegen aclara que no implica que esta tecnología sea inapropiada.
Primero, sus parámetros fueron conservadores, y además, revelaron que otras tecnologías de almacenamiento, como el bombeo hidroeléctrico y baterías, resultaron aún menos rentables.
El gran inconveniente fue que las instalaciones obtenían pocos beneficios al inicio debido a la insuficiente penetración de renovables en la red que generara volatilidad en los precios.
“El sistema se usaba poco en los primeros años del modelo”, comenta.

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Cetegen resalta otro argumento a favor del aire líquido: su bajo costo.
Las tecnologías de almacenamiento se evalúan mediante el “costo nivelado de almacenamiento”, que estima el gasto por unidad de energía almacenada durante la vida útil del proyecto.
En el caso del aire líquido, este costo es tan bajo como 45 dólares por megavatio-hora, frente a 120 dólares para el bombeo hidroeléctrico y 175 dólares para baterías de litio.
“Aunque ninguno de estos métodos es rentable actualmente sin subsidios, el almacenamiento por aire líquido destaca como una opción particularmente económica para almacenamiento masivo”, subraya Cetegen.
Finalmente, Butland anticipa que las redes eléctricas combinarán diversas tecnologías de almacenamiento. El bombeo hidroeléctrico es altamente eficiente y duradero, pero depende de la geografía y disponibilidad de agua.
Las baterías, por su parte, son eficientes y pueden instalarse fácilmente, aunque requieren recambios cada 10 años aproximadamente. El aire líquido permite guardar energía más tiempo que las baterías, con pérdidas mínimas.
Mientras un país avanza hacia la energía limpia, su red eléctrica debe adaptarse. “Estamos reconstruyendo redes globales basadas en la nueva generación”, concluye Butland, anticipando que esto implicará mucho almacenamiento por aire líquido.

