El canario descubrió en la comercialización de material deportivo en su región una fuente importante de ingresos para aumentar su patrimonio.
Más información: Pol Martín Tiffon (26), tenista, sobre los gastos de un jugador: «Entre 25.000, pensando en la cifra más baja, y 40 o 50.000 euros»
Juan Espino, referencia destacada de las artes marciales mixtas en España, es mucho más que «El Guapo» —su apodo—, el luchador canario que consiguió pelear en la UFC tras una trayectoria deportiva iniciada en la lucha canaria y pasando por experiencias tan singulares como el kabaddi en Londres.
Su recorrido está lleno de logros, pero también de sacrificios, y él mismo utiliza el dinero como hilo conductor para ilustrar el coste real de su carrera.
«He ganado dinero, aunque sacrificando otros ámbitos de mi vida». Esta frase sintetiza el coste que afronta un deportista que ha atravesado etapas, traslados internacionales y lesiones para mantenerse en la élite.
Espino comentó que tuvo «buenos pagos, pero perdí ingresos significativos por mi vínculo con Gran Canaria y el club Almogarén», reconociendo que su lealtad a la isla implicó renunciar a contratos más lucrativos en otros sitios.
Durante la llamada «época dorada» de la lucha canaria, el propio Espino señala que «la lucha canaria genera ingresos, especialmente los puntales A. Hablamos de sueldos que actualmente rondan los 50, 60 o 80.000 euros, aunque en ocasiones superaban los 100.000».
Juan Espino, exluchador de la UFC.
Formaba parte del grupo de luchadores con los mejores contratos, sin embargo, decidió percibir menos para competir en Gran Canaria, aceptando conscientemente esa reducción salarial.
La dimensión económica de su trayectoria también se manifiesta en sus incursiones en Londres, donde participaba en eventos organizados por la comunidad hindú: «En una ocasión me comentaron que pagaban muy bien esos combates. Y era cierto. Tanto, que sacrificaba tiempo para tomar el primer vuelo a Londres el sábado, tras pelear en Canarias el viernes; pasaba la noche allí, competía el domingo y regresaba el lunes a Gran Canaria».
La venta del material deportivo
Este ritmo frenético de viajes, justificado solo por los honorarios, demuestra la influencia que tiene el dinero en la agenda de un luchador.
Allí encontró también un método para incrementar sus ingresos: «Recuerdo que me pagaban en libras y yo, con sentido comercial, iba a una tienda de material deportivo, compraba guantes, canilleras y otros artículos, los traía a Gran Canaria y los vendía. De esta forma, además de cambiar libras a euros, ganaba un dinero extra«.
Su salto hacia la MMA y UFC llegó después de vender sus gimnasios y mudarse a Estados Unidos «sin sueldo», financiándose con el dinero obtenido por esa venta.
El punto económico decisivo fue el reality The Ultimate Fighter 28: «Gracias a ganar ese programa televisivo, pude firmar un contrato de seis cifras, aunque mi caso no es representativo del panorama general».
Espino compara su situación con la de las grandes figuras del deporte: «Es cierto que McGregor gana millones, pero solo hay un Conor McGregor. Me atrevería a decir que él dispone de lo mismo que reciben juntos todos los demás luchadores de MMA».
La gestión de su patrimonio
El canario también destaca la importancia de la imagen y los patrocinios: «La publicidad constituye para los deportistas una suma relevante de ingresos adicionales. En ciertos casos, puede duplicar o triplicar lo que reciben por parte de los clubes. Se trata de cifras millonarias, dependiendo de la proyección y la popularidad del atleta».
No obstante, advierte sobre los riesgos: «¿Cuántos deportistas se han arruinado al involucrarse en negocios? ¡Muchos! Yo mismo tomé decisiones erróneas que me hicieron perder dinero».
Por eso insiste en moderar las expectativas económicas de los jóvenes: «De verdad, ganar 2.000 o 3.000 euros con una actividad deportiva es un gran logro, pero se ha extendido la idea de que uno no vale si no genera una fortuna».
En la voz de Juan Espino, las cifras dejan de ser solo indicadores de éxito para transformarse en una advertencia sobre el coste, los sacrificios y la fragilidad financiera que existen detrás de una carrera en los combates.

