El madrileño, a punto de iniciar su segundo año con Williams, compartió hace unos meses ciertas claves sobre la gestión de su patrimonio.
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Cuando Carlos Sainz Jr. explicó hace tres meses cómo administra parte de sus ingresos en la Fórmula 1, no mencionó fondos indexados, propiedades ni start-ups tecnológicas. Su respuesta estuvo alineada con el emblema que portó en su traje durante varios años: Ferraris.
El piloto madrileño reveló en una entrevista para El Partidazo de COPE que una fracción de su capital no descansa «dormida» en la cuenta bancaria, sino que la convierte en superdeportivos de edición limitada, un tipo de activo que ve tanto como pasión como resguardo ante el paso del tiempo.
Sainz Jr. puntualizó que no se trata únicamente de gustos personales, sino de una estrategia consciente tras escuchar recomendaciones de personas de confianza.
«Me dijeron que era una inversión sólida, especialmente las ediciones limitadas de Ferrari, que incrementan su valor notablemente. Así que, en lugar de dejar el dinero en el banco, prefiero reservar parte en coches de colección que, con el tiempo, espero que generen una ganancia», indicó.
Actualmente, esa política se traduce en un pequeño «garaje-cartera»: Sainz admite que cuenta con cuatro Ferraris de serie limitada y tiene un quinto solicitado. «Dispongo de cuatro Ferraris de edición limitada y he pedido otro», resumió.
Carlos Sainz Jr. en el paddock de la Fórmula 1 Europa Press
De este modo, su colección incluye modelos con producción limitada y gran demanda internacional, justo el tipo de activo que suele atraer a coleccionistas dispuestos a pagar un sobreprecio por su exclusividad.
La lógica financiera detrás de esta decisión la explicó él mismo de forma sencilla. «El dinero depositado en una cuenta pierde valor con el paso del tiempo, mientras que ciertos coches mantienen o incluso aumentan su valor», razonó.
Es la adaptación al sector automotor de una idea básica difundida por analistas y asesores: la inflación deteriora el efectivo si no se hace trabajar. En su caso, lo que impulsa ese “trabajo” es una combinación de chasis numerados, tiradas limitadas y listas de espera globales.
Esta faceta como «activo financiero» también requiere administrar el uso del coche como si fuera una hoja de cálculo y no un simple objeto de diversión. Sainz reconoce que solo uno de sus Ferrari tiene un uso realmente regular; el resto se utiliza poco.
«Los otros Ferraris prácticamente no los conduzco», admitió, consciente de que los kilómetros recorridos se traducen en una depreciación directa para una posible reventa futura. El mensaje está claro: cuanto más se asemejen a una pieza de arte sobre ruedas, mejor para el balance.
El contexto hace que esta táctica sea más entendible. Según fuentes internacionales, el patrimonio de Sainz se encuentra en el rango de las decenas de millones de dólares, sostenido por sus contratos en Fórmula 1 y una cartera creciente de patrocinadores globales.
Para un deportista con ese nivel de ingresos, destinar una parte a activos poco líquidos pero tangibles se alinea con una tendencia que también se observa en otros pilotos y futbolistas de élite: diversificar fuera de los mercados financieros tradicionales hacia objetos de colección con mercado secundario sólido.
Con solo 31 años y comenzando su segunda temporada en Williams, Sainz proyecta así una imagen dual: continúa como piloto que ofrece velocidad en la pista los domingos, pero también como inversor que reserva valor en un garaje muy selecto.

