A pocos metros de una de las playas más famosas de España se encuentra un rincón casi virgen, donde la naturaleza marca el compás y el silencio forma parte del entorno
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En el extremo norte de una de las islas más valoradas del Mediterráneo se halla un lugar que mantiene una imagen casi intacta, alejado del turismo masivo y del ritmo vertiginoso del verano balear. Muy cerca de una de las playas más fotografiadas de España, esta zona aislada destaca por su arena blanca, sus aguas de tonos turquesa y una atmósfera de tranquilidad difícil de hallar en destinos consagrados. Su estatus protegido y el acceso restringido han sido fundamentales para conservar un paisaje que muchos equiparan con parajes caribeños.
Este entorno natural es Espalmador, un islote ubicado al norte de Formentera, integrado en el Parque Natural de Ses Salines de Ibiza y Formentera. Desde la lengua de arena de Es Trucadors, en Ses Illetes, su silueta puede apreciarse claramente, separada por un estrecho canal de aguas transparentes que puede engañar. Aunque la distancia es corta, está terminantemente prohibido cruzar a pie o nadando por las fuertes corrientes. El acceso solo se permite por vía marítima, mediante embarcaciones privadas o excursiones organizadas, una medida concebida para reducir la presión turística y salvaguardar este frágil entorno.
Un islote protegido donde reina la naturaleza
Aunque Espalmador es una isla privada, su disfrute es público y carece de instalaciones turísticas. No existen chiringuitos ni construcciones, salvo un faro, una pequeña capilla y una torre defensiva del siglo XVIII. Esta ausencia de edificaciones ha posibilitado la conservación de una biodiversidad relevante, particularmente de aves marinas que hallan refugio en zonas interiores como la laguna de Bassa de s’Espalmador. Durante años, este sitio fue conocido por los baños de barro, una práctica hoy prohibida por su impacto ambiental y los riesgos asociados a las aguas estancadas.
Con una extensión aproximada de dos kilómetros cuadrados, la isla cuenta con tres playas principales: Cala Bosch, Sa Torreta y la reconocida playa de S’Alga. Esta última, situada en la costa occidental, se distingue por su forma de media luna, sus dunas bien conservadas y la presencia de sabinas prácticamente a orillas del mar. Sus aguas calmadas y claras la convierten en una de las playas más valoradas en el entorno de Formentera. Más allá del baño, recorrer la isla a pie por senderos señalizados permite descubrir suaves acantilados, pequeños islotes cercanos y una panorámica mediterránea que reafirma la sensación de estar ante uno de los últimos paraísos deshabitados de Baleares.
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En el extremo norte de una de las islas más valoradas del Mediterráneo se halla un lugar que mantiene una imagen casi intacta, alejado del turismo masivo y del ritmo vertiginoso del verano balear. Muy cerca de una de las playas más fotografiadas de España, esta zona aislada destaca por su arena blanca, sus aguas de tonos turquesa y una atmósfera de tranquilidad difícil de hallar en destinos consagrados. Su estatus protegido y el acceso restringido han sido fundamentales para conservar un paisaje que muchos equiparan con parajes caribeños.

